La pareja que se sigue eligiendo todos los días, 65 años después del altar

A los 91 años, Sofía Mazano y Manuel Enrique García siguen festejando el flechazo en diagonal 80 y la cita en la misa

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Sofía Massano y Manuel Enrique García celebraron el 29 de abril nada menos que 65 años de casados, una historia que comenzó en 1961 y que hoy, a sus 91 años, continúa siendo testimonio de amor, compañerismo y compromiso.

En un festejo íntimo, en su casa de Tolosa, junto a la familia que formaron, repasaron el camino construido a lo largo de más de seis décadas. Juntos atravesaron el trabajo, las pérdidas y los desafíos de la vida, formando un hogar basado en el esfuerzo, la dedicación y el acompañamiento mutuo. Así, celebraron no sólo un aniversario, sino una vida entera construida de la mano.

Ambos nacieron en 1935. Sofía en Santa Rosa, La Pampa, y Manuel en La Paz, Entre Ríos. Desde chicos vivieron varias mudanzas: ella recorrió distintas provincias por la actividad de su padre hasta radicarse en La Plata, mientras que Manuel se fue de joven a Buenos Aires, donde trabajó en la Embajada de Brasil.

Con el tiempo, Manuel también se instaló en la Ciudad, ingresó al Ministerio de Justicia y desarrolló su carrera en el Servicio Penitenciario Bonaerense, lo que implicó traslados constantes a distintos lugares. Sofía, en cambio, comenzó a estudiar Derecho en la Universidad Nacional de La Plata y trabajó como docente, hasta que eligió dedicarse al hogar y a la crianza de sus hijas.

Fue justamente en esta Ciudad donde sus caminos se cruzaron y ese encuentro marcó el comienzo de una historia que continúa hasta hoy.

Por entonces, tenían poco más de 20 años. El flechazo fue en Diagonal 80 y 46, cuando Sofía salía de la facultad con una compañera y Manuel caminaba con un amigo, quienes al verlas no dudaron en sacarles conversación.

Ese mismo día, Manuel la acompañó en colectivo hasta la casa quinta “El Jagüel”, en la zona de 44 y 145, donde Sofía pasó su infancia junto a su familia. Antes de despedirse, acordaron volver a verse a los dos días, cuando ella fuera a misa. Así fue: él llegó primero en su moto y, a la salida, la invitó a dar una vuelta antes de llevarla de regreso.

Desde entonces, comenzaron a verse cada vez más seguido. Entre encuentros en “El Jagüel” y las salidas por la Ciudad, compartieron momentos que dieron inicio al noviazgo. Con el paso del tiempo, como era costumbre en aquella época, Manuel pidió la mano de Sofía a su padre. A los 26, se casaron en la Basílica San Ponciano y comenzaron su vida juntos con una luna de miel en Tandil, que dio origen a una unión para toda la vida.

Una vida, siempre juntos

La relación se mantuvo a lo largo del tiempo con amor, paciencia y compañerismo. Como toda pareja, tuvieron discusiones y momentos difíciles, muchas veces por cuestiones laborales, otras por los desafíos de la vida misma, pero siempre prevalecieron el cuidado y el respeto mutuo. Él fue siempre atento y protector, mientras que ella se levantaba temprano para preparar el mate y el desayuno, una costumbre que aún hoy realiza todas las mañanas.

Si bien conservan los mejores recuerdos, también atravesaron momentos difíciles que lograron superar con paciencia y resiliencia. Antes del nacimiento de sus hijas sufrieron la pérdida de varios embarazos, en una época con recursos médicos más limitados, lo que se convirtió en una experiencia dolorosa que marcó profundamente sus vidas.

Sin embargo, poco a poco, lograron salir adelante y formar la familia que tanto deseaban: primero nació María de los Ángeles, hoy martillera, y luego Carolina, que es licenciada en Psicología. Años más tarde llegaron sus nietas, Milagros y Constanza, quienes siguen los pasos familiares en la Universidad Nacional de La Plata.

Cada aniversario fue y sigue siendo un momento especial. Este año el festejo fue íntimo y en familia, a diferencia de cuando cumplieron los 60 años de casados, ocasión en la que se organizó una gran reunión.

Sin embargo, hay una tradición que se repite en cada celebración y que Manuel elige desde hace varios años: las delicias de la panadería La Piedad, con masas y catering que nunca pueden faltar en los encuentros importantes.

En esta reunión íntima hubo torta, flores, regalos sencillos y solo la presencia de hijas, nietas y yernos. Fue un encuentro cálido y cargado de significado, porque más allá de la fiesta, lo valioso fue levantar la copa por los 65 años de transitar juntos el mismo camino.

 

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