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“Fue la única Copa que ganamos en La Plata y ante un equipazo”

Hoy se cumplen 50 años del título conseguido frente a Nacional de Montevideo. El Bocha hizo goles, en Uruguay y aquí

“Fue la única Copa que ganamos en La Plata y ante un equipazo”
Martín Cabrera

Por: Martín Cabrera
mcabrera@eldia.com

21 de Mayo de 2019 | 03:22
Edición impresa

-¿Qué tuvo de diferente esa copa respecto a las otras?

-Que la ganamos acá. Fue una alegría inmensa.

Eduardo “Bocha” Flores camina por la tribuna de la calle 55. Se pasea, mira y bucea por la memoria. Está feliz por su pasado, pero también por este presente. Se cumplen hoy 50 años del bicampeonato de América conseguido por Estudiantes, del cual fue actor protagónico, mientras prepara su regreso simbólico a las canchas, cuando el 9 de noviembre se inaugure el nuevo estadio, ahí, donde hace medio siglo marcó el gol de cabeza que condujo a su equipo a trepar nuevamente a lo más alto de la Copa Libertadores.

Tal como remarca el delantero que jugó de 9, por derecha e izquierda, fue de las pocas celebraciones del Pincha a lo largo de su historia en La Plata. Con Osvaldo Zubeldía todas las consagraciones fueron de visitante o en campo neutral. Lo mismo en los torneos en la década del ‘80 y la Libertadores 2006. La de 1969 se terminó en La Plata, en 57 y 1.

“Para destacar el enorme rival que tuvimos enfrente. Era un equipazo. Desde su arquero Manga, pasando por Julio Montero y Luis Cubillas. Era el favorito, pero ganamos nosotros”, empezó su diálogo con este medio.

Estudiantes ganó la primera final en Montevideo el 15 de mayo. Fue 1-0, por el gol del propio Flores de tiro libre. Faltaban 24 minutos y el Bocha sorprendió a todos de tiro libre.

-¿Ganar de visitante les dio más de medio trofeo?

-No, para nada. A ese nivel nunca podés creer que tenés las cosas ganadas. Jugamos la revancha con los dientes apretados como si no hubiese pasado nada. Ellos, de verdad, tenían un equipo bárbaro. Tenían 8 jugadores de selección. Debíamos ganar el partido, o al menos empatarlo.

-¿Les había servido el golpe del Toluca unos meses antes, que en la final de la Interamericana les ganó en La Plata luego de haberles ganado en México?

-Sí, totalmente. Esa experiencia nos sirvió mucho. En México ganamos y nos confiamos. Perdimos 2-1. No era un mal equipo y lo sufrimos en nuestra cancha. Tuvimos que ir a definir en un tercer partido que se jugó en Montevideo. Les metimos tres. Nunca te podés confiar con equipos así.

-¿Se había enojado Zubeldía esa noche de la derrota contra Toluca?

-Ufff. Los entrenamientos los días posteriores no terminaban nunca (risas). El no decía nada, pero por dentro sabíamos que estaba enojado porque habíamos subestimado al rival.

En semifinales el Pincha había barrido a la Universidad Católica de Chil. Ganó los dos partidos 3-1, primero en Santiago y luego en La Plata. En la final lo esperó el Tricolor, con la espina de haber perdido dos definiciones, en 1964 ante Independiente y en 1967 contra Racing.

“El partido era parejo, pero lo veníamos controlando bien. A los 20 tenemos un tiro libre a favor, cerca del área. (Raúl) Madero amaga a patear y me la toca cortita. En la barrera estaba Carlos (Bilardo) y los rivales se distraen. El arquero también. Le pegué un zurdazo que sorprendió a Manga. Gol”, resume con total naturalidad.

-Esa jugada de un futbolista rival en la barrera hoy es totalmente aceptado, pero en esa época no. ¿Casi que lo inventaron ustedes?

-¿Casi? Lo inventamos nosotros (se ríe). En realidad Osvaldo Zubeldía. Los años que vivió lo hizo pensando en el fútbol. Era un gran estudioso. Lo mismo que años más tarde Bilardo. Son personas especiales que ven detalles del fútbol que para la mayoría son imperceptibles.

Estudiantes se volvió de Montevideo con un triunfo y algo más. Por más que Eduardo Flores no lo quiera admitir, el 1-0 le había dado otro semblante al equipo. La revancha en 57 y 1, jugada el 21 de mayo, terminó de confirmarlo.

-A los 22 minutos usted liquidó la historia...

-Se produjo una infracción de ellos sobre el lateral izquierdo de nuestro ataque. Madero hizo el tiro libre. La pelota viene abierta y en el borde del área chica le di fuerza con el cabezazo. Primero pensé que no entraba, pero la pelota agarró un efecto, pegó en el palo y se metió adentro. Tuve un poco de suerte. Un delantero muchas veces busca la jugada pero no siempre se da. Un día contra Newell’s mi remate pegó en los dos palos y se fue. Esa por suerte no. Fue un gol que valió buena parte del campeonato. Abrimos el marcador y nos tranquilizamos.

“Unos minutos después llegó el gol de Marcos (Conigliaro). Es otro centro desde la izquierda sobre el arco de 55. Se la baja y le rompe el arco”, recuerda mientras toma un mate cedido por su amigo el Ruso Ferrín, dos años menor y que, según él, si no hubiese sido por una lesión habría llegado a triunfar en Primera.

-¿Qué protestaban los jugadores uruguayos?

-No sé, tendrían ganas de correr (risas). Tal vez se hayan quejado de algún empujón, pero nunca lo supe. El que protesta nunca es el que hace el gol.

-¿En mayo del ‘69 ya habían dejado de ser un equipo simpático para la prensa de Buenos Aires?

-Sí. Cuando ganamos la primera copa se acabó. Los medios de Buenos Aires se quejaban que no vendían tanto como con Boca, River o Racing que en esa época tenía un equipazo.

-Pero ustedes duraron más, ¿por qué?

-Porque vivíamos en La Plata, lejos del ruido, los vicios y las tentaciones. Estábamos mucho tiempo concentrados y tuvimos, por sobre todas las cosas, un entrenador con mayúsculas, Osvaldo Zubeldía. El nos cuidaba y vivía con nosotros.

-¿Se festejó mucho esa consagración?

-Sí, pero al día siguiente nos juntamos a entrenar porque teníamos un duelo ante River muy importante. Festejamos en el vestuario entre nosotros y algunos allegados, entre ellos Passarello, que era carnicero y llevaba la carne para el asado.

-¿Esa copa se celebró menos que la anterior y más que la siguiente?

-No, todas las festejamos igual. Queríamos ganar todo porque no sabíamos cuándo íbamos a volver a tener esa posibilidad de jugar una competencia así. Las tres que ganamos las jugamos igual. Y también la que nos tocó perder. Ganarlas te daba la posibilidad de jugar la copa del mundo, lo máximo para todo futbolista.

En el final habla de su presente. Reconoce que ya empezó a trabajar en el gimnasio para poder jugar unos minutos el 9 de noviembre (“ojalá no me falle la rodilla”, suplica) y cuenta con orgullo este presente. “Hace unos años salía de mi casa y nadie me decía nada. Hoy voy al almacén y me gritan ‘vamos Bocha’ o me piden una foto. No lo puedo explicar. Así de lindo es Estudiantes”.

Multimedia

El Bocha en 57 y 1, detrás del arco donde le hizo el gol a nacional, hace 50 años / Dolores Ripoll

Eduardo Flores posa con la misma copa que levantó hace 50 años

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