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NUTRIENTES CLAVE PARA LA SALUD

Falta de grasas esenciales en la dieta, la deficiencia nutricional más común

Especialistas advierten que la mayoría de la gente no consume suficientes ácidos grasos esenciales. Qué son y dónde se encuentran

“Mucha gente se preocupa por la falta de calcio, hierro y vitaminas, pero nunca imagina que una carencia crítica de su dieta está en las grasas. Los ácidos grasos lideran en deficiencia nutricional”. Jimena Jamardo Magister y Licenciada en Nutrición

Por: NICOLÁS MALDONADO
 

nmaldonado@eldia.com

Si bien cuando se habla de grasas, la mayoría de las personas suele pensar en alimentos con muchas calorías y pocos nutrientes como frituras y snacks, lo cierto es que no todas las grasas hacen mal. Algunas de ellas, de hecho, resultan indispensables para la salud. Es el caso de los ácidos grasos esenciales, cuya ingesta insuficiente -advierten especialistas- constituye el déficit nutricional más común en nuestra población.

“Mucha gente se preocupa por la falta de calcio, hierro y vitaminas, pero nunca imagina que una carencia crítica de su dieta está en las grasas. Los ácidos grasos lideran en deficiencia nutricional”, sostiene la licenciada Jimena Jamardo, quien habla de “una revolución de las grasas” al referirse a la necesidad de “dejar de demonizarlas en conjunto como si fueran todas igual”.

“Es importante reconocer que así como hay grasas que dañan nuestra salud, también hay grasas que la fortalecen, como los ácidos grasos esenciales. Son ‘esenciales’ justamente porque resultan indispensables para el funcionamiento del organismo, que no los puede sintetizar por sí mismos. Por eso deben formar parte de nuestra dieta habitual”, explica la nutricionista en referencia a los ácidos linoleico y linolénico, más conocidos como Omega 6 y Omega 3.

SATURADAS E INSATURADAS

Contra la mala prensa que han tenido durante años las grasas en general, los especialistas en nutrición plantean hoy la necesidad de distinguir aquellas cuyo consumo excesivo resulta nocivo de las que, por el contrario, deben estar presentes habitualmente en nuestro menú. En este sentido hablan de grasas saturadas e insaturadas.

Mientras que el consumo regular de grasas saturadas (las que provienen de las carnes, quesos, huevos, manteca, entre otros alimentos ) daña el sistema cardiovascular, la ingesta de grasas insaturadas (presentes en los aceites de oliva, de girasol y de maiz) ofrece múltiples beneficios para la salud. En este último grupo se incluyen los ácidos grasos esenciales, que constituyen un componente vital.

“Los ácidos grasos esenciales contienen nutrientes fundamentales para muchos procesos metabólicos y funciones vitales, como el correcto funcionamiento del cerebro, el sistema inmunológico y el corazón. Además ejercen un efecto depurativo sobre el organismo, nos protegen de los daños causados por las grasas duras, disminuyen el colesterol, lubrican las articulaciones, limpian el hígado y permiten establecer un equilibrio hormonal”, detalla la licenciada Jamardo desde el Centro de Nutrición y Salud Nutrihouse.

Entre los alimentos que contienen ácidos grasos esenciales que la población no consume en la cantidad suficiente, la nutricionista menciona los vegetales verdes, los frutos secos, el germen de trigo, diversas semillas (lino, chía, sésamo, calabaza y girasol) y varios pescados de mar.

“Los aceites que contienen los pescados de mar aportan dos ácidos grasos sumamente importantes para la salud de los ojos y del cerebro. Estos son especialmente abundantes en el salmón, las anchoas, la caballa y el atún, pero también en las merluzas y las brótolas que se obtienen en los mares argentinos”, comenta la licenciada en Nutrición.

En cuanto al impacto que el consumo habitual de estos alimentos puede tener sobre nuestro peso, no debería ser motivo de preocupación. “Si bien todas las grasas aportan calorías (unas 9 por gramo), las polinsaturadas, al intervenir en los procesos metabólicos, no se depositan en el tejido adiposo si se ingieren en las cantidades adecuadas”, explica Jamardo, quien sostiene que no hay que demonizar las grasas sino mejorar la calidad de las que incluimos en nuestro menú.

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