A 4 años de la tragedia de Carmen de Patagones

CARMEN DE PATAGONES.- El cuarto aniversario de la tragedia de la escuela secundaria Islas Malvinas, cuando un alumno llamado Junior mató a balazos a tres de sus compañeros y produjo heridas a otros cinco, fue recordado en un acto público, en la ciudad bonaerense de Carmen de Patagones.

Marisa Santa Cruz, la madre de Federico Ponce, una de las víctimas, sostuvo que "si alguien hubiese escuchado a Junior, lo que el decía y sentía, hoy no estaríamos acá"; y criticó "tanta indiferencia y falta de responsabilidad".

"Es tiempo que los adultos hagamos una autocrítica y que nos preguntemos qué es lo que ocasiona tanta violencia en nuestros jóvenes, porque algo estamos haciendo mal", añadió, al hablar durante el acto realizado en el parque Piedra Buena, sobre la costa del río.

El acto fue organizado por la familia Ponce, en el mismo sitio en donde culminaban las marchas que se realizaban todos los días 28 de cada mes, partiendo desde la escuela, pero se suspendieron en diciembre de 2006, por falta de participación de la comunidad.

En el lugar se colocaron pancartas con los rostros de Federico, Evangelina Miranda y Sandra Núñez, los tres jóvenes de 15 años asesinados aquel 28 de septiembre de 2004. Después de las palabras de Marisa y otros dos familiares, cantaron músicos locales y se invitó al centenar de personas presentes a dejar flotando sobre el río los improvisados fanales plásticos con velas encendidas.

Durante el acto, estaban presentes el intendente de Patagones, Ricardo Curetti, y el titular del Concejo Deliberante, Alejandro Villemur; pero no asistieron autoridades educativas regionales, ni del colegio donde se produjo el hecho.

El 28 de septiembre de 2004, poco antes de las ocho de la mañana, cuando apenas habían ingresado al aula, el joven Junior extrajo una pistola nueve milímetros y disparó a quemarropa contra Federico, Evangelina, Sandra y otros cinco compañeros de primer año B, del ciclo Polimodal.

Las tres víctimas fatales murieron en el acto, y los heridos se repusieron de las secuelas físicas después de varios meses de tratamiento, aunque los efectos psicológicos perduraron durante los dos años siguientes.

El agresor, declarado inimputable por su edad y condición mental, permanece desde entonces alojado en un centro de salud mental de la provincia de Buenos Aires; no se conoce el lugar y las autoridades judiciales se niegan a informarlo.

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