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LAS FOTOS INAUGURALES DE LA ARGENTINA

Una muestra imperdible en un salón de Puerto Madero

Una exposición singular en el Pabellón de las Bellas Artes de la Universidad Católica en Buenos Aires. El primer asado criollo, la primera mateada junto al fogón, la primera esquila. La técnica de los ambrotipos aplicada hace 160 años

El asado de campo; una tradición argentina que, logicamente, quedó en la historia de la fotografía

Una vista panoramica de la estancia “los yngleses” (SIC), que se le atribuye a George Corbett

Thomas y ernest gibson con peones de estancia /Colección Boote

Esquila en la estancia “Los yngleses”

George Corbett y su familia

Por MARCELO ORTALE

marhila2003@yahoo.com.ar

“Aquí exponemos seis ambrotipos (fotografías) sacadas en el campo bonaerense que son imágenes captadas del primer asado criollo, del primer mate junto al fogón, de los primeros carruajes y las primeras esquilas en la Argentina”, explica la licenciada Cecilia Cavanagh, directora del Pabellón de las Artes de la Universidad Católica Argentina.

Esas tomas fotográficas, dinámicas, redimidas del quietismo de los daguerrotipos, son como ventanas que permiten mirar nuestro pasado. El pabellón expone esos extraordinarios destellos visuales del país que, superada la etapa de Mayo y la anarquía de las guerras civiles, iniciaba el período de la organización nacional. La autoría de los llamados ambrotipos se atribuye al escocés George Corbett, encargado en ese entonces de la naciente estancia “Los Yngleses”, ubicada en la zona del Tuyú, en donde fueron tomadas las imágenes.

Esa muestra se encuentra acompañada por una selección de fotografías del campo argentino y de ciudades nacientes, como La Plata y Mar del Plata, tomadas por los hermanos Samuel y Arturo W. Boote. Una de las fotos de los Boote refleja a la Casa de Gobierno bonaerense a medio construir, enfrentada al potrero que luego se convertiría en nuestra Plaza San Martín.

“Ellos fueron los más prolíficos productores de álbumes fotográficos con vistas y costumbres de la Argentina y quienes más provincias abarcaron en expediciones fotográficas, emprendidas por iniciativa propia o por encargo”, agrega Cavanagh, a cargo de esta inédita muestra de 42 fotos que permanecerá abierta hasta el 28 de este mes. El pabellón de la UCA se encuentra sobre Puerto Madero, en la avenida Alicia Moreau de Justo 1300 y está abierto de martes a domingo, de 11 a 19.

Cavanagh, que aconseja la lectura de los muy documentados libros que décadas atrás y sobre las primeras estancias argentinas escribió el citybelense Carlos Moncaut, destaca que la estancia “Los Yngleses” fue adquirida en 1825 por Gibson Sons & Co y que su primer majada de ovejas criollas se estableció tres años después.

“Construyeron uno de los primeros bañaderos, si no el primero, para bañar ovejas, curando la sarna con el producto del tabaco que se cosechaba en la misma estancia e importaron la primera prensa de lana que hubo en el país para enfardarla. Allí trabajó Corbett desde 1855, comenzó a hacerlo como aprendiz y terminó demostrando su capacidad como administrador y a él se atribuye la autoría de los seis ambrotipos de la muestra”, dice la directora del pabellón, que destacó que los Gibson se convirtieron en esas épocas pretéritas en exportadores de lana a Amberes, en tanto que también abrieron una casa exportadora en Singapur.

LOS AMBROTIPOS

El curador de la exposición, junto a su hermano Axel, es Abel Alexander, presidente de la Sociedad Iberoamericana de Historia de la Fotografía. “La muestra “Ambrotipos”, que se está exhibiendo en el Pabellón de las Bellas Artes de la UCA puede ser considerada un verdadero milagro en el campo de la fotografía histórica argentina”, señala.

“En todo investigador fotográfico subyace el sueño de descubrir en el seno de un archivo o colección aquella imagen especial que, por su extrema rareza, belleza o importancia documental, se convierta en un auténtico hito en la historia de la fotografía. Tal día llegó cuando, en junio de 1999, pudimos apreciar seis vistas de exteriores realizadas por el antiguo proceso conocido como ambrotipo en la mítica estancia bonaerense Los Yngleses, ubicada en el Rincón del Tuyú, actual partido de General Lavalle”, añadió.

Continuó señalando que hasta esa fecha solamente conocían nueve vistas urbanas del país, ejecutadas al daguerrotipo todas documentando el centro de la ciudad de Buenos Aires, atesoradas en el Museo Histórico Nacional, “pero nunca había aparecido ni un solo registro de exteriores en la modalidad técnica del ambrotipo y mucho menos sobre inusuales registros de tipo rural”.

Explicó luego que el elevado precio de los daguerrotipos, surgidos en París en 1839, llevó a diversos precursores a buscar técnicas fotográficas más económicas: “una de estas soluciones fue aportada por el surgimiento de los ambrotipos, proceso patentado en 1854 por el estadounidense James Ambrose Cutting, gracias al adelanto de los negativos al colodión húmedo. El ambrotipo es de hecho un negativo de vidrio subexpuesto, el cual colocado sobre un fondo oscuro, se convierte por reflexión de la luz en una imagen positiva; hacia la época fueron encapsulados y presentados en los mismos estuches y marcos que los clásicos daguerrotipos”.

La historia de la literatura y la pintura argentinas está poblada de escritores y pintores que dejaron preciosos testimonios del paisaje y de las costumbres del nuevo y pujante país sudamericano. Pero, en este caso, se habla del propósito plasmado por un escocés “argentinizado” que dejó el primer testimonio fotográfico de la llanura argentina y de sus habitantes.

El ambrotipo estrella de la muestra en la UCA es la que muestra a un grupo de paisanos en torno a una carne que se hace a leña, al asador, es decir a la única usanza que conocían los gauchos y paisanos de entonces. “En pleno invierno, unos quince hombres se encuentran reunidos junto al fuego acogedor, rodeados de damajuanas de buen vino y con el infaltable mate criollo pasando de mano en mano. Por su potencia y representatividad la consideramos, definitivamente, como la mejor imagen de la muestra”, dice Alexander.

El ambrotipo estrella de la muestra es un grupo de paisanos en torno a un asado

 

En cuanto al asado hecho al hierro o al asador, correspondería aquí recordar que el “asado a la parrilla” –tal como lo hace hoy la mayoría de los argentinos- no tiene origen en nuestro país, sino que fue ideado (esa sería la palabra) por los genoveses que llegaron a fines del siglo XIX al barrio de la Boca.

Historiadores de esa inmigración dicen que en la Liguria original, los genoveses acostumbraban a comer bellotas y verduras hechas sobre una piedra plana –llamada “asai” en el lenguaje de esa región- bajo la cual colocaban ramas secas para hacer el fuego. Cuando llegaron a la Boca no encontraron a disposición ese tipo de piedras, de modo que, luego de búsquedas alternativas, terminaron por idear las parrillas de hierro. Y como tampoco había bellotas ni las verduras típicas de Génova, la cambiaron por carne que era lo que aquí sobraba.

De todos modos, desde aquella época inicial y décadas después los genoveses recuperaron aquella piedra original y fueron los creadores en América de la también famosa pizza, fugazetta o fainá a la piedra. El asado criollo típico, en cambio, es al asador a la cruz, es decir ensartando la carne en un hierro vertical que se cocina a la llama.

LOS DETALLES

Los seis ambrotipos dejan a la vista la “sociabilidad” típica de los asados, con aquellos paisanos rodeando el fuego, mateando y conversando. Otros dos ambrotipos retratan el casco de la estancia “Los Yngleses”, con construcciones de llamativa precariedad, propias de una austeridad que debió haber resultado esencial para iniciar una actividad productiva.

Los historiadores y otros especialistas pueden rescatar, asimismo, el grado de laboriosidad que refleja el ambrotipo “Esquila”, una actividad lanera promovida por productores incipientes que llegaron a operar como exportadores en Europa y Asia, en épocas privadas aún de todo tipo de transporte de cargas que no fuera el de las carretas, para llegar con sus producciones a los puertos. Más alla de las consideraciones sociológicas que puedan realizarse, “la imagen de la esquila es el registro más antiguo de una actividad económica colectiva que se conserva en el país”, dice Alexander.

El ambrotipo “George Gibson y familia” muéstra una escena del grupo familiar y atrás un carruaje de gran altura, que confirma, si se quiere, la visión que tuvo Borges del vehículo que transportaba a Facundo Quiroga hacia Barranca Yaco: “un galerón enfático, enorme, funerario”.

La colección de imágenes que ofrece en estas jornadas el Pabellón de las Bellas Artes de la UCA permite no sólo disfrutar de una documentación inédita, sino conocer más del pasado, explorarlo e imaginarlo con mayor autoridad.

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