EDITORIAL

Imperdonable ola de robos en los hospitales de la Región

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Si bien la inseguridad es un fenómeno que afecta a toda la población y a los distintos quehaceres sociales, existían hasta hace no mucho lugares que parecían liberados de ese flagelo. Así, entre ellos, podría hablarse de los hospitales, las escuelas, museos o templos de distintas religiones, al que los malvivientes parecían mantener apartados de sus rutinas delictivas. Sin embargo, en los últimos tiempos tales instituciones también se encuentran incluidas como blancos de robos y asaltos por parte de personas que, por lo visto, no encuentran límite moral alguno y acometen contra bienes comunes de los cuales depende la vida, la salud, la educación o el bienestar espiritual de la población.

Así, tal como lo puso de relieve una nota publicada en este diario, ahora se viene presentando en la Región una preocupante seguidilla de robos en centros de salud. De un tiempo a esta parte, los hechos de inseguridad se han ensañado contra distintos hospitales. Anteayer, a la larga la lista de episodios análogos, se sumó el robo de un ecógrafo del Hospital de Niños “Sor María Ludovica”, que fue sustraído de una de las salas del área de Diagnóstico por Imágenes.

Tal como se detalló, además de haber sido los médicos, enfermeros y otro personal auxiliar del nosocomio quienes exhibieron su preocupación, las redes sociales fueron la primera caja de resonancia del suceso. Con el correr de las horas y a medida que se fue conociendo el hecho, los propios médicos y trabajadores del hospital comenzaron con cadenas y estados en WhatsApp a divulgar un mensaje, alertando lo sucedido y detallando datos del aparato. Explicaban que el equipo robado es un ecógrafo Mylab Gold, cuyo valor, consultadas las fuentes, no pudieron precisar.

Uno de los profesionales consideró que los que roban equipamiento son gente especializada. En el Español –añadió- hace mes y medio se robaron los transductores de un ecógrafo pero que para sustraerlos hay que saber cómo desconectarlos y que puedan utilizarse en otro ecógrafo. Este caso se suma a otros episodios de inseguridad recientes en centros de salud. Días atrás fueron los trabajadores del Hospital Larraín, en Berisso, quienes expresaron su preocupación. Igual inquietud llegó, el mes pasado, desde el San Martín.

Resulta claro que la policía debe actuar frente a esta ola orquestada de robos y para ello cuenta no sólo con testimonios valederos, sino con las filmaciones tomadas por las cámaras. Los dos parecen ser aportes muy valiosos para la investigación de estos episodios y la posterior identificación de los delincuentes.

Cabría recordar que en agosto de 2014 el gobierno provincial había anunciado que se reforzaría la seguridad en los hospitales bonaerenses, para evitar entonces los reiterados actos de violencia en perjuicio de los médicos y enfermeros, aunque, al igual que en otras oportunidades, las medidas adoptadas no se mostraron eficaces en absoluto.

No debiera ser preciso enfatizar acerca de la necesidad de que los hospitales, por el valor científico de sus equipamientos, por la función que cumplen, por la condición en que se encuentran quienes están allí internados, dispongan en pleno con la aparatología médica y, en general, cuenten con las máximas y absolutas condiciones de seguridad.

Sólo cabe esperar, por consiguiente, que las autoridades provinciales reimpulsen todas aquellas medidas que puedan alcanzar la eficacia suficiente como para aumentar en forma sensible los márgenes de seguridad en los hospitales. Esta inexplicable ola de robos debe ser neutralizada por el accionar policial que, desplegando básicas tareas de inteligencia y de investigación, podría en poco tiempo devolverles a los centros de salud la tranquilidad y las garantías que merecen.