Avenida 7, el corredor medular de la Ciudad, ya es una muestra permanente de grafitis y afiches
Edición Impresa | 3 de Enero de 2020 | 01:50

Se puede hacer la experiencia un domingo. O un feriado de esos que paralizan casi toda actividad, como por ejemplo el 1º de enero. Desde 7 y 60 en dirección a Plaza San Martín, pasear por calle 7 es como hacerlo por una ciudad abandonada. Y no es una exageración. Grafitis sobre grafitis -porque ya no queda espacio para más-, el mobiliario urbano intervenido con afiches y afichitos -capas sobre capas-, veredas rotas, mucha suciedad, mucho descuido. Una invitación a alejarse.
¿Por qué se llegó a este punto? Nadie brindó una respuesta convincente. Mejor dicho, nadie dio una respuesta.
Lo extraño es encontrar una persiana de un comercio, o al menos una parte de ella, que no haya sido presa del vandalismo. Los grafitis que consisten en meras “firmas” ilegibles ya se realizan sobre aquellos “más elaborados”. Precisamente por falta de espacio para grafitear.
El caminante tendrá que tener cuidado. Pues si se concentra en esa postal multicolor y multiforme fabricada a base de aerosol -que asemeja el sitio a cualquier cosa, menos a la calle principal de la capital de la principal provincia del país-, puede tropezar y caer. Es que las veredas están rotas. Muy rotas. Hasta se ven tapas de registro peligrosamente rajadas o, directamente, ausentes.
Eso no es todo. Hallar un poste de una luminaria o de un semáforo, una cabina de la red eléctrica, un kiosco de diarios y revistas, o una (otrora hermosa) pared de granito sin una multitud de afiches grandes, pequeños, ínfimos, en color o en blanco y negro, pegados unos sobre otros, es otra misión casi imposible.
Todo ello brinda un aspecto de lugar abandonado. O, por lo menos, profunda y largamente descuidado. Queda la sensación de que en cada cuadra, en cada esquina, en cada metro cuadrado, reina el “vale todo” o el “yo (un yo indeterminado) hago lo que quiero porque total no pasa nada”.
Si algo faltara, suciedad. Pura y dura. En los últimos días, al juntarse domingos con jornadas festivas, el “barrido y limpieza” brilló por su ausencia.
Sería un grave error buscar una justificación en los días festivos. Hay ejemplos de sobra, en otras ciudades del país y del viejo continente, de que los operativos de limpieza se llevan a cabo el 24 y el 25 de diciembre, así como el 31 y el 1º de enero. No hay excusas. Hay descuido. “El vandalismo se puede controlar si hay voluntad de hacerlo”, comentó anteayer un muralista.
Dicen los comerciantes
“Es calle 7. Y calles 8, 9, 47, 48, 49. Hace años que venimos reclamando para que se le ponga freno al vandalismo contra los comercios y el mobiliario urbano. Pero va in crescendo. Y la Ciudad está realmente muy fea”, opinó, en diálogo con este diario, el titular del Centro Comercial de Calle 8, 9 y Adyacencias, Guillermo Salvioli.
También hizo hincapié en la suciedad. “Limpieza, seguridad e iluminación. Son tres cuestiones claves de las que se nutre un centro comercial. De lo contrario, la gente se aleja”, confirmó, para asegurar que “la ausencia de controles convierte al centro en tierra de nadie. Si no pintan una vidriera, la rayan con una piedra o un pedazo de metal. Maldad pura. Y como restaurar eso cuesta mucho dinero y a los dos o tres días ya está todo igual, los comerciantes se cansan”, subrayó.
Contó que “hace un año” desde la Comuna les propusieron “hacer murales, como empezaron a concretar en calle 12 (ver aparte), porque dicen que los grafiteros no los pintan. Pero creo que ya es un problema cultural”, remató Salvioli.
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