Graciela Olmos Cárdenas

A los 57 años falleció Graciela Olmos Cárdenas, una médica de marcada vocación por los pacientes a los que se entregó de manera responsable y amorosa; esas cualidades profesionales y humanas la hicieron ganarse el afecto de quienes tuvieron la oportunidad de conocerla y hoy se conduelen por su partida.

Había nacido el 23 de enero de 1955 en La Plata; sus padres fueron Elida Lía Lejarraga y Amílcar Olmos Cárdenas; cursó la primaria en la Escuela Nº 1; la secundaria en el colegio Normal Nº 2, formación que completó sin llevarse nunca una materia. A los 17 años ingresó a la Universidad Nacional de La Plata, de donde se graduó como médica a los 23 años. El profundo amor por la carrera le hizo superar las dificultades propias de un núcleo familiar humilde pero laborioso y la concentración en el estudio fue su herramienta superadora.

Se especializó en medicina interna junto al profesor Jorge Salvioli, y a raíz de sus altos promedios y de sus estudios vinculados a la artritis psoriásica resultó becada para perfeccionarse en Estados Unidos. Además fue conferencista y se destacó como médica consultora.

Realizó las primeras guardias en el Hospital Gutiérrez, también atendió en la clínica de la UOM y desarrolló su vocación docente en la facultad de Ciencias Médicas de la UNLP, lugar en el que trabajó hasta sus últimos días.

Además la doctora Olmos Cárdenas desarrolló una destacada carrera en el Hospital Español, institución en la que comenzó en la atención de las guardias externas -fue la primera mujer a la que le permitieron cubrir las 24 horas- y llegó a ocupar el cargo de subdirectora sin descuidar su consultorio particular.

Siempre vivió junto a su madre, una docente que con mucho sacrificio apuntaló las carreras de sus hijos y falleció en el año 1998. Ella, sus pacientes y sus amigas, fueron la gran razón de una vida en la que la disciplina y el esfuerzo fueron una constante. Sus allegados la recuerdan como una profesional incansable para la que nunca había sábados ni domingos si se trataba de atender a quienes la necesitaban, al punto de que quizás se haya postergado por cumplir con el deber.

En el tiempo libre le gustaba nadar, disfrutar de extensas caminatas junto a su perra y durante los años impares, realizar un viaje al exterior vinculado a las siete maravillas del mundo.

Pese a los embates de una enfermedad, lo último que hizo fue colgar su matrícula porque sentía que se debía a sus pacientes a quienes se consagró de manera ejemplar sin perder su carácter bondadoso, optimista y jovial.

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