“Nada me hace más feliz que escuchar a una audiencia reír… si la película es mía”
| 18 de Abril de 2016 | 02:31

Es la estrella principal del actual BAFICI, por lo cual no extrañó que la sala del Centro Cultural Recoleta estuviera colmada para escuchar a Peter Bogdanovich revelar las historias de una vida junto al cine. Y el cineasta neoyorkino, recordado por “La última película” y uno de los últimos directores de estirpe clásica, se reveló como un notable gran contador de historias, como en el cine: le saca el jugo a cada historia, imita voces, canta, disfruta, se ríe, se toma pausas para redoblar el efecto cómico y se divierte tirando nombres. Así, por el festival de cine independiente pasan historias de Welles, Hitchcock, Ford... Bogdanovich trajo todo su anecdotario a Buenos Aires.
Ser fordiano
Bogdanovich comenzó por el inicio, hablando del comienzo de su carrera como un influyente crítico de cine en Nueva York, donde entabló una estrecha relación con el cineasta fundamental de la industria norteamericana, John Ford: “Era un gran director. Y un hombre muy difícil”, afirmó el cineasta.
“No se cual de mis películas esté más influenciada por él, probablemente ‘La última película’”, respondió ante la pregunta de la audiencia, y pasó a resumir el cine de Ford: “Hay una escena en “Red River”, de Howard Hawks, de un funeral, y una nube pasa a través del sol en el fondo. Le pregunté a Hawks como había sucedido esa toma y me dijo: ‘Bueno, vimos venir la nube y pensamos en captarla. De vez en cuando, tenés suerte y te toca una de esas tomas fordianas’. Le pregunté si se dio cuenta que era una toma fordiana cuando la filmó, y me respondió: ‘Claro que sí. Es difícil hacer un western sin pensar en Ford. ¡Es difícil hacer cine sin pensar en Ford!’”.
El horror moderno
Tras su etapa de crítico, Bogdanovich se convirtió en cineasta y trabajó en primer filme, “Míralos morir” (1968), con la leyenda del horror, Boris Karloff, removiéndolo de su rol habitual como monstruo del género del terror y convirtiéndolo en una especie de héroe victoriano “buscando crear el contraste entre los monstruos que él representó en pantalla y el monstruo moderno”, en referencia al villano del filme, un joven que realiza una matanza en masa.
El cineasta revela que en realidad “no me gustan las películas de terror, para nada. De hecho, me opongo al grado extraordinario de violencia que hay en el cine estadounidense hoy. En los 70 Orson Welles dijo que estábamos desensibilizando a la audiencia con tantos asesinatos. Y lamentablemente en mi vida una persona que quería mucho murió asesinada (la modelo Dorothy Stratten, pareja suya al momento de su muerte en manos de su ex marido): y les puedo decir que un asesinato puede destruir una familia, vidas enteras. Pero en el cine hoy son todos asesinatos. Creo que hay una enorme falta de responsabilidad en el cine estadounidense: la gente que hace esas películas nunca vivió un asesinato”.
Hacer reír
“¿Qué pasa Doctor?” siguió con gran éxito a “La última película”, estableciendo a Bogdanovich como una de las voces más relevantes del nuevo cine de Hollywood. Fue estrenada en la sala más grande de Nueva York, el Radio City Music Hall, “y yo estaba muy emocionado”, recordó el director, “así que llamé a Cary Grant, que era amigo mío, y me dijo: ‘Ponete un sobretodo y unos anteojos de sol –ah, no, no los necesitás- y parate en el fondo de la sala. Y escuchá como seis mil personas se ríen con algo que hiciste, le va a hacer bien a tu corazón’. Le hice caso, y a este día es una de las mejores experiencias de mi vida: con seis mil personas en la sala, a todo el mundo le parecía gracioso algo, teníamos risas constantes. Podías pararte en la vereda y escuchar las risas. Nada me hace más feliz que escuchar a una audiencia reír… si la película es mía”.
Un prIncipe
Tras el asesinato de Stratten, “pasé los próximos cuatro años en mi casa, apenas salía”, reveló Bogdanovich, y siguió contando: “Y un día me llamó John Cassavetes y me dijo que estaba filmando una película y necesitaba mi ayuda para dirigir una escena en la que él actuaba. ‘Pero John’, le dije, ‘¿de qué estás hablando? Ya te dirigiste en mil películas’. ‘Mirá’, me dijo, ‘necesito que me ayudes, te estoy pidiendo ayuda como amigo’”.
Así que Peter accedió y “filmé la escena, en realidad no había demasiado para hacer, filmé dos o tres ángulos y eso fue todo. Con el tiempo me di cuenta: John quería ayudarme a salir de casa y entrar a un set de filmación, que para los que hacemos películas, es como el hogar. Ese es el tipo de amigo que era: lo hacía por mí, solo me llevó un tiempo darme cuenta. Era un príncipe, un príncipe revolucionario, uno de los grandes hombres que he conocido en mi vida”.
Peter vs. el estudio
Luego vendría “Máscara”, en su momento un éxito moderado que con el tiempo fue apreciada. Bogdanovich quiso hacerla con música de su amigo, Bruce Springsteen, por entonces la mayor estrella del mundo de la música, pero el estudio intervino.
“Usamos varias de sus canciones, fui a Europa de vacaciones, y al regresar me encontré con que el estudio había sacado a Springsteen y puesto a Bob Seger. Enloquecí”, recordó entre risas, y tomó una decisión “poco ortodoxa: demandé al estudio”.
“No fue una gran decisión. Me odiaron en Hollywood. En los negocios, hay un onceavo mandamiento: no harás nada para avergonzar a la corporación. Bueno, yo los avergoncé bastante”, contó risueño el director. Y se rió último: el año pasado, para conmemorar los 20 años del filme, lanzó en DVD el corte de director con los temas de Springsteen y algunos minutos que el estudio había recortado.
El legado de Welles
Bogdanovich intenta filmar, desde la muerte de Orson Welles en 1985, su filme inconcluso, “The other side of the wind”. “Orson comenzó a filmarla en septiembre de 1970, y filmó de vez en cuando durante seis años, hasta que se peleó con el productor y el filme pasó a estar guardado en un laboratorio. Un día en los 70, almorzando juntos, Orson me dijo: ‘Si algo me sucede quiero que me prometas que vas a terminar la película’”, contó Peter.
Y agregó: “Desde que murió en el 85 estoy tratando de terminar la maldita película. Pero estamos negociando con la gente que es dueña de la película hace 30 años. Todos los años me hacen esta pregunta, y yo siempre responde que ya casi estamos listos para terminarla”.
“Solo filmala”
En 1992 Bogdanovich filmó “Noises off”, basada en una obra teatral, que le trajo el conflicto de cómo adaptar teatro. Tomó prestado entonces un consejo de Alfred Hitchcock: “La obra tiene lugar en tres teatros, uno para cada acto, la pregunta era como hacerlo cinematográfico: por suerte, había tenido una conversación sobre este tema con Hitchcock. Y le pregunté a Hitch, que había hecho “Dial M for Murder” basándose en una obra exitosa de teatro, por qué no había abierto la puesta de escena. Y me dijo: ‘Cuando tenés una obra exitosa, solo filmala. No la abras, no quieras hacerla cinematográfica, solo filmala. Porque es la construcción lo que la hizo exitosa, y si cambias la construcción, lo que cambias es el elemento que la hizo exitosa’”.
“Y fue una buena película, a pesar de que el estudio hizo todo para enterrarla: más mierda política”, recordó entre risas. Al parecer, el mismo tipo responsable de sacar a Springsteen de su película, también estaba allí para poner obstáculos a sus deseos.
El presente
“Creo que la televisión, particularmente tras los Soprano, es mucho más interesante hoy que el cine, ha comenzado a hacer lo que hacía el cine, contar historias sobre personas. Son mejores que la mayoría de las películas, y están hechos para adultos, mientras que la mayoría de los filmes de hoy parecen hechos para adolescentes”, opinó Bogdanovich, cuya saña contra las películas para jóvenes adultos es conocida. Y agregó al respecto: “Los filmes de superhéroes son pura mierda. Lidian con efectos especiales, no con personas. Vi ‘Spiderman’, anda volando, lanza telas de araña de la mano, puede parar un tren… Puede hacer cualquier cosa, gracias a los efectos especiales. Con eso en mente, ¿a quien le importa? Si puede hacer todo, ¿por que debería importarme? Son solo efectos especiales, no tiene alma”.
El futuro
Bogdanovich pasa sus días en la actualidad editando sus diarios íntimos de su vida en el cine, desde 1955, para publicar en un futuro libro, “Mi primera película”; trabajando en el filme final de Orson Welles; y también una serie de TV basada en “They all laughed”.
Y el año que viene rodará sue nueva película, “Wait for me”: “He estado trabajando en el guión durante 30 años: creo que ya está lista para filmarse”, sonríe. La película contará la historia de un director, actor y escritor “como Cassavetes”, casado seis veces, con seis hijas, y su última esposa muerta en un accidente de avión. El evento marcó el derrumbe del personaje: golpeó a un director de Fox, destruyó un proyector con un hacha (“algo que hizo Casavetes”, revela risueño Bogdanovich), y cuando comienza la película ha pasado meses dando vuelta por Italia, financiado por los italianos pretendiendo buscar locaciones para un guión que no existe. Más: sostiene una relación con el fantasma de su última esposa. “Y hay otros cinco fantasmas en la película”, avisa.
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