Cómo consolar a los chicos ante la derrota de su equipo
| 1 de Julio de 2011 | 00:00
Entre las postales que dejó ayer la caída de Gimnasia, o la de River Plate días atrás, acaso las más angustiantes sean aquellas que muestran a chicos llorando desconsolados. Porque si bien el pesar por la derrota no hace distinciones de edad, son ellos los menos preparados para lidiar con esa emoción, quienes la sufren más intensamente. Pero cómo consolar a nuestros hijos cuando quizás uno mismo sea el responsable de la pasión que les toca sufrir.
Frente a esta encrucijada que enfrentan hoy muchos padres de la Ciudad, psicólogos, psiquiatras y sociólogos del deporte coinciden sobre todo en que "la mejor contención está en el ejemplo". Pero además sugieren aprovechar la experiencia para enseñarle a los más chicos los límites de la pasión deportiva.
"La realidad es que en estos casos, los adultos en general no ayudan; más bien lo contrario", sostiene Miguel Angel Russo, psiquiatra especialista en temas deportivos. "A los pibes, antes que explicarles hay que contenerlos; y la mejor forma de hacerlo es con el ejemplo. ¿Cómo se puede esperar que un chico no sufra porque perdió su club cuando su papá está más angustiado que él?", plantea.
Lo mismo señala el sociólogo del deporte Raul Cadaa. "Ya sea partícipe o espectador, la forma en que un chico viva la derrota deportiva va a depender de cómo lo haga su papá o la persona que lo haya acercado al juego. Es por eso que para que un padre pueda ayudar a su hijo a transformar esa frustración, primero tiene que manejarla él mismo", sostiene.
Y es que "hasta cierta edad -explica la psicóloga Particia Maestri- esas reacciones se dan por identificación. Si un chico se angustia más allá de lo razonable por la derrota de su club es porque hay un padre que lo sostiene. Porque además, una de las cosas que más angustian a los chicos es ver a sus padres angustiados", dice.
LAS ENSEÑANZAS POSITIVAS
Pero si la angustia es producto del propio apasionamiento, como sucede en estos casos, entonces la experiencia de la derrota deportiva bien puede servir para enseñarle a los más chicos a manejar esa pasión, plantean los psicólogos.
"Muchos adultos enfatizan lo que sienten por su equipo e incluso compiten entre ellos a ver quién es más pasional, porque ser pasional es un valor supremo en nuestra sociedad y sobre todo en el fútbol. Pero ese énfasis es también un juego que a veces los chicos no entienden bien. Por eso uno debe marcarles la diferencia; explicarles por ejemplo que los títulos como ´¡Ganar o morir!` que a veces aparecen en los diarios son una exageración", dice el psicólogo sistémico Leopoldo Mancinelli.
"Cuando una persona se angustia más de lo razonable por la derrota de su equipo es porque se identifica en forma proyectiva con él; es decir, se confunde con el objeto de su amor. Y si bien el fútbol, a diferencia de otros deportes, le abre la puerta a esa confusión pasional, es importante recordarle a los chicos que una cosa es lo que uno ama y otra lo que uno es", señala por su parte Patricia Maestri.
Pero sirvan o no para aprender sobre los límites de la pasión por un juego, "las derrotas deportivas, justamente por su carácter simbólico, ayudan a que los chicos estén mejor preparados para enfrentar luego las derrotas de verdad", subraya Cadaa.
O en todo caso, sugiere Mancinelli, a ver la derrota de otra manera. "Si vamos al ejemplo de Gimnasia, el mellizo Barros Schelotto se retiró ayer sin haber cumplido el objetivo con que volvió al club, pero aún así nunca en su carrera recibió una aclamación tan rotunda. Y eso es una buena cosa para enseñarle a los chicos -dice-: la gloria puede estar también en la forma en que se pierde".
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