Los 7 secretos de las caminatas espaciales

Especial para EL DIA
de National Geographic

Los astronautas Scott Kelly y Kjell Lindgren salieron de la Estación Espacial Internacional para reparar un sistema de refrigeración arreglado por última vez en 2012. Su segunda caminata espacial en menos de dos semanas fue transmitida en vivo por NASA TV.

La semana anterior, Kelly- que recientemente batió el récord de permanencia en el espacio para un astronauta de la NASA- y Lindgren estuvieron siete horas fuera de la estación, completando una larga lista de tareas: arreglar un brazo robótico, sentar las bases para una nueva estación de acoplamiento para vehículos tripulados comerciales Boeing y SpaceX, e instalar una cubierta térmica para un dispositivo usado en la investigación de la materia oscura. Todo esto, mientras la estación espacial a la que estaban conectados volaba alrededor de la Tierra a aproximadamente 8 kilómetros por segundo.

El astronauta Douglas Wheelock, que hizo seis caminatas espaciales, incluyendo una excursión de improviso en 2007 para arreglar un dispositivo solar, revela algunos secretos sobre la experiencia de caminar en el espacio.

1. Se usa ropa vintage. Los trajes que usaron Kelly y Lindgren no son lo último en moda celestial. En realidad tienen 35 años, y muchos astronautas los transpiraron. Estos trajes compartidos son difíciles de limpiar porque cuando están en uso están llenos de oxígeno puro (altamente combustible)-hasta la pelusa de una toalla podría incendiarse si quedara luego de una limpieza, lo que limita las posibilidades de aseo. Pero cada uno usa su propia ropa interior y su propia ropa refrigerante. “Si metiéramos la cabeza y oliéramos, probablemente se asemejaría al olor de un vestuario”, dice Wheelock.

2. Se siente calor y se siente frío. “En el espacio no existe la protección de la atmósfera terrestre”, agrega. Y la temperatura puede subir al estar cerca de la luz solar directa cerca de las superficies reflectantes de la estación espacial, y luego bajar mucho cuando el sol no queda a la vista. Estas fluctuaciones son frecuentes en una caminata de siete horas: la Estación da una vuelta alrededor de la Tierra cada 90 minutos lo que significa que se ve un amanecer y un atardecer cada 45 minutos.

“No hay entrenamiento subacuático en el laboratorio de la NASA que pueda prepararnos para estos cambios de temperatura. Es más fácil soportar el calor que el frío. Los astronautas a veces logran encontrar sombra alrededor de la estación espacial. Tendemos al exceso de calor. Si no tuviéramos ropa refrigerante nos freiríamos hasta morir en ese traje”, explica Wheelock.

3. No es realmente una caminata. Wheelock dice que es una suerte de ballet espacial en puntas de pies.

“Cuando se abre la escotilla y uno sale al espacio hay innumerables peligros. Muchas cosas pueden salir mal, sólo hay que confiar en el entrenamiento y en el equipo”

“Se toma impulso, se frena, hay que agarrarse de las cosas con la punta de los dedos, empujarse y mantenerse estable con la punta de los dedos”. Por eso los músculos que más duelen después de una caminata son los que se usan para agarrarse: manos y antebrazos.

4. Hay que cuidar la boca. Durante la caminata, los micrófonos están encendidos y todos los participantes de la misión pueden escuchar cada palabra.

Las condiciones extremas del espacio arruinan el equipo externo y arreglarlo es difícil. Wheelock recuerda que mientras reparaba un módulo en 2010 no pudo contenerse. Pensó que nadie lo había escuchado hasta que habló con su padre por teléfono, y éste le dijo, “Te escuché maldecir”.

5. Para rascarse hay que ser creativo. Cuando la transpiración provoca picazón, Wheelock dice que es posible retorcerse para rascarse. Si pica la nariz, hay una pieza de espuma sobre la que se apoya la nariz, para destapar los oídos se hace lo mismo que en los aviones cuando se quiere equilibrar la presión. Si pica la mejilla, basta con el micrófono o la bombilla de la bebida. Pero si pica la frente, no hay solución.

6. Y siempre puede ser peor. “En el espacio no hay nada tan malo que uno no pueda empeorar”, dice Wheelock. Prestar atención al momento en lugar de pensar en errores pasados o anticipar el futuro es la mejor forma de evitar accidentes, por eso hay mucha comunicación”, dicen.

Lo peor que se puede imaginar es que un resto de chatarra espacial o un micrometeorito golpee y rompa un traje espacial provocando una pérdida de oxígeno.

Esto está contemplado en el entrenamiento, pero no se puede prever todo peligro potencial: al astronauta de la Agencia Espacial Europea, Luca Parmitano, se le llenó el casco de agua durante una caminata espacial en 2013, por lo que debió retornar a la estación a ciegas.

“Cuando se abre la escotilla y uno sale al espacio hay innumerables peligros. Muchas cosas pueden salir mal, sólo hay que confiar en el entrenamiento y en el equipo”, dice Wheelock.

7. Pero también es de lo mejor. Wheelock cuenta que si bien hubo momentos en los que no podía esperar para volver a la estación, fueron más los momentos en los que quería que la caminata nunca terminara. Por ejemplo, el esplendor visual que implica contemplar una aurora verde y roja sobre los polos y los rayos debajo, escuchando sólo el sonido del ventilador del traje y el de la respiración. Sobrecogedor. “La Tierra es una bola viva, que respira, en este vasto océano vacío, plena de luz, de vida, de movimiento, de color. Es sorprendente. En realidad, es una distracción cuando uno está intentando trabajar”.

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