Trastornos de la alimentación: crecen y son cada vez más variados y complejos

En una sociedad cuyos patrones estéticos idealizan cuerpos casi irreales, los desórdenes a la hora de comer se multiplican y agravan

“Qué bien se te ve, estás re flaca” no es una frase suelta sino un concepto repetido hasta el hartazgo en la sociedad actual, donde la delgadez se ha vuelto sinónimo de belleza y hasta un insólito pasaporte al éxito. Así, trastornos alimentarios como la bulimia y la anorexia se multiplican expresando -y advirtiendo- que nuestra relación con la comida parece cada vez más traumática y compleja. Pero no son los únicos: de un tiempo a esta parte, desórdenes que hace un tiempo eran desconocidos o muy poco habituales empezaron a instalarse en el día a día. Atacar la heladera de madrugada, obsesionarse con las propiedades de cada alimento, vivir copiando dietas milagrosas o hasta infligirse dolor para evitar comer son algunas de las tantas conductas que los especialistas advierten como peligrosas y cada vez más repetidas.

 

“La alteración de la imagen corporal casi siempre está ligada a una baja autoestima y a una imagen de belleza peligrosamente difundida en la sociedad de hoy”.

 

“Hay una escalada de trastornos alimentarios de los más variados que nosotros vemos a diario en el consultorio”, alerta el nutricionista platense Norberto Russo, para quien en el trabajo cotidiano con los pacientes “se comprueba que la alteración de la imagen corporal casi siempre está ligada a una baja autoestima y a una imagen de belleza peligrosamente difundida en la sociedad de hoy”.

Según la Sociedad Argentina de Obesidad y Trastornos Alimentarios, el 90% de quienes sufren un trastorno de la alimentación son mujeres. Pero si antes ellas parecían caer en las garras de la bulimia o la anorexia, ahora, como se dijo, la explosión de nuevos trastornos hace que los problemas a la hora de comer se tornen aún más variados y complejos.

Permarexia, diabulimia, potomanía, sadorexia o seudorexia son algunos de los nuevos trastornos de conducta alimentaria que afectan a personas que arriesgan su vida buscando la salud total y la perfección estética.

Para el nutricionista Antonio Villarino Ruiz, a cargo del capítulo “No todo es anorexia y bulimia” del libro “Controversias sobre los trastornos alimentarios”, todos estos nuevos cuadros “suelen ser desordenes subdiagnosticados que para el individuo pasan inadvertidos. No todos tienen episodios diarios y, al no ser identificados socialmente, cuando llegan a la consulta del especialista pueden encontrarse ya en una fase complicada”.

De acuerdo a lo que explican los profesionales, la obsesión por la musculatura y un cuerpo esbelto puede derivar en ortorexia o vigorexia, en tanto que la idea de que todo lo que se come engorda está encuadrado en lo que los expertos denominan permarexia.

“Es un trastorno relativamente moderno que lleva a la persona a probar diferentes dietas y muchas de ellas poco saludables”, aporta Villarino Ruiz, para quien este desorden “puede actuar como un paso previo a la anorexia o a la bulimia”.

Otro desorden que viene creciendo en este último tiempo, se apunta, es la llamada seudorexia, que en palabras del especialista consiste en un “deseo irresistible de comer o lamer sustancias no nutritivas como tiza, yeso o bicarbonato. Según el tipo de sustancia que se ingiera se le da nombre al trastorno, pero hasta ahora la geofagia o consumo de tierra el más estudiado. Esto puede parece muy llamativo y extraño pero sabemos que existen cada vez más casos de este tipo”.

No menos llamativa es la denominada sadorexia, que de acuerdo al diagnóstico que traza Villarino Ruiz se trata “de un trastorno que se acompaña de la automutilación, es decir que la persona se hace daño para evitar alimentarse. Por lo general, quienes lo padecen son personas con baja autoestima, deprimidas, que buscan la perfección y desean alcanzar lo imposible, lo que les puede llevar a la muerte”.

Para Russo, por su parte, así como la bulimia y la anorexia se instalaron en la web con páginas, blogs y foros, “la sadorexia también lo logró, lo cual agrava la situación, ya que los pacientes encuentran cómplices y aliados en su desorden emocional. En estos casos es fundamental la presencia de los padres y fomentar que la familia comparta y respete la mesa”.

Que ahora existan un sinfín de páginas web o blogs que enseñan a perder peso, según coinciden muchos expertos, no significa necesariamente que las condiciones están dadas para que alguien se enferme, pero quienes tienen una predisposición, se alerta, pueden encontrar en tanta oferta un rumbo o una veta para dejar crecer su trastorno.

Según Villarino Ruiz, de hecho, “nuestro ritmo de vida actual, peleado con buenas pautas alimentarias, y los modelos estéticos impuestos nos precipitan a una situación cada vez más grave y difícil”.

 

Las patologías alimentarias aumentaron en el último decenio en la Argentina un 350%, debido al énfasis en la cultura de la belleza, que hace que los jóvenes se interesen extraordinariamente por sus físicos

 

Lo que dice el especialista encuentra eco en las estadísticas. Como se sabe, en esta época del año -y ya comenzada la primavera, incluso-, las consultas por trastornos de la alimentación “aumentan un 50 por ciento y son consultas de padres o de la red familiar de personas que padecen estas patologías”, de acuerdo a la especialista en bulimia y anorexia Olga Ricciardi.

No obstante, la experta aclara que “este 50 por ciento no está integrado sólo por personas que con el calor comienzan esta situación dietante, sino que hay otras en las que ya estaba desencadenado el síntoma pero que se puede advertir ahora porque se usan ropas más livianas y entonces aparece a la vista la pérdida de la masa muscular”.

Ricciardi, que es psicoanalista y docente de la facultad de Psicología de la UBA en esta especialidad, además de dirigir un centro sobre desórdenes alimentarios, suele indicar que la anorexia está muy vinculada con la mujer, fundamentalmente adolescente, aunque “ahora hay muchos casos de varones”. Estas enfermedades, dice, pueden llevar a la muerte pero “tienen cura, dado que no son patologías crónicas como se dice y se dijo durante años; tienen cura y el tratamiento debe ser individual, es el caso por caso, porque si bien el síntoma es el mismo las causas son tan únicas e irrepetibles como el sujeto que las padece”.

Ya fuera del cuadro de los nuevos trastornos alimentarios, parte de lo que dice Ricciardi encuentra un eco directo en las cifras: las patologías alimentarias, de hecho, aumentaron en el último decenio en la Argentina un 350% entre los varones adolescentes, “debido al énfasis actual en la cultura de la belleza, que hace que los jóvenes se interesen extraordinariamente por sus físicos”, según el panorama que pintan desde la Asociación de Lucha contra la Bulimia y la Anorexia (Aluba).

Un informe elaborado recientemente por esa asociación reveló el incremento basado en un relevamiento de más de 100 mil casos en varias provincias, únicas cifras existentes en el país sobre la temática. “En el 2004 se registró un nivel de patologías del 2% en el total de adolescentes varones encuestados, mientras que en el último informe el índice llegó al 9%”, señalaron autoridades de Aluba, quienes recordaron además que hace 30 años, cuando nació la entidad, “las estadísticas y las consultas mostraban que del total de afectados por desórdenes alimentarios un 95% eran mujeres y el 5% restante varones, mientras que hoy hay un número proporcional muchísimo mayor”.

Antonio Villarino Ruiz
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