VIDEO.- Los importados ganan la calle: cuando “lo de afuera” arrasa con lo local

El boom de los productos chinos crece entre promociones virales, precios bajos y largas filas. Mientras tanto, comerciantes advierten por cierres, caída del consumo y una competencia cada vez más difícil de sostener

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Macarena Mazzola

mmazzola@eldia.com

Las imágenes parecen mostrar dos ciudades distintas. De un lado, persianas bajas, liquidaciones por cierre y cada vez más locales vacíos en corredores históricos de La Plata. Del otro, filas de hasta tres cuadras para entrar a negocios de productos importados que se viralizan en redes sociales y prometen precios bajos, promociones y descuentos en efectivo.

El fenómeno crece en distintos puntos de la Ciudad y ya no se limita únicamente a plataformas online o compras internacionales. Ahora, el esquema de precios bajos y productos de origen extranjero también desembarcó en grandes comercios físicos que venden desde artículos de bazar y decoración hasta indumentaria, frazadas, herramientas y pequeños electrodomésticos.

En ese escenario, comerciantes y referentes del sector advierten que el auge de estos locales convive con uno de los peores momentos para el comercio tradicional. Según un relevamiento reciente, hay 455 locales cerrados o en alquiler sobre un total de 4.739 comercios en la Ciudad. Hay rubros como zapaterías, gastronomía e indumentaria atraviesan una fuerte caída en las ventas. Con todo: en las cámaras comerciales se estima que cierran entre 1 y 3 comercios por día.

“Hoy los locales están cerrando porque no pueden aguantar la carga impositiva, los servicios, los alquileres y la caída del consumo”, aseguró Martín Bizet, gerente de la Cámara de Comercio de City Bell, donde - según indicó - ya detectaron 35 locales vacíos en la zona comercial de Cantilo y alrededores.

“Competencia desigual”

Para Bizet, existe una “competencia desigual” entre el comercio local y los productos importados que llegan a precios muy inferiores y sin cargas impositivas. “La producción local quedó cara y el comerciante no puede competir porque paga impuestos, empleados, servicios y alquileres. En cambio, hay plataformas o grandes importadores que manejan otros costos. Además muchas de las cosas que están entrando, como por ejemplo termos, ni siquiera están homologados”, sostuvo.

El referente también remarcó que todavía el comercio no ha podido acceder a esas importaciones directas y a tener “buen precio. Como comerciante, dependo de un importador o de un mayorista. El producto pasa por muchas manos y termino quedando caro. Estos bazares traen la mercadería, sin intermediarios y son más beneficios. Acá, el negocio es importar vos y hoy un comerciante no tiene la estructura para traer un contenedor de mercadería”, explicó.

A veces compro para mí y otras veces vendo algunas cosas porque no tengo trabajo”

Luz Clienta de un local de importados

Asimismo, muchos productos que hoy generan furor en redes sociales antes solo se conseguían viajando al exterior o mediante compras internacionales. “La gente está sorprendida por cosas que antes veía cuando un familiar viajaba o por redes sociales y ahora las tiene al alcance de la mano”, analizó Bizet. Sin embargo, también advirtió que las largas filas no necesariamente representan una recuperación económica. “No hay que confundir cola con reactivación. Hay mucha curiosidad, novedad y ganas de ver qué venden, pero el consumo está en uno de sus peores momentos”, afirmó.

Una mirada similar planteó Valentín Gilitchensky, referente de la Asociación Comercial de Calle 8 y de la Federación Empresaria de La Plata (FELP), quien vinculó el fenómeno con nuevas formas de consumo atravesadas por las redes sociales y el llamado “FOMO”, el miedo a quedarse afuera de una tendencia. “Son productos de ticket muy bajo y de calidad inferior, pero la gente siente que puede comprar muchas cosas con poca plata. Hay un placer en poder llevarse algo nuevo”, explicó.

Las escenas se repiten desde temprano. Personas que llegan antes del amanecer para conseguir promociones, clientes que esperan durante horas para ingresar y compradores que muchas veces ni siquiera tienen decidido qué van a llevar. “Venimos a ver qué hay”, resumió un hombre que hacía fila por primera vez en uno de estos locales.

De oportunidad

La lógica parece responder más al impulso y a la oportunidad que a una compra planificada. Una mujer contó que llegó cerca de las 5.30 de la mañana y gastó alrededor de 147 mil pesos en camperas, maquillaje, artículos para el hogar y cortinas. Otra clienta aseguró que esperaba ahorrar “dos o tres mil pesos” en algunos productos y que esa diferencia “después sirve para otra cosa”.

También aparece un fenómeno cada vez más frecuente: la reventa. “A veces compro para mí y otras veces vendo algunas cosas porque no tengo trabajo”, relató una compradora. En muchos casos, las compras funcionan como una forma de rebusque en medio de la pérdida de poder adquisitivo.

El cambio de hábito de consumo es otro de los puntos que observan los comerciantes. “Hoy la gente prioriza el precio por encima de todo”, señaló Bizet. “Una camisa en un comercio local puede costar 60.000 o 70.000 pesos y en estas plataformas o lugares la conseguís por $19.000”, ejemplificó. “Quizá no tiene la misma calidad, pero la gente igual la compra porque necesita hacer rendir la plata”.

En ese sentido, Gilitchensky sostuvo que muchos consumidores ya aceptan que se trata de productos más económicos y de menor durabilidad. “La gente sabe que está comprando algo barato y que quizá dure menos. Es otro tipo de lógica”, explicó.

Para el sector comercial, el fenómeno ya dejó de limitarse a pequeños artículos o “chucherías”. Un empresario platense aseguró que los importados comenzaron a expandirse a distintos rubros y que hoy incluso aparecen negocios que venden televisores, lavarropas y heladeras, y hasta autos, a precios más bajos.

“Antes el comerciante competía con plataformas online internacionales. Ahora tiene un local físico peleándole con los mismos precios”, describió. Según explicó, muchos de estos comercios trabajan con importación directa y venta por volumen, algo imposible de igualar para pequeños y medianos comerciantes locales.

Las compras de los ‘90

La situación también despierta recuerdos de otros momentos de apertura importadora en el país. Algunos comerciantes encuentran similitudes con la década del `90, cuando el desembarco de grandes supermercados y productos extranjeros modificó hábitos de consumo y golpeó a numerosos negocios barriales. Fue época del “Todo por dos pesos” y de promociones por horas, con productos que bordeaban el 0 peso en la etiqueta.

Aunque hoy el contexto es distinto, sostienen que vuelve a repetirse una postal conocida: consumidores buscando precios bajos y oportunidades inmediatas mientras el comercio tradicional intenta sobrevivir entre alquileres altos, servicios, impuestos y ventas cada vez más débiles.

 

 

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