“Ojos extraños”: un misterio en medio del capitalismo de vigilancia
Edición Impresa | 8 de Mayo de 2026 | 03:15
Pedro Garay
pgaray@eldia.com
El espectador es un voyeur: ya lo sabía Hitchcock, que hizo una de sus obras maestras, “La ventana indiscreta”, a partir de esa perversa idea. Claro, Hitchcock habitaba otro mundo: en esta era, todos son voyeurs, mirando al otro a través de sus redes sociales, siendo vistos, siendo filmados y registrados en cada paso que dan en sus celulares. El singapurés Yeo Siew Hua partió de Hitchcock para escribir “Ojos extraños”, una película sobre miradas, voyeurismo y vigilancia para este siglo XXI, que tras debutar en el Festival de Venecia y proyectarse en el Bafici, se estrenó ayer en la porteña Sala Lugones, donde se verá hasta el 14 de mayo.
“Ojos extraños” comienza como una película de suspenso. La hija de una joven pareja ha desaparecido, y en medio de la búsqueda comienzan a llegar DVDs a su departamento: alguien ha estado filmando cada uno de sus movimientos. La película muta entonces de un thriller a un drama sobre la familia y la paternidad, a medida que esas imágenes de la cotidianeidad de la pareja revela secretos, mentiras, sentimientos íntimos, una distancia.
“Una vez vi a un hombre en un parque. Era algo mayor, no particularmente llamativo. Mientras lo observaba, comencé a inventarle una historia. Más tarde me di cuenta de que estaba proyectando en él mis propias aspiraciones. Incluso pensé que tal vez ese hombre era yo. Debo haber sentido cierto placer al hacerlo en secreto. Luego noté las cámaras de vigilancia a mi alrededor. Había estado siendo observado todo el tiempo. Siempre hay alguien mirando”, explica el cineasta sobre el origen de la película. ¿Qué vemos cuando miramos a otro? ¿Qué proyectamos ante la mirada ajena? ¿Qué escondemos? La película se hace estas preguntas a través de personajes que son observados y observan, pero que parecen cada vez más solos, más lejos los unos de los otros.
En diálogo con EL DIA, el realizador asiático cuenta que en ese sentido “mis proyectos siempre empiezan en mi entorno inmediato: en este caso, Singapur. La película surgió como una respuesta a una ciudad que es muy vigilada, a través de la tecnología, con cámaras por todos lados, y esa ciudad es muy densa, es un lugar muy pequeño pero con mucha gente, así que todos viven en estos edificios de gran altura que se ven en la película. Viviendo como vivo yo en un departamento en esos edificios, siempre puedo ver a los vecinos, y los vecinos pueden verme a mí, conozco sus rutinas como ellos conocen las mías… Y no es solo que yo miro a mi vecino, es también la vigilancia de la ciudad que me mira a mí y mira a mi vecino: me pareció una cadena muy interesante de miradas. Y esa fue la motivación inicial de la película”.
Pero mientras Yeo Siew Hua escribía la película, empezó a entretejer “temas de familia y paternidad en esta época actual: es cada vez más estresante ser padre, un buen padre, porque mientras más informaciones recibimos online más sentimos que no somos lo suficientemente buenos como padre. Los padres de hoy sufren un tipo de ansiedad distinta”.
El realizador de “Una tierra imaginada” (su primera película, un neo noir que puede verse en Netflix y conquistó Locarno) pensaba en su propia familia y su relación con los lazos familiares: vive medio año en Argentina, en Buenos Aires: está casado con Cecilia Kang, la directora de “Partió de mí un barco llevándome”, y se mudó a Buenos Aires en la pandemia, para estar juntos, pero vuelve cada año a Singapur a trabajar en sus proyectos.
- Partís del thriller, del cine de género, como en tu anterior película, aunque luego la película da un giro hacia otro lugar. ¿Por qué te interesa usar el cine de género como punto de partida?
- Me encanta el cine de género, en particular el cine negro, que fue el género que Hollywood utilizó siempre para preguntarse sobre preocupaciones sociales. Así que tomé prestada esa idea, porque además lo que es interesante de este cine de investigaciones es que involucra a la audiencia en las interrogantes que plantea la película, los espectadores se ponen en el lugar de los personajes para saber más, para saber la verdad.
- Leí que la película fue concebida en realidad hace una década, así que atravesó la pandemia: ¿ese momento, en el que desarrollamos una relación muy particular con las cámaras, los vecinos, la vigilancia, cambió la película?
- Sí, esta película se escribió hace casi 11 años, incluso antes de “Una tierra imaginada”. De hecho, no conseguimos el financiamiento para esta película, así que la guardamos en un cajón y me concentré en lo que sería “Una tierra imaginada”. Cuando le fue bien, eso ayudó a atraer financiamiento para este proyecto. En el medio, algo muy interesante había pasado: la pandemia repercutió mucho en cómo vemos y entendemos la vigilancia. Antes de la pandemia todavía nos preocupaba mucho más nuestra privacidad, nos preocupaba mucho la invasión de las tecnologías de vigilancia en nuestra vida, al menos en Singapur, en Asia. Pero en la pandemia, este discurso alrededor de la privacidad viró: de repente, es importante que nos vigilemos a nosotros mismos, que le digamos a la gente dónde estamos, tenemos estas apps que dicen con quién estuvimos en contacto… Es casi como si la autovigilancia se hubiera convertido en una responsabilidad moral. Vivimos en un tiempo donde habitamos un espacio junto a la vigilancia masiva, y ya no vamos a volver a tiempos prepandémicos. Así que reescribí bastante el guion, en relación a esta nueva relación con la tecnología.
- También cambió la forma en que nos relacionamos en esos años, y hoy en día muchos hablan de la epidemia de la soledad: ¿“Ojos extraños” es también es una película sobre la soledad, en tiempos donde a pesar de todas estas tecnologías, de todas estas manera de comunicarse, la gente se siente más sola que nunca?
- Cuando reescribí el guion en esos años, el sentimiento de soledad era muy fuerte, todo el mundo estaba encerrado en su casa. Y después de esos años, quedamos más dependientes de las redes para relacionarnos. Nos da la impresión de que estamos más conectados a través de la tecnología, pero a la vez ¿por qué nos sentimos cada vez más alienados? Esa idea de que mientras más conectados estamos a través de la tecnología más solos nos sentimos fue una parte muy importante a la hora de construir los personajes de la película.
“El cine para mí es un medio para preguntarme cosas: no pretendo tener grandes soluciones para estas preguntas contemporáneas”
- Te preguntabas por qué nos sentimos cada vez más alienados estando cada vez más conectados, pero la película no responde a esa pregunta, ni a otras que plantea. Solo las plantea: ¿el cine es para vos un lugar para explorar estas interrogantes?
- Sin dudas. El cine para mí es un medio para preguntarme cosas, para hacerme las preguntas correctas. No pretendo tener grandes soluciones para estas preguntas contemporáneas. Pero quizás haciendo las preguntas correctas podemos profundizar en estas cosas un poco más. Avanzamos hacia una era sin precedentes, nunca estuvimos tan conectados a través de la tecnología, nunca miramos a tanta gente ni tanta gente nos miró, a través de las redes sociales… Este ser visto y mirar a otros es muy intensa, y estamos entrando a esta era a ciegas: ¿qué nos está haciendo como humanos, qué nos está haciendo como civilización? Yo uso el cine para hacer estas preguntas.
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