Por qué la inflación todavía no baja del 2% y qué esperan los economistas para los próximos meses
| 9 de Mayo de 2026 | 14:47
Aunque la inflación mostró señales de desaceleración tras el pico de marzo, los especialistas coinciden en que todavía existen factores que dificultan que el índice mensual perforé el 2%. Si bien el panorama macroeconómico parece más estable, persisten elementos que mantienen presión sobre los precios y retrasan una baja más pronunciada.
Luego del 3,4% registrado en marzo, las estimaciones privadas anticipan un retroceso para abril, aunque insuficiente para volver a niveles similares a los de un año atrás. De acuerdo con el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central, la inflación habría rondado el 2,6% en abril y se ubicaría cerca del 2,3% en mayo. Recién hacia agosto podría romper el piso del 2%, con un índice proyectado de 1,8%.
Entre los factores que explican esta resistencia aparecen ajustes puntuales en precios sensibles, como combustibles, carne y tarifas reguladas. Pero los economistas también señalan causas más profundas vinculadas a la dinámica monetaria y a las expectativas.
Carlos Pérez, director de Fundación Capital, sostuvo que el proceso de desinflación perdió fuerza durante el último año y explicó que parte de esa reversión estuvo asociada a la caída de la demanda de dinero y al proceso de dolarización impulsado por la incertidumbre electoral del año pasado.
Según el especialista, la inflación mantiene una fuerte inercia y eso dificulta una desaceleración rápida. Desde esa consultora estiman que el índice recién perforaría el 2% después de mitad de año, con una proyección cercana al 1,7% para agosto.
En un diagnóstico similar, la calificadora Fitch Ratings —que recientemente mejoró la nota de la deuda argentina— advirtió que el rebote inflacionario estuvo impulsado por el traslado rezagado de la devaluación de 2025, el incremento en tarifas de servicios, la suba de la carne vacuna y el encarecimiento global de la energía.
Para la firma, el problema actual responde a una etapa habitual de los programas de estabilización: la llamada “inercia inflacionaria”, un fenómeno que complica la fase final de desaceleración. Por eso, proyectan que la inflación recién volvería a ubicarse debajo del 2% hacia fin de año.
Desde el Ieral de Fundación Mediterránea, el economista Jorge Vasconcelos puso el foco en los mecanismos de indexación que siguen activos, especialmente en servicios. Rubros como medicina prepaga, seguros, internet, cable y educación privada continúan ajustándose en función de la inflación pasada, lo que dificulta una desaceleración más rápida.
A eso se suma el factor expectativas. Aunque el mercado mantiene relativamente controlada la posibilidad de una devaluación, los analistas advierten que cualquier cambio en la estabilidad cambiaria podría impactar de manera inmediata en los precios.
Javier Okseniuk, de la consultora LCG, consideró que para bajar definitivamente del 2% mensual será necesario romper con esos componentes inerciales que hoy mantienen la inflación en torno al 2,5%. En ese sentido, destacó el rol del equilibrio fiscal, aunque remarcó que también podrían hacer falta señales más claras para coordinar expectativas sobre precios y salarios.
Rocío Bisang, economista de GMA Capital, opinó que las condiciones generales para continuar con la desaceleración están presentes: dólar relativamente estable, salarios contenidos y un consumo que aún no muestra una recuperación fuerte. Sin embargo, alertó sobre un posible desafío en los próximos meses: el descongelamiento de combustibles y la evolución de tarifas reguladas.
Por su parte, Iván Cachanosky, de Fundación Libertad y Progreso, estimó que la inflación continuará cerca del 2% mensual en el corto plazo y podría ubicarse por debajo de ese nivel durante el segundo semestre. Si esa tendencia se consolida, proyectó que el índice anual de 2026 podría cerrar alrededor del 26%, por debajo del año anterior.
Aun así, los especialistas coinciden en que el escenario seguirá condicionado por factores externos y locales, desde la evolución del dólar hasta el impacto de conflictos internacionales, como la tensión en Medio Oriente, sobre los precios globales de la energía.
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