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EL AMOR SOBRE TODO

Cada familia es un mundo

Así fue siempre y lo será. Pero cada vez hay más filiaciones diversas: padres y madres del mismo sexo, múltiples, o que eligen gestar y criar a sus hijos solos... Evolución médica y ampliación de derechos

Yanina Pasarin y Victoria Ilarregui con Amado, que nació hace días. Son las primeras en obtener la licencia por maternidad no gestante en la Ciudad / Foto: César Santoro

Melisa y Luana están esperando su primer bebé

Victoria Ilarregui y Yanina Pasarin están felices: son mamás de Amado, que nació el 9 de mayo

Gustavo, Cristian, Alejandra Gabriela. Los dos papás y las dos mamás de Maximiliano

La abogada Cecilia López, coordinadora del programa de extensión; Sara Soubelet, estudiante de derecho y pasante; la abogada Jaqueline Petricca y Nayla Aguirre, que también es pasante

Por CECILIA FAMÁ / Fotos GONZALO MAINOLDI Y CÉSAR SANTORO

vivirbien@eldia.com

No hay fórmulas ni formatos infalibles. No hay atajos, no hay garantías. Confianza y tolerancia, gestión de ansiedades y aspiraciones configuran un mapa de circuitos único para cada grupo de personas que se elige para compartir el tránsito por la existencia. Sin embargo, los anhelos de maternidad y paternidad siguen siendo un rasgo común a un amplio porcentaje de familias, aún las que se configuraron a partir de premisas o protagonistas hasta ahora “no convencionales” -pero que pronto dejarán de merecer ese adjetivo-. Aquí damos a conocer algunas de esas historias.

Cuando Fernanda eligió ser madre sola, y cuando Gustavo decidió traer a un hijo al mundo que tuviera dos madres y dos padres, se hicieron miles de preguntas. Lo dudaron mucho, analizaron cómo sería cumplir con ese deseo en una sociedad en la que prevalecen las familias tradicionales, con padre y madre en singular. Sin embargo, proyectaron. Siguieron adelante con su sueño. Y lo concretaron. ¿Es sencillo? Más de lo que pensaron. En la actualidad, hay cada vez más familias “distintas”, homoparentales, o de dos padres o madres del mismo sexo.

El respeto de la diversidad sexual como valor consolidado entre sectores sociales cada vez mayores, y las innovaciones legislativas en materia de matrimonio igualitario y fertilidad asistida, allanaron antiguos caminos y abrieron otros enteramente nuevos para quienes deseaban tener hijos junto a personas de su mismo sexo. Así lo confirman las estadísticas sanitarias, y también los programas que brindan apoyo legal y contención a estos padres y madres, con encuentros en los que comparten sus experiencias. También empiezan a denotarlo las calles, las plazas, los jardines de infantes y las escuelas, que reciben con creciente frecuencia a chiquitos con sus dos mamás, o sus dos papás.

Desde hace un año y dos meses, la vida de Fernanda Crespo (43) cambió por completo con la llegada de Ernestina. Los pañales, las mamaderas y las papillas se incorporaron a la vida de esta abogada oriunda de Neuquén, que está radicada en La Plata desde la adolescencia. Fernanda tomó la decisión de ser madre sola. O mejor dicho, decidió formar una familia “monoparental”. En su caso, sin un padre, y recurriendo a un donante de esperma. “Lo cierto es que no estoy tan sola” aclara: “la familia, la niñera, amigos, están siempre con nosotras. Y mi vida cambió con la llegada de Ernes, pero hacemos muchas cosas juntas. A sus seis meses nos fuimos solas a Nueva York, por ejemplo”.

“Nunca me imaginé tener una familia tradicional. Pero sí me imaginaba siendo madre”

 

“Nunca me imaginé tener una familia tradicional, con mamá, papá e hijos. Con los novios que he tenido nunca proyectamos tenerla; a veces no es fácil formar una pareja. Pero sí me imaginaba siendo madre”, se confiesa Fernanda. Lo cierto es que cuando a sus 38 años se decidió a “congelar óvulos”, los médicos le informaron que ya era tarde para eso. Que la alternativa, a su edad, era la de congelar un embrión. Dice que salió “espantada” del consultorio: “no me imaginaba haciendo eso, sin embargo, me fui haciendo la idea”.

Natalia Tarducci, especialista en medicina reproductiva, precisa que “si bien hay numerosos datos que muestran que las técnicas de reproducción asistida son muy eficaces, también muestran que la edad de una paciente femenina es muy importante para predecir el éxito final del ciclo en el que ella está usando sus propios óvulos. Los resultados acumulados de 2015 nos muestran, por ejemplo, que las mujeres menores de 35 años de edad tenían una probabilidad del 53,9% por ciclo de tener un nacimiento vivo usando óvulos propios, y esto se redujo a 3,9% para las mujeres mayores de 42 años”.

A los 41 años, Fernanda comenzó con los tratamientos para ser mamá. “Me hicieron una estimulación ovárica, para inseminar los óvulos fuera de mi cuerpo. Es un proceso muy movilizador, para el cuerpo y en lo emocional también. Sabía que se habían formado ocho embriones, que sobrevivieron cuatro en óptimas condiciones. Yo decidí ponerme dos, de los que sólo prendió uno, y decidí congelar los otros dos”.

“Todo el embarazo lo viví con mucha alegría, acompañada… una amiga quiso entrar conmigo al quirófano para acompañarme en la cesárea, así que tengo fotos” repasa: ”mi familia viajó desde Neuquén para recibir conmigo a la beba. Desde los veinte días de Ernes tenemos la suerte de estar acompañadas por una niñera cubana, que es un encanto. Ella viene cuando viajo a Lomas de Zamora a trabajar, o cuando atiendo a algún cliente en el estudio de mi casa”.

“No somos solas, estamos rodeadas de amor” afirma, “y nos acompañamos en todo: fuimos juntas a Nueva York, en la última Navidad fuimos con una amiga a Río de Janeiro... La acostumbro a la vida que yo llevaba, obviamente respetando sus tiempos, sus momentos de bebé. Al tomar la decisión de tener un hijo sin un padre, me pesaba un montón negarle una parte de su identidad, pero tuve que elegir. Y opté por esto que hice: poder ser mamá, compartir mi vida con mi hija. Tenía y tengo un montón de amor para dar y lo estoy dando. Ella no tiene un padre que la abandonó… tiene una familia diferente”.

“La nuestra es una historia muy loca” advierte de entrada Gustavo Aboy (42): “fuimos padres, de común acuerdo, con mi mejor amiga que es gay como yo”. Junto a Alejandra, es padre de Maximiliano (12), que tiene dos padres y dos madres; Cristian y Gabriela, respectivas parejas de estos amigos que soñaron con tener un hijo y lo concretaron -a través de una inseminación-, completan esta familia de cinco, cuyo día a día es “totalmente normal”, como subraya Gustavo. “Ser padre de Maxi es una experiencia hermosa; él vive en Mar del Plata, porque hicimos el tratamiento y nació allá, cuando yo vivía en esa ciudad. Luego me tuve que venir a La Plata, pero hablamos todos los días, hacemos la tarea por teléfono, vamos de vacaciones juntos... Lo vamos a visitar muy seguido. El me llena el alma; es mi vida”, se emociona este padre que además siente el orgullo de que su hijo sea “el calco mío de cuando era chico”. Antiguas fotos lo confirman.

“Siempre tuve ganas de tener un bebé, pero al gustarme los hombres lo veía imposible… ¡por las vías habituales no lo iba a lograr jamás…!” admite entre risas Aboy, quien es esteticista: “así que con Ale empezamos a pensar en concretar el sueño de ambos y lo hicimos. Porque a ella le pasaba lo mismo. En esa época no había ley de fertilidad, ni nada. Lo pagamos nosotros; fuimos a una clínica, y lo hicimos. Ella quedó embarazada en el primer intento, así que guardamos el secreto durante tres meses hasta estar seguros de que todo venía bien y luego lo anunciamos. En mi familia, cuando se enteraron de que iban a ser abuelos, fue todo una locura. Maxi es un regalo de Dios y para él y todo su entorno es totalmente normal tener dos mamás y dos papás… su día a día es como el de cualquier otro chico”.

DOS MAMÁS. En el encantador departamento céntrico de Melisa y Luana, por estas semanas hay aún más encanto. A los adornos, las fotos de viajes colgadas en broches en la pared, los mapamundis y las macetas con plantitas suculentas, ahora se sumó la emoción y los proyectos que conllevan la espera de un bebé. Muestran la ecografía de diez semanas. Señalan la puerta del cuarto en el que acunarán a ese hijo -o hija, ya que “es muy pronto, aún no sabemos el sexo”.

“Con respecto a la crianza, no sé si hay tanta diferencia en lo que un género u otro pueda enseñar”

 

Melisa (32) y Luana (28) se conocieron hace tres años, cuando Luana, que es brasileña, vino a La Plata a estudiar Psicología. Se enamoraron, se fueron a vivir juntas; las dos proyectaban ser madres. “Para ella no era tan urgente, porque es más joven. Pero yo sí sentía que era el momento indicado. Así que hicimos la unión convivencial para presentar todo en la obra social, para encarar el tratamiento. No sabíamos mucho cómo manejarnos, pero el grupo de Diversidad de la facultad de Derecho nos ayudó un montón” -ver aparte-.

“Empezamos en septiembre pasado, encarando un tratamiento de baja complejidad que no resultó. Volvimos a intentarlo en marzo y sí funcionó… y acá estamos, esperando. Estamos entusiasmadísimas. Empezamos a contarlo hace unos pocos días, después de que fuimos a escuchar los latidos. Para nuestras familias quizás sea un poco raro, pero todo el proceso de asumir una sexualidad diferente a lo común lo es… y todo se va acomodando. Nuestro bebé va a tener roles masculinos, porque va a tener dos padrinos varones. Y con respecto a su crianza, no sé si hay tanta diferencia en lo que un género u otro pueda enseñar a una persona”, dice Melisa, con su incipiente pancita.

De acuerdo con los datos referidos en el Registro Argentino de Fertilidad Asistida (RAFA), aportado por la Sociedad Argentina de Medicina Reproductiva, en 1990 se realizaban en el país 941 procedimientos de alta complejidad de esta índole. Para 2013, cuando se sancionó la ley nacional Nº26.862, llegaron a 12.527. En 2016, ya fueron 21 mil.

LICENCIA POR MATERNIDAD PARA DOS. Yanina Pasarin (39) y Victoria Ilarregui (38) están felices por partida doble: el 9 de mayo fueron mamás de Amado. Y el miércoles pasado obtuvieron un fallo favorable mediante el que a Yanina le dieron licencia por maternidad -de 70 días- por ser “madre no gestante”.

“Me había sacado vacaciones, que se terminaban hoy. Por suerte la sentencia se dio oportunamente y voy a poder seguir acompañando en este hermoso momento a Victoria, que de noche amamanta y de día, trato de que descanse un poco”, comenta Yanina.

Ambas son empleadas de PAMI. Oriundas de Ayacucho, viven en La Plata desde finales de los ‘90. “Nos conocemos desde la secundaria. Tenemos un relación de muchos años. La decisión de ser madres pasó por muchos estadios hasta que las dos estuvimos seguras. En 2014 empezamos a planearlo. Tuvimos dos transferencias anteriores… hace dos años perdimos un bebé a los 6 meses de gestación, por una enfermedad que se le detectó a Victoria. Esta fue la tercera transferencia… y fue exitosísima”, relata Yanina, exultante con la llegada de su bebito.

“Hemos ido con Amado a sacar su DNI, y a hacer otros trámites, y no se han dado situaciones llamativas cuando decimos que las dos somos las madres” destacan: “no sabemos si siempre va a a ser así… Quizás no resulte tan sencillo. Nosotras decidimos formar una familia de esta manera, paradas en donde tenemos que estar paradas. Y estamos felices: con la llegada de nuestro hijo, y con la obtención de la licencia para mí es todo un gran sueño cumplido; logros impensados hace algunos años atrás”.

No hay fórmulas, ni formatos. Pero sí expectativas, anhelos... y amor. Hoy, la ciencia médica y las leyes acompañan en el camino a quienes emprenden la marcha desde lugares antes impensados, en busca de la felicidad.

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