Batidor de huevos, bowl, rallador de queso, colador...todo vale a la hora de hacer malabares para Claudio Leguizamón. El joven, con chaqueta de chef, eligió ayer la esquina de 7 y 50 para mostrar su habilidad con los utensilios de uso culinario más allá del ámbito de la cocina, otro de los espacios donde, asegura, también puede demostrar su destreza. Esa, en los semáforos, es otra de las formas con las que se gana la vida (también fabrica elementos circenses). “Hay que poner energía y buena onda porque de otra manera los conductores no te dan plata”, confesó mientras esperaba que otra luz roja lo habilitara al conchabo.
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