Enigmáticos “barriletes del desierto” de una meseta de Uzbekistán
| 24 de Septiembre de 2016 | 23:52
Especial para EL DIA
de National Geographic
Meseta de Ustyurt, Uzbekistán-- Poca gente ha visto los denominados “barriletes del desierto”, en Asia central.
Se trata de unas inusuales estructuras arqueológicas de, al menos, la era de Hierro.
Se encuentran en la enorme, remota y desolada meseta de Ustyurt.
Son hileras de rocas y tierra apiladas que dibujan esquemas geométricos sobre los pastizales durante más de un kilómetro y medio.
Es posible que estas estructuras pasen inadvertidas al caminar junto a ellas.
Sus paredes ruinosas, a veces de filas de piedras que no superan los 30 centímetros, desaparecen a la distancia.
ENIGMA
Rectas, curvas o zigzagueantes, parecen no tener ningún propósito aparente.
Sin embargo, los científicos que hoy estudian estas figuras crípticas están seguros de que éstas son monumentos colosales al ingenio, y la avaricia.
“Tienen más sentido vistas desde arriba”, aclara Shamil Amirov, arqueólogo que mediante imágenes satelitales está relevando estas ruinas colosales.
“La mayoría tiene forma de flecha. Las encontramos en cadena atravesando las rutas de migración de los antílopes. Probablemente sirvieran para dirigir a miles de animales hacia fosas de matanza”, puntualiza.
FORMAS
Los “barriletes del desierto” de Asia Central- así llamados por formas triangulares o romboidales descubiertas antes en Medio Oriente- eran como enormes generadores de proteínas.
Construidas a lo largo de generaciones por pastores nómadas hace aproximadamente 2,500 años, las estructuras encauzaban enormes números de animales. Por entonces, abundaban los animales ungulados (con pezuñas).
ESTRUCTURAS CRÍPTICAS
Los “barriletes del desierto” fueron observados por primera vez hace un siglo cuando los pilotos de la Primera Guerra Mundial hablaron de muros bajos que formaban polígonos, embudos y triángulos gigantes, en los abrasadores desiertos de lo que hoy es Jordania, Israel, Siria y Arabia Saudita.
Para algunos arqueólogos, la falta de artefactos asociados, como herramientas o viviendas, implica que eran lugares de culto.
Otros piensan que eran corrales prehistóricos para la domesticación de animales salvajes durante el Neolítico.
Llegaron a confundir al experto en Medio Oriente T.E. Lawrence quien al realizar un relevamiento arqueológico del desierto del Négev observó: “largas y enigmáticas paredes que, al igual que las que hay en el resto del Négev, parecen comenzar, continuar y terminar sin rumbo”.
Podrían ser corrales de camellos, concluyó débilmente.
FOTOGRAFÍAS AÉREAS
Gracias a la fotografía aérea y a los datos satelitales, se encontraron barriletes del desierto en un gran arco del Viejo Mundo, desde Medio Oriente hasta el Cáucaso y Asia Central.
Hasta la fecha, se identificaron 5.000 construcciones de este tipo.
El arqueólogo uzbeko Amirov, de la Academia Nacional de Ciencia de Uzbekistán, explica: “Estamos seguros de que eran trampas de caza porque aquí los pastores las siguieron usando hasta hace muy poco, un siglo atrás”.
En un informe publicado el año pasado, Amirov y sus colegas se maravillaron del ingenioso diseño de los barriletes del desierto de Uzbekistán.
Aunque fueron construidos a lo largo de más de mil años, hasta los primeros ingenieros- tribus de pastores que vagaron por las estepas en el siglo V a.C.- sabían que no eran necesarios los muros altos para controlar el movimiento de los animales: los antílopes, los burros salvajes y las gacelas evitarían toda estructura inusual, como filas de piedras o zanjas poco profundas.
PROCEDIMIENTO
Los nómadas levantaban dos hileras de piedras a lo largo de kilómetros que convergían en corrales de piedra con fosas de matanza.
Amirov descubrió docenas de barriletes del desierto dispuestos a manera de red a lo largo de cientos de kilómetros de mesetas al este del mar Aral.
Semejante proyecto de construcción sugiere una intensa actividad colectiva de parte de un gran número de nómadas antiguos.
Es probable que la cantidad de carne obtenida excediera las necesidades de consumo inmediato y que el excedente fuera objeto del trueque.
Hoy, esos “barriletes” siguen en pie con su boca en V apuntando al norte, a la espera de una migración fantasmagórica que nunca llega.
EMBUDOS PARA MANADAS
Un espectacular barrilete del desierto de Siria, de 5.500 años, aportó algunas claves: a partir de miles de restos óseos de patas de antílopes desenterrados en un lugar llamado Tell Kuran, se calculó que las trampas de caza de Medio Oriente- donde una cadena de barriletes del desierto se extiende a lo largo de 60 kilómetros en Jordania- pudieron haber diezmado ungulados como la gacela persa.
Lo que quedó de esa especie desapareció en el siglo XIX con la llegada de las armas de fuego a la región. ”Los barriletes del desierto nos informan sobre las antiguas rutas de migración”, afirma Olivier Barge, arqueólogo francés que analizó más de 140 barriletes del desierto al oeste de Kazajistán.
Los arqueólogos kazakos y uzbekos coinciden en que hace apenas 25 años había decenas de miles de saigas en la meseta compartida de Ustyurt. Con la caída de la Unión Soviética y el aumento de la caza furtiva además de la construcción de límites fronterizos marcados con alambre de púa y los gasoductos, quedan apenas unos pocos miles. Ambos países luchan por salvar sus manadas con medidas de conservación urgentes.
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