Jorge Hiram Daufi

Su fallecimiento

El inesperado fallecimiento de Jorge Hiram Daufi causó un triste impacto no sólo entre sus familiares, sino también en los numerosos círculos en los que se vinculó a lo largo de su vida, ya sea por la actividad bancaria, por la empresa inmobiliaria familiar o por su extenso arraigo a la localidad de Bartolomé Bavio.

Había nacido el 1º de noviembre de 1936 en La Plata. Sus padres fueron Abel Daufi y Magdalena Ripoll y creció junto a su hermano Abel. Cursó sus estudios primarios en la Escuela Nº 14 "Manuel Belgrano", ubicada en el paraje "El Pino" de Bartolomé Bavio; y los secundarios, en el Colegio Comercial San Martín.

El 4 de junio de 1965 se casó con María Elena Lescano y la familia creció con la llegada de sus hijos: Cynthia, Mariel, Analía y Jorge. Para ellos fue un verdadero sostén, alguien que más allá de criarlos se vinculó como un amigo. Con los años lo hicieron abuelo de Delfina, Joaquín, Gregorio, Felipe, María y Fermín por los que sentía un gran amor.

Desde muy joven trabajó en la casa matriz del Banco Provincia en donde desarrolló una extensa carrera hasta jubilarse en el año 1982. A partir de ese momento se dedicó de lleno a la inmobiliaria Daufi Propiedades que a principio de los '70 había abierto su esposa y en la que lo sucede su hijo Jorge Federico.

Fue un emprendedor de incansable vitalidad, alguien que siempre trabajó sin bajar los brazos por el bienestar y la unión familiar. En ese contexto promovía los encuentros, fundamentalmente en la chacra "La Rosa", ubicada en Bavio, sitio al que iba cada vez que podía para seguir de cerca el estado de sus animales y las distintas actividades propias del entorno rural.

Además participó de la Unión Cívica Radical, partido al que también pertenecieron sus padres y fue presidente del comité de City Bell.

Los múltiples valores entre los que se destacó la solidaridad y la honestidad hicieron que se granjeara de muchos amigos, tanto de La Plata como de Bartolomé Bavio. Llegó al final de su vida con proyectos, según sus allegados nunca aparentó la edad que tenía y esquivó las señales propias del paso del tiempo con un espíritu tan activo como alegre.

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