No puede menos que suscitar satisfacción el hecho de que casi medio millar de jóvenes hayan egresado este año de la Escuela de Oficios de la Universidad Nacional de La Plata, en lo que resulta ser un aporte valioso para la formación e inserción laboral de esos estudiantes y un beneficio para la sociedad.
Se está hablando de una rama educativa que se impuso en la Argentina a mediados del siglo XIX, de la mano de la escuela pública, aún cuando, con posterioridad y especialmente en las últimas décadas, sufrió una progresiva decadencia.
Los jóvenes fueron diplomados, entre otros, en los cursos de electricista; mecánica del automotor; repostería artesanal; gasista; reparación de PC; carpintería; cocinero para restaurante; peón-vareador; mantenimiento de parques; soldador; cuidador de adultos mayores; auxiliar en instalaciones sanitarias; mantenimiento de edificios; costura; cerrajería y herrador de caballos.
Del acto presidido por las autoridades de la UNLP, participaron directivos de la Fundación Florencio Pérez, entidad que colabora con la Escuela de Oficios desde su creación, la Federación de Instituciones Culturales y Deportivas, que tramitó la alternativa de que una veintena de clubes de la Región ofrezcan sus sedes para el desarrollo de los cursos y de la subsecretaría de Educación bonaerense.
Estadísticas recientes determinaron que casi un 20 por ciento de los adolescentes abandonan sus estudios y, entre quienes no lo hacen, más de la mitad muestra un conjunto de conocimientos y destrezas que no supera los niveles mínimos requeridos para desempeñarse en el mercado laboral.
El problema atañe a todo el sistema educativo. En este sentido, el rol cumplido en décadas pasadas –inclusive, desde fines del siglo XIX- por las siempre añoradas escuelas de artes y oficios resultó trascendente. No sólo no debiera subestimarse la importancia que tiene la formación de jóvenes en rubros que -como los de cocina, peluquería, carpintería, albañilería, mecánica , plomería y electricidad, entre otros- pueden garantizarles excelentes salidas laborales, sino que debería verse en ella una política inclusiva, social y educativamente de primerísimo nivel.
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