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ARGENTINA, EL PAíS DE LATINOAMÉRICA CON MAYOR PORCENTAJE DE OBESOS ANTES DE LOS 5 AÑOS

Obesidad infantil, un drama nacional que nace en las heladeras y alacenas

Un estudio realizado por investigadores platenses confirmó la alta presencia de jugos, gaseosas, snacks y otros alimentos obesogénicos en los hogares de chicos con sobrepeso

“Se observó en general una presencia muy alta de alimentos ricos en grasas saturadas y azúcares, como jugos, gaseosas, fiambres y snacks. Los más dañinos de todos son sin duda los jugos; no sólo por el hecho de que aparecen en dos de cada tres hogares sino porque además tienen unos 34 gramos de azúcar por litro; lo que equivale a comerse unas seis bananas”. Eduardo Cueto Rúa Director del Posgrado de Gastroenterología

“El cambio de hábitos alimentarios en las familias ha llevado a que hoy tengamos un alto porcentaje de chicos con obesidad. Eso explica que estemos detectando entre ellos cada vez más casos de hígado graso, una enfermedad que no sólo se asocia a un mayor riesgo de diabetes y enfermedad cardiovascular, sino también a cirrosis y cáncer de hígado al llegar a la adultez” Teresita González Jefa del Servicio de Hepatología del Ludovica

“Siempre dijimos que los padres son los vectores de la obesidad infantil, un problema que muchos de ellos no ven. Por eso no se les podía preguntar directamente: la mejor forma saber qué comen sus hijos era indagar qué alimentos hay habitualmente en la alacena y heladera de su casa, para lo cual diseñamos una planilla con una serie de opciones que debían marcar”. Ricardo Wright Licenciado en Nutrición del CEREN

Por: NICOLÁS MALDONADO
 

nmaldonado@eldia.com

A lo largo de la última década, Argentina se convirtió en el país de Latinoamérica con mayor porcentaje de obesidad infantil en niños y niñas menores de cinco años (7,3%) y uno de los que tiene más chicos con sobrepeso en edad escolar (1 de cada 3). Si bien la obesidad constituye un problema multifactorial, en el caso de la infancia -una etapa de la vida donde la alimentación se halla en manos de los adultos- los datos hablan de la fuerte incidencia que tienen sobre este drama las elecciones alimentarias de las mamás y los papás.

Aunque resulta innegable que un contexto de crisis económica no siempre se puede hablar de elecciones, un estudio realizado por investigadores platenses reveló algo que puede parecer obvio pero que nunca había sido confirmado estadísticamente en nuestro país: la altísima presencia de alimentos obesogénicos en los hogares de chicos que presentan tanto sobrepeso como obesidad.

“Desde el momento en que los chicos no hacen las compras, la obesidad infantil está directamente relacionada con lo que los grandes ponemos en la heladera y la alacena”, afirma el doctor Eduardo Cueto Rúa, director del Posgrado de Gastroenterología de la Facultad de Medicina de La Plata y el principal impulsor de la investigación.

De acuerdo con el estudio, del que participaron médicos del Hospital de Niños Sor María Ludovica y nutricionistas del Centro de Estudios en Nutrición y Desarrollo Infantil de la CIC, el mayor porcentaje de chicos con sobrepeso y obesidad se halla en familias que habitualmente consumen jugos, gaseosas, salchichas, fiambres y snacks, entre otros alimentos obesogénicos con un alta presencia en los hogares de nuestro país.

LA INVESTIGACIÓN

“La idea de indagar qué se le da de comer a los chicos surgió el año pasado cuando nos enteramos que había 14 casos de fibrosis hepática en el Hospital (de Niños de La Plata)” cuenta Cueto Rúa en relación a una seria patología asociada con la obesidad que hasta hace unas décadas casi no se veía en niños y hoy resulta cada vez más común.

“El cambio de hábitos alimentarios en las familias ha llevado a que hoy tengamos un alto porcentaje de chicos con sobrepeso y obesidad. Eso explica en gran medida que estemos detectando entre ellos cada vez más casos de hígado graso, una enfermedad que no sólo se asocia a un mayor riesgo de sufrir diabetes y enfermedad cardiovascular, sino también a cirrosis y cáncer de hígado al llegar a la adultez”, explica Teresita González, jefa del Servicio de Hepatología del Hospital, donde cada año ingresan unos 170 chicos por problemas asociados a su obesidad.

Conscientes de que en general a los padres les cuesta reconocer el sobrepeso en sus hijos y que muchas veces directamente no lo ven, los investigadores resolvieron que acaso la mejor forma de conocer cómo se alimentan los chicos era indagar sobre lo que había habitualmente en las heladeras y alacenas de sus casas. Con ese enfoque se diseñó una encuesta a la que sumaron voluntariamente más de treinta pediatras y nutricionistas de varias provincias argentinas logrando reunir las respuestas 1.444 padres de niños de entre 0 y 10 años de edad.

Los datos hablan de la incidencia que tienen las elecciones alimentarias de mamás y papás

Que las madres tengan sobrepeso aparece relacionado con el sobrepeso de sus hijos

“Siempre dijimos que los padres son los vectores de la obesidad infantil, un problema que muchos de ellos no ven. Por eso no se les podía preguntar directamente: la mejor forma saber qué comen sus hijos era indagar qué alimentos hay habitualmente en la alacena y heladera de su casa, para lo cual diseñamos una planilla con una serie de opciones que debían marcar”, comenta Ricardo Wright, Licenciado en Nutrición en el Centro de Estudios en Nutrición y Desarrollo Infantil (CEREN).

Lo que surgió en principio al analizar las respuestas fue la alta presencia de alimentos obesogénicos en los hogares encuestados en distintos puntos del país: en el 65% de ellos había habitualmente jugos azucarados; en el 48%, salchichas; en el 46%, fiambres; en el 44% hamburguesas industrializadas; en el 35% gaseosas; en el 23,5% snacks….

“Se observó en general una presencia muy alta de alimentos ricos en grasas saturadas y azúcares, como jugos, gaseosas, fiambres y snacks. Los más dañinos de todos son sin duda los jugos; no sólo por el hecho de que aparecen en dos de cada tres hogares sino porque además tienen unos 34 gramos de azúcar por litro; lo que equivale a comerse unas seis bananas”, explica Cueto Rúa, para quien “la forma más efectiva de evitar la obesidad infantil es no comprar directamente ninguno de esos alimentos; porque si están en la heladera, es obvio que los chicos los van consumir”.

DE PADRES A HIJOS

Además de indagar qué había habitualmente en las heladeras y alacenas de los hogares, los pediatras y nutricionistas que hicieron las encuestas debían indicar en ellas la tipología física de sus pacientes y sus madres (si eran delgados, normales, tenían sobrepeso o presentaban obesidad) y, si era posible, confirmar estos datos con una medición que permitiera establecer su Indice de Masa Corporal.

De esa forma se pudo establecer estadísticamente la relación directa que existe entre la presencia de ciertos alimentos en los hogares y las chances de que existan en ellos niños con sobrepeso u obesidad. “La vinculación entre una cosa y otra es tan clara que uno pone gaseosa o jugos en la heladera y automáticamente la tasa de sobrepeso aumenta; y si uno pone frutas y verduras, baja. No hace falta indagar si los chicos de esas familias los consumen o no, basta con que esos alimentos estén ahí para incidir sobre su salud”, explica el director del Posgrado de Gastroenterología de la Facultad.

“Lo que vimos con los jugos y gaseosas se hace extensivo a los chizitos, papitas y fiambres, pero también las visitas a los locales de comida chatarra. Mientras que la tasa de obesidad entre los chicos que no son llevados a comer comida chatarra ninguna vez por semana es del 18%, basta que vayan dos veces por semana para que se eleve al 74%. Y si uno selecciona comida chatarra, jugos en la heladera, y madre gordita, el resultado es que la totalidad de esos pibes son gordos”, cuenta Cueto Rúa.

En efecto, el hecho de que las madres tengan sobrepeso aparece en el estudio fuertemente relacionado con el sobrepeso de sus hijos. “La forma en que nos alimentamos se define a través de hábitos y los hábitos son transmitidos de padres a hijos”, explican los investigadores al señalar la importancia de reforzar la educación para evitar que se instalen desde la infancia hábitos alimentarios que terminan condicionando para siempre la salud.

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