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La bailarina que miraba con el alma: adiós a Alicia Alonso, la dama del ballet cubano

La prima ballerina de la isla del Caribe fue la artista que más perduró en escena: recién se bajó del escenario en 1995

La bailarina que miraba con el alma: adiós a Alicia Alonso, la dama del ballet cubano

Alicia Alonso pasó su vida al frente del Ballet Nacional de Cuba, un “milagro” para la prensa occidental

18 de Octubre de 2019 | 04:00
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Alicia Alonso, la gran dama del ballet cubano que se mantuvo en los escenarios por 75 años y fue un ícono de la lealtad artística al sistema socialista en Cuba, falleció ayer, a los 98 años.

De singular rostro, expresivo perfil en punta y técnica dancística inigualable, con su personalidad carismática atrajo el amor, pero también el odio. Tuvo fama de mujer despiadadamente exigente y enemiga de aquellos que se cruzaban en sus decisiones al frente del Ballet Nacional de Cuba, una relación que comenzó muy joven y se sostuvo hasta el final de sus días.

Pero ante todo, fue la pasión desbordante lo que impulsó su vida: “Arte, maestría y sufrimiento, las tres cosas que marcaron mi carrera”, sintetizó la prima ballerina assoluta de Cuba. Tenía una energía que la catapultó hacia la fama alejándola del retiro más allá de lo posible. “No vamos a poner el límite (a la existencia) a 200 años, vamos a ver lo que dice la ciencia... ¿Usted se cansa de vivir? Yo no”, dijo entonces la diva en la misma entrevista.

Nacida el 21 de diciembre de 1920 en La Habana, Alonso inició su formación artística en 1931 en la Escuela de Ballet de la Sociedad Pro-Arte Musical. Poco después se trasladó a Estados Unidos para estudiar en la School of American Ballet. “Me agarré de una barra... y encontré lo que más me gustaba en el mundo”, contó alguna vez.

Hasta entonces era Alicia Ernestina de la Caridad del Cobre Martínez, pero en 1936 se casó con su colega y compatriota el maestro Fernando Alonso y conservó por siempre el apellido de él, incluso después de divorciarse.

Debutó profesionalmente a finales de la década de 1930 en Broadway, trabajando en comedias musicales antes de incorporarse al Ballet de Nueva York en tiempos donde el ballet no tenía gran tradición en EE UU: “Fuimos los primeritos”, contaba ella. A partir de allí su carrera cosechó toda clase de éxitos interpretando los papeles más destacados del repertorio clásico y romántico junto a los grandes de la coreografía mundial: Mijail Fokine, George Balanchine, Leonide Massine, Bronislava Nijinska, Antony Tudor, Jerome Robbins y Agnes de Mille.

Su preocupación por desarrollar el arte de las puntas en Cuba la llevó en 1948 a fundar en La Habana el Ballet Alicia Alonso y dos años después la Academia Nacional de Ballet. Poco a poco fue ganándose un prestigio que para algunos jóvenes rozó el pánico a su figura.

En medio de la agitación política del gobierno de Fulgencio Batista, Alonso se negó a bailar en la isla mientras el dictador estuviera en el poder. En 1957 inició una gira por la Unión Soviética y en 1959, tras el triunfo de la revolución, volvió a Cuba para consolidar el Ballet Nacional, considerado un verdadero milagro por los críticos del mundo occidental.

“Me agarré de una barra... y encontré lo que más me gustaba en el mundo”, contaba

 

Pero en paralelo, Alonso fue perdiendo cada vez más visión. Varios desprendimientos de la retina dejaron a la bailarina viendo apenas luces y sombras la mayor parte de su vida. Fuera del escenario, empero, siguió montando coreografías, decidiendo cada gira y cada programa de la compañía.

Según Fidel Castro, lo que realizó Alonso con el Ballet Nacional de Cuba “fue como la mano de seda que despertó el genio dormido en el fondo del alma de nuestro pueblo”.

“Nunca olvido lo que me contaste un día sobre el oído que te permite seguir el ballet, con los ojos cerrados, por las leves pisadas de las zapatillas... No te imaginas cuánto admiro tu capacidad de preservar y dominar la inteligencia privilegiada que te acompaña... Tu mérito es muy grande”, le escribió en una carta.

Su retiro definitivo del escenario se anunció el 29 de diciembre de 1995, al bajar el telón tras una presentación de “Farfalla”, en la ciudad italiana de Faenza, aunque siguió al frente de la compañía. “En la historia yo soy la bailarina que más tiempo ha durado en la escena”, contó Alonso con una sonrisa de satisfacción.

 

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