El fútbol infantil, de nuevo herido por la violencia

Edición Impresa

Una vez más un partido de fútbol infantil disputado en la Región, entre chicos de 11 años de edad, se vio degradado por otro hecho de violencia inexplicable, con un brutal ataque físico contra un padre que terminó inconsciente y ensangrentado en el predio mientras su esposa y sus hijos presenciaban la secuencia.

Tal como se detalló en EL DIA el hecho ocurrió anteayer por la tarde en el Club 12 de Septiembre, ubicado en 122 entre 59 y 60 de Berisso, durante una jornada de la Liga Infantil de Fútbol Platense (LISFI), donde jugaban la categoría 2015 de Ateneo Popular y el equipo local. El agresor principal desapareció del lugar. Aún no se informó de detenidos.

Según la denuncia presentada por la esposa de la víctima, todo comenzó durante una jugada polémica. En ese contexto, uno de los padres del club local habría comenzado a insultar a los chicos de Ateneo Popular, todos menores de edad. De acuerdo a su relato, su marido se acercó a dialogar con autoridades del club anfitrión, pero en ese momento fue sorprendido por detrás por uno de los agresores. “Le dio una patada a la altura del rostro y cayó inconsciente”, declaró la mujer ante las autoridades. Lo que siguió, según describió, fue una golpiza masiva. “Lo vi tirado, totalmente desvanecido. Tenía sangre en la boca, en la cabeza y estaba orinándose. Pensé que se moría. Le pegaron entre varios”, sostuvo en su denuncia.

Lo cierto es que frente a una seguidilla de hechos similares, los dirigentes a cargo de la liga del fútbol infantil y de los clubes afiliados, así como también los padres y responsables, debieran preguntarse si tienen en claro para que existe el deporte: si es para recrear, contener y educar a las generaciones jóvenes o, si lo que procuran, es exacerbar la competencia para producir futuros Maradona o Messi.

Está claro que debiera hablarse de un juego sin presiones, sin violencias físicas o verbales. No de una batallas para ganar a cualquier precio.

Y tal como lo destacan tantos lectores de este diario, también debieran repensar si es conveniente que a esas edades tan temprana los chicos jueguen para llegar a lo más alto de una tabla de posiciones o para entretenerse. Un chico de 11 años de edad no merece que le recomienden que haga trampas, que agreda, que simule faltas del contrario. Los árbitros tampoco debieran ser blancos de improperios y de agresiones físicas, tal como ocurre.

Es responsabilidad indelegable de los dirigentes de la Liga, de los entrenadores y de los padres y adultos que acuden a las canchas tener en claro si lo que se busca es una debida formación y contención de los chicos, o que ganen partidos a cualquier costo.

La Liga debiera tener en claro cuál es su objetivo y expulsar de sus cuadros a todos los violentos.

 

Las noticias locales nunca fueron tan importantes
SUSCRIBITE