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Conciencia ecológica

Ola verde en la Ciudad

Cada vez son más quienes suman prácticas amigables con el medio ambiente para reducir el consumo de plásticos y generar menos residuos. Una tendencia que crece entre los jóvenes con mini huertas, composteras de balcón y el uso de productos orgánicos de todo tipo

María Sol Dellamea en un plenario sobre la producción de alimentos con agrotóxicos en San Andrés de Giles

Adriana Santoro muestra su arsenal de productos ecológicos: limpiador multiuso casero, crema corporal orgánica, servilletas de tela, masajeadores faciales de hilo, y hasta un cepillo de cerdas naturales

Por MARÍA LAURA LÓPEZ SILVA / Fotos CÉSAR SANTORO

vivirbien@eldia.com

La contaminación del planeta es un hecho. Aire, agua y suelo sufren los daños que las grandes industrias le han hecho con sus producciones a gran escala que entran en el circuito del consumismo voraz.

Pero además de las empresas y organismos oficiales, en este asunto también juega un papel importante el rol de cada ciudadano en su vida cotidiana. ¿Cuánto hacen los vecinos para cuidar el medio ambiente?

Una recorrida por tiendas de venta de productos orgánicos de la Ciudad marca que hay una tendencia a incorporar hábitos sustentables en el día a día: “Tenemos un montón de clientes fijos y siempre se suma uno nuevo que busca probar algo. Piden productos que no se prueben en animales, libres de químicos y que no tengan packagin de plástico”, destaca Amparo, una de las fuentes consultadas.

Este público crece de la mano de los jóvenes en general, con una amplia mayoría de mujeres, donde hasta muchas madres van con sus hijos a elegir la vianda saludable para llevar a la escuela.

Del boca en boca y con una búsqueda en redes, donde ahora todos comparten su vida, resulta que hay muchas personas que tienen hábitos sustentables entre las diagonales y un poco más allá también.

Celeste Agüero (38) es licenciada en comunicación visual y comenzó a llevar una “vida eco” casi por obligación. “Desde los 13 años empecé a dejar de comer comida con conservantes porque soy alérgica. A raíz de eso mi mamá mama hizo un curso de nutrición natural donde se enteró de cómo se procesan los alimentos, así que todas las comidas pre hechas desaparecieron en casa”.

Eso la hizo pensar en una vida más natural, porque los tratamientos químicos no están sólo en lo que se come, sino también en el agua y los productos de higiene personal.

“Separo los residuos, tengo un compost y hará unos cuatro años me compré la copita menstrual para dejar de usar las toallitas descartables. Además incorporé un filtro de agua porque el cloro no es bueno para consumir”, enumera Celeste que además usa shampoo sólido, cepillo de dientes de bambú y busca cremas corporales sin parabenos. “Es para no meterle tantas porquerías al cuerpo. Porque además el proceso de industrialización de estos productos es muy contaminante”.

Esta diseñadora de City Bell utiliza bolsas de tela para ir al supermercado, pero además suele comprar ropa usada e intercambia distintos productos.

“La idea es dejar el planeta mejor de lo que lo recibimos. O al menos no empeorarlo, y muchas de estas cosas empiezan por casa con las decisiones cotidianas”, explica y aclara: “Pero igual tampoco hago grandes sacrificios. Tengo auto, que para muchos es un pecado capital”.

“Los hábitos ecológicos que he ido incorporando son comprar ropa de segunda mano, reducción de uso de plásticos, reciclar o reutilizar las cosas hasta que cumplan su ciclo útil”, cuenta Federico Muzotto (29), mecánico dental y fotógrafo, que dice que “lo más importante que mantengo en el día a día es la alimentación vegetariana, en lo posible libre de agrotóxicos”.

“Lo que me hizo ser consciente de la importancia de esto fue la experiencia directa de conocer gente que había pasado por enfermedades terminales y las habían superado gracias a modificaciones en su dieta y su estilo de vida. Otro de los motivos es que se están desmontando bosques enteros para la producción ganadera y además, está el maltrato animal”, argumentó y citó tres documentales que le hicieron abrir los ojos: Antes que sea tarde, de Martin Scorsese; Sostenible, de Matt Wechsler y Annie Speicher; y Viaje a los pueblos fumigados, de Pino Solanas.

@lesswasteargentina es la cuenta de Instagram de Adriana Santoro (42), una bibliotecaria que muestra allí los cambios de hábitos sustentables que incorporó desde septiembre de 2017.

En sus posteos, Adriana sube fotos donde cuenta que hizo bolsas de tela para comprar productos sueltos, cosió pañuelos y servilletas de tela para dejar de consumir las de papel, reutiliza las hojas impresas a simple faz, no compra nada envasado en plástico y usa productos de higiene orgánicos que viene en frascos de vidrio para poder rellenarlos una vez que se acaban.

“Empecé por los cambios que me parecían más fáciles de incorporar y mantener”, explica y da más ejemplos de todo lo que modificó: “Si compro comida, pido que me la den en sobres de papel y sino llevo un tupper; hice un curso para hacer mis propios productos de limpieza o opto por los que se venden sueltos para recargar envases. Uso toallitas higiénicas de tela, pilas recargables y reloj de pulsera a cuerda”.

¿Algo más? Sí. Adriana tiene una compostera y separa los residuos. “No los saco en la bolsa verde a la calle, porque no sé si realmente los reciclan. Cada dos o tres meses armo un paquete con los papeles, cartones, plásticos y vidrios que junto y los llevo al Punto Azul del colegio Liceo”.

Además de incorporar muchos de estas prácticas saludables para el planeta, María Sol Dellamea (40) es abogada ambientalista. Da charlas y asesora sobre los perjuicios que traen el uso de los pesticidas. “Mis abuelos eran de campo y me crié sabiendo de la importancia que tiene el cuidado de la tierra para obtener productos naturales y de buena calidad”, explica y habla de su pequeña huerta de balcón donde cosecha desde aromáticas hasta tomates cherry. “De lugares muy chicos se pueden obtener beneficios muy grandes”.

María también es profesora de yoga y se traslada entre sus lugares de trabajo en bicicleta o caminando. “No tener hábitos ecológicos es casi una excusa. Yo compro cosas orgánicas por Internet, comida o productos de higiene personal y me lo traen a mi casa”, subraya y se pone como ejemplo: “Cada tres meses trato de sumar algo nuevo relacionado con este estilo de vida. Puedo poner una planta en el estudio o probar un alimento natural, como así también tratar de contagiar a mi entorno con estas prácticas”.

Todo eso parece un montón sino casi imposible de incorporar. Pero según estos ecológicos made in home la clave es empezar con una cosa a la vez, organizarse y tomar conciencia, porque por más pequeño que parezca el gesto, suma y se contagia.

 

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