“Laberinto Borges”: viaje al corazón del caos

La obra escrita y dirigida por Gastón Figueiredo Cabanas, atravesada por el universo del escritor, se estrena mañana

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Hay obras que nacen de una historia y otras que nacen de una pregunta. “Laberinto Borges”, la nueva producción de Compañía Terrestre, parece surgir justamente de ahí: de una incomodidad. De una sensación de caos.

La obra se estrenará este sábado a las 21 en Dynamo, en 17 y 68, y marca la cuarta producción del grupo. La idea original apareció a partir de una propuesta del actor Francisco Mendieta, mientras que la dramaturgia y la dirección estuvieron a cargo de Gastón Figueiredo Cabanas, quien tomó el universo de Jorge Luis Borges como punto de partida para construir una puesta atravesada por la justicia, la soledad y la inconformidad humana.

En escena aparece Juan Krakovich, un juez penal que, meses antes del estallido social de 2001, cree advertir que algo terrible está por suceder en la Argentina. Angustiado, decide abandonar la ciudad y viajar a “La Eterna”, una estancia familiar perdida en el sur bonaerense. Pero el intento de refugio rápidamente se vuelve otra cosa: un territorio extraño, alterado, donde tampoco parece posible encontrar orden.

“Nos fuimos dando cuenta de que teníamos que encontrar más que una historia que contar un gran conflicto”, explicó, en diálogo con EL DIA, Figueiredo Cabanas sobre el proceso creativo de este proyecto independiente que encontró cobijo en el espacio de Estanislao Pedernera. Y agregó una idea que funciona casi como manifiesto artístico: “Creemos que el teatro no cuenta una historia, sino que destraba un gran conflicto”.

A partir de esa búsqueda comenzaron a aparecer los textos de Borges y las referencias hacia su obra. Primero, desde una lectura amplia; después, desde una selección más precisa alrededor de ciertos temas: “el hombre y su inconformidad con el mundo, el hombre y el partir”. Allí emergió “El Sur”, uno de sus cuentos más emblemáticos, y luego otro texto fundamental para la obra: “El gaucho insufrible”, de Roberto Bolaño.

Entre Borges y Bolaño empezó a construirse la tensión que sostiene la puesta. “Ahí se generó entre esos dos polos la electricidad por donde fluir”, contó el director. Incluso recordó un momento casi revelador durante el proceso de escritura: mientras leía a Bolaño encontró un viejo papel con una anotación propia que decía: “La pampa es un desierto. Borges nos enseñó que un desierto también es un laberinto”.

La frase terminó funcionando como una especie de brújula poética para la obra.

En el laberinto

Aunque el título remite de inmediato a Borges, “Laberinto Borges” no busca adaptar un cuento puntual ni reproducir literalmente su universo. Lo que aparece en escena son climas, ideas, símbolos y preguntas profundamente borgeanas: el caos, la búsqueda de sentido, los dobles, la memoria, la justicia y el laberinto como forma de existencia.

Ese laberinto, según Figueiredo Cabanas, fue pensado desde la idea de “puerta”. “Un libro también es una puerta”, dijo. Y así, la obra abre distintas entradas posibles: un bar, una ventana, una estancia abandonada, una confesión, una máscara de toro.

Resonancias contemporáneas

Aunque el universo de “Laberinto Borges” tiene algo de pesadilla literaria y de fábula metafísica, la obra no esquiva las resonancias contemporáneas. Más bien, las abraza.

“Me gusta pensar que el caos podría ser algo así como un laberinto que no funciona”, señaló el autor y director. Y desde ahí trazó un vínculo directo con la justicia argentina, a la que describió como un sistema donde las reglas no operan igual para todos.

“Todos sabemos que la justicia funciona de una manera diferente para los pobres que para los ricos”, dijo. También habló de una cercanía incómoda entre política y justicia y definió ese entramado como algo “más kafkiano que borgeano”.

En el centro de todo aparece una frase heredada por el protagonista de parte de su abuelo: “Si no hay justicia que no haya nada”. Para el director, allí está el núcleo moral de la obra.

“No vamos a resolver el problema de la justicia, pero creo que el arte tiene muchas veces el poder de decir algo que está en el imaginario de la gente de una manera diferente”, afirmó.

 

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