El amor y el sexo al alcance del botiquín

Por ALEJANDRO CASTAÑEDA

Una vez mas la ciencia decidió entrometerse en territorios difíciles, como el amor y el deseo. La idea es aportar algunos descubrimientos que ayuden un poco. Pero siempre aparecen resquemores y riesgos.

Un reciente informe periodístico, avisa que en la Argentina ya se puede conseguir con cierta facilidad, a través de internet o "dealers" que operan en los boliches, la medicación milagrosa que convierte en chicas dispuestas y excitadas a la mujer más recatada y resistente. Es la yumbina. Dicen que cada dosis puede costar unos 65 pesos y se presenta en forma de pastillas o gotas.

La sustancia "provoca excitación total, no barre con la moral, pero en manos equivocadas puede resultar peligrosa", señaló el sexólogo Adrián Sparetti en declaraciones que reprodujo NA.

El especialista comentó que "la yumbina es una droga ancestral, que proviene de una planta oriunda de África y del norte de Brasil". Y agregó que "era usada por brujos para entrar en trance". Además, el experto explicó que "la yumbina se usa para la reproducción de animales de gran porte, principalmente equinos. Cuando la yegua se resiste a la copulación, se las dopa con yumbina y todo solucionado", agregó.

Ya es una nueva modalidad nocturna que los adolescentes utilizan cada vez con mayor frecuencia. "La yumbina predispone a la relajación sexual y ayuda a la excitación". Fabrica ganas donde hay indiferencia. No es poco.

VACUNA CONTRA EL AMOR

En un reciente número de la revista Nature, el neurocientífico Larry Young predijo que no falta mucho para que un donjuan inescrupuloso y desesperado compre un poco de oxitocina y pueda verter una poción de amor en la bebida de su amado. Y lograr que el otro se agarre un metejón insalvable. Una meta que hasta hace poco parecía inalcanzable y que con malas artes pone al viejo y querido encantamiento la altura de una simple inversión. La diferencia con la yumbina es notoria: la oxitocina de Young suena romántica, no apunta al sexo sino al amor. Lo que abre un abanico distinto para la clientela.

Esa es una mala noticia para un vínculo fantástico, tan inaprensible y huidizo. Pero la otra parte del tratado avisa que esta investigación también abre la puerta a otra posibilidad igualmente inquietante: se podría crear una vacuna contra el enamoramiento enfermizo, ese estado tan anhelado y tan temido, que nos deja vulnerables y a merced de un sortilegio que te zamarrea entre el cielo y el infierno. Sin dudas, un salvavidas para obsesivos y celosos.

Es tan revolucionario lograr que una medicación haga que el otro nos quiera desesperadamente, como que otra cápsula nos haga suprimir el amor de manera permanente. Encima, la fantástica oxitocina ofrece a los desilusionados, la chance de volver a probar ese hechizo. Porque también se la puede tomar para empujarnos a querer. La clave será identificar a la persona de la que queremos enamorarnos. Tomar una dosis y convidarla. De esa manera alcanzaremos ese cielo que todo novio siempre anheló: que el metejón sea mutuo y perdurable y que, cuando aparezca la fatal rutina, haya oxitocina disponible para alejar fantasmas.

Según una nota del New York Times, "el amor es identificado una "cadena de eventos bioquímicos", dándole una estocada final a los penúltimos románticos que aún apuestan a la ecuación del flechazo, la mirada, la parla y la piel. Evidentemente, se achica el misterio. A golpe de recetas será posible complacer al deseo, al embeleso o al desamor. Dosis de yumbina para una noche desenfrenada y un toque de oxitocina para que el enamoramiento llegue o se vaya. El hombre de hoy, tan poco apegado al esfuerzo y las viejas astucias, cada vez le pide más ayuda a la ciencia. Hay pastillas para la tristeza y el desencanto, para la culpa y los recuerdos, para pecar y perdonarse, para amar y que no duela. Con un botiquín bien surtido, todo será más fácil, pero menos encantador.


afcastab@gmail.com

Las noticias locales nunca fueron tan importantes
SUSCRIBITE