Hay que tener cuidado con atragantarse: un accidente frecuente

Cada vez es más frecuente que los departamentos de prevención sanitaria de distintos lugares del mundo pongan en marcha campañas para evitar muertes a causa de accidentes evitables.

Aparte de los accidentes de tránsito, que provocan cientos de miles de muertes de infantes cada año en las carreteras, están los imprevistos domésticos o en zonas de esparcimiento, que pueden acabar en tragedia, cuando no en graves lesiones internas o externas.

Un porcentaje superior al 20 por ciento de estos accidentes domésticos, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), son consecuencia de atragantamientos, asfixias o estrangulamientos, producidos con bolsas, globos, monedas o pequeñas juguetes, que se convierten en atractivos objetivos que impulsan a los pequeños a llevárselos a la boca.

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La dramática experiencia de contemplar a una persona adulta, o a un menor ahogándose es, desgraciadamente, tan habitual como cotidiana, aunque afortunadamente en la inmensa mayoría de los casos estas situaciones se resuelven satisfactoriamente.

El atragantamiento es un accidente que le pueden ocurrir a cualquiera. De hecho, el ex presidente estadounidense George W. Bush se atoró con una galletita que estaba comiendo mientras miraba una retransmisión deportiva por televisión en su habitación privada de la Casa Blanca.

Desde el punto de vista fisiológico, el atragantamiento se produce cuando un trozo de alimento o un cuerpo extraño se quedan atorados en la garganta o en la vía aérea, lo que impide que el oxígeno llegue a los pulmones y al cerebro.

La falta de oxígeno en el cerebro durante más de cuatro minutos puede provocar daño cerebral irreversible, un estado comatoso o la muerte, por lo que es primordial no perder la calma cuando se produce una situación de emergencia.

Lo más común es que el atragantamiento se produzca por un accidente, si bien es difícil que se produzca si se toman las precauciones adecuadas, como por ejemplo cortando los alimentos, incluidos dulces y golosinas, en trozos pequeños antes de llevarlos a la boca en el caso de los niños, y masticando muy despacio, sobre todo si la dentadura es postiza, y evitando reírse mientras se mastica y se traga, en el caso de los mayores.

Los síntomas principales del atragantamiento son cianosis (el color de la piel se torna azulado), imposibilidad de toser o respirar, y desvanecimiento. De manera instintiva la persona atragantada se lleva las manos al cuello dramatizando su angustia.

Lo primero que se recomienda en estos casos es retirar las manos del cuello de la persona atragantada y a continuación golpear su espalda para intentar que tosa lo antes posible y expulse el cuerpo extraño.

En caso de que las medidas no surtan efecto, la Asociación Americana del Corazón (AHA, en inglés) recomienda la maniobra de Heimlich, consistente en rodear con los brazos por detrás al atragantado y apretar el diafragma hacia dentro y hacia arriba.

Esta maniobra en la mayoría de los casos desata una tos forzada que empuja el aire hacia la tráquea desbloqueando la garganta del objeto que la obstruye. En caso de que la maniobra no de resultados la primera vez, se recomienda repetirla hasta que la tos forzada reabra las vías respiratorias.

Disfagia
Los atragantamientos también pueden obedecer a razones patológicas, como la disfagia, que es la dificultad para deglutir como consecuencia de procesos patológicos de la boca, faringe y esófago, entre ellos el cáncer. Existen diferentes tipos de disfagia, cada uno es provocado por distintas causas.
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