Basta: el tránsito ya convierte a la Argentina en “el país de la muerte”
| 11 de Junio de 2016 | 02:48

La denuncia formulada por la Asociación Civil Luchemos por la Vida en el sentido de que en nuestro país la cantidad de personas que cada año pierden su vida en accidentes de tránsito se mantiene casi invariable desde la década del 90 constituye un dato alarmante, revelador de que no se registran avances en esta materia y que, por el contrario, agravada por factores tales como el crecimiento del parque automotor y el mal estado de los caminos, la inseguridad vial sigue imperando tanto en nuestra zona, como en la Provincia y el resto del país.
Según se señaló, esa tendencia negativa se registra mientras que en países como España, Holanda y Suecia se han venido reduciendo en forma gradual y sostenida tanto el número de accidentes como las cantidades de víctimas.
Además, tal como lo señaló la organización no gubernamental, las políticas en seguridad vial no sólo habrían sido muy poco efectivas, sino que sus resultados fueron tergiversados para no lucir tan mal. Una auditoría interna de la Agencia Nacional de Seguridad Vial reveló que la cifra oficial de fallecidos en accidentes de tránsito durante 2014 fue tergiversada por ese organismo y que sería en realidad un 30 por ciento mayor.
La verdadera cifra de muertes por accidentes de tránsito se acercaría de este modo a la difundida por Luchemos por la Vida. Según esta organización, 7.613 personas perdieron la vida en choques, vuelcos, despistes, embestidas y otros episodios viales ocurridos a lo largo de 2014 en distintos puntos del país. Esa cantidad resulta incluso mayor a la que se registraba en 2011 cuando la Agencia Nacional de Seguridad Vial se comprometió ante la Organización de Naciones Unidas (al igual que otros países del mundo que participan del Decenio de Acción para la Seguridad Vial) a reducir en un 50 por ciento sus víctimas fatales antes de 2020.
Al explicar las causas del fenómeno, desde Luchemos por la Vida señalaron la existencia de diversas conductas de riesgo que se han multiplicado por la falta de controles efectivos y la escasa conciencia vial de nuestra población. Así, se dijo que desde 2007 se ha duplicado el uso de los celulares por parte de los conductores, y triplicado entre los peatones. También se han incrementado las muertes en motocicleta o ciclomotor en todo el país por no usar el casco, lo que pese a su obligatoriedad no se controla ni sanciona en la mayoría de las ciudades y pueblos del interior, ni en los alrededores de Buenos Aires, según explicó un informe de la asociación.
Desde esta columna se ha dicho, en forma reiterada, que el tema exige una atención absolutamente prioritaria, tanto desde el Estado como desde la propia comunidad. Los accidentes de tránsito se han convertido en una de las amenazas más graves contra la vida. Y nadie queda al margen, ni siquiera los peatones. Es hora, entonces, de reiterar un llamado a la acción para combatir esta amenaza.
El Estado debe garantizar que se cumplan las normas vigentes en materia de seguridad vial. Pero debe asegurar, además, las condiciones adecuadas de seguridad en rutas, autopistas, caminos y calles o avenidas urbanas, enfrentándose prioritariamente el fenómeno del exceso de velocidad. Pero los propios ciudadanos deben asumir como una obligación primordial el cumplimiento de las normas de seguridad vial. Se lo debe hacer en defensa de la propia vida, de los suyos y la de terceros. Y para ello es imperativo que se consoliden las campañas de concientización y se impartan en las aulas, a edades lo más tempranas posibles, fundamentos educativos que hagan a la mejor responsabilidad de las personas acerca de lo que significa el uso de la vía pública.
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