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OPINIÓN

¿Más que un club?

¿Más que un club?

Por EZEQUIEL FERNÁNDEZ MOORES

El lema, en aquellos años gloriosos, era “cantera vs chequera”. La “chequera” era del Real Madrid “galáctico” del presidente constructor Florentino Pérez. El Real Madrid que compraba, entre otros, a Zinedine Zidane, Ronaldo y David Beckham. Y que, como sucedió ya en estos últimos años, gastaba 45 millones de euros por Vinicius, un crack con apenas veinte partidos en la Primera de Flamengo. Dinero que algunos denominaban “proyecto”. La chequera que hasta le sacó el DT a la selección de España apenas a dos días del debut de “La Roja” en el Mundial de Rusia, como sucedió con Julen Lopetegui. Tanta ostentación de billetera fue irritante. Pero los éxitos acallaron críticas. Real Madrid se coronó tricampeón consecutivo de la Champions. Y en fútbol, graficó una vez el “Maestro” Oscar Tabárez, “tiene razón el que gana”.

La “cantera”, su opuesto, era el Barcelona que dirigía Pep Guardiola. El Barca de Leo Messi, Xavi, Sergio Busquets, Andrés Iniesta, Gerard Piqué. La cantera era por La Masía, la escuela de formación que recibió a Messi con apenas doce años. Tan elogiada que hasta la FIFA le dio una distinción especial en 2011, cuando su terna final de Balón de Oro estaba conformada por Messi, Iniesta y Xavi. Tiempos de Barcelona campeón de todo y con fútbol bonito. De España campeona mundial de Sudáfrica 2010 con muchos jugadores salidos de La Masía, que era la envidia de todo el mundo, centro de notas profundas en la prensa y anuncios de que clubes y selecciones copiarían ese modelo como garantía de seriedad. Como si todo fuera tan sencillo. Y como si al propio Barcelona esa fórmula le aseguraría ganar para siempre. No fue así. El Barca siguió reinando en España, es cierto, pero dejó de ganar en Europa. Dejó de subirse al trono más apetecido. El tiempo pasa para todos y aquella extraordinaria generación de La Masía se fue desinflando. Y, como suele suceder, no hubo otra generación igual. Barcelona, entonces, dejó de apelar a la cantera. Y, paradójicamente, se convirtió en el club de la chequera.

El caso de Carles Aleñá, escribió días atrás el periodista Santiago Segurola, grafica el presente. Es un buen producto La Masía. Sello de “Made in Barca”. Zurdo hábil de toda la cancha. Pero no juega. Hasta quedó afuera de la última selección Sub 21 de España. En enero cumplirá 22 años y todo indica que en 2020 seguirá sin espacio en el equipo titular. La temporada pasada Barcelona gastó fortunas para fichar a Phillippe Coutinho y a Ousmane Dembelé. Pero quedó otra vez afuera de Europa. Ahora fichó primero por 75 millones a la joya del Ajax Frenkie De Jong. Y presentó ayer mismo a Antoine Griezmann, campeón mundial con Francia, fichado por 120 millones de euros (Atlético Madrid, escolta y competidor en la Liga, reclama 200 millones porque está perdiendo a su figura principal y goleador). Barcelona firmó con Griezmann una cláusula de salida record de 800 millones, superior inclusive a la de Messi. Si tuviera que elegir, el DT Ernesto Valverde no pondrá a Aleñá. Por supuesto que pondrá a Griezmann, aunque los hinchas de Barcelona lo hayan silbado la última vez que pasó por el Camp Nou, y aunque su juego y su posición en la cancha pueda superponerse con la de Messi.

¿Por qué compran como compran los clubes poderosos? Lo hacen, primero, porque hay que renovar rápido la ilusión. Y, también, porque “hay que aparentar”. La propia “industria del fútbol -como escribió el colega catalán Ramón Besa-, exige a los mejores clubes una presencia continua en el mercado”. El fichaje de Griezmann, eso sí, marca tal vez un gesto de autoridad de la dirigencia. Todos los informes previos indicaban que el vestuario de Barca (leáse Messi ante todo) no quería al francés y alentaba en cambio la vuelta de Neymar. El brasileño, recordamos, se fue pésimo de Barcelona dos temporadas atrás, tan mal que hasta mantiene pleitos judiciales con el club. La nueva crisis de Neymar es ahora con su entonces comprador, el campeón francés PSG. Por eso, aún después de incorporar a Griezmann, Barcelona mantiene la firme decisión de reincorporar también a Neymar. Parte de pago, entre otros, sería Coutinho, fichaje estrella apenas un año atrás. Así funciona el mercado de pases del fútbol moderno. A eso le llaman hoy “proyecto”.

¿Y a qué llama proyecto la AFA? La selección terminó de modo aceptable una Copa América que había comenzado pésimo. El apoyo de Messi y, consecuentemente, del resto de los jugadores, fortaleció a Lionel Scaloni, DT improvisado e inexperto, pero confirmado ahora hasta Qatar 2022. Guste o no, ese es el proyecto que convalidó también César Menotti, Director de Selecciones. Si Messi no hubiese expresado un apoyo tan claro, acaso el proyecto hoy sería otro. Guste o no, a la palabra sagrada de Messi se aferrará pues el proyecto de la selección argentina hasta Qatar. O hasta que los resultados indiquen lo contrario.

 

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