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Espectáculos |DESTACADO DE LA CARTELERA
Milena Salamanca: “La música y la vida están siempre en movimiento”

En su nuevo disco, que lanza hoy y que mañana presenta por streaming, la artista platense muestra canciones propias por primera vez

Milena Salamanca: “La música y la vida están siempre en movimiento”

Milena Salamanca, la joven voz platense del folclore moderno, entre su nuevo disco y un streaming

4 de Diciembre de 2020 | 06:12
Edición impresa

Desde La Plata, rodeada de artistas que visitaban cada fin de semana la que era su casa, La Salamanca, el proyecto familiar que es el principal escenario del folclore en la Ciudad, Milena Salamanca se ha convertido en una de las voces más destacadas de la escena de la música popular argentina. Allí mismo, desde pequeña, aprendió secretos y se convirtió en intérprete, medium para las músicas de otros. Pero en su segundo disco, Salamanca da el siguiente paso: “Milena”, que verá hoy la luz en las bateas digitales, y que la artista presentará mañana, a las 21.30, vía streaming a través de la plataforma Wama, es el primer trabajo donde se anima a mostrar, entre canciones ajenas, composiciones propias.

Salamanca, que hace ocho años se consagró como revelación en Cosquín (y que hace tres años se consagró como revelación otra vez, aunque ahora como bailarina), contó para el disco sucesor de “K’arallanta” (2016) , con la producción artística de Raly Barrionuevo, que fue uno de los grandes impulsores de que las canciones de la joven platense, de familia de origen jujeño y bonaerense, fueran parte del disco, junto a los temas elegidos por Salamanca, escritos por jóvenes compositores no tan conocidos.

“Es la primera vez que me animo a mostrar mis canciones”

 

Fue, en ese sentido, “una doble apuesta”, dice Milena en diálogo con EL DIA: como intérprete, “quería reivindicar un nuevo legado musical para la música popular argentina”, y como compositora, “es la primera vez que me animo a mostrar mis canciones”.

Es por eso, afirma, que este disco “representa quién soy hoy actualmente. La música y la vida son cuestiones que siempre están en movimiento: cuando se genera una estática, nos tendríamos que preguntar por qué, qué está pasando. Generar un movimiento, salir de la zona de confort, hace que todo el tiempo se siga transformando algo, humanamente, espiritualmente y en la creación: y eso es un espejo de lo que uno da musicalmente”.

Uno de los impulsores de este nuevo movimiento, agrega, fue Raly: “Él ha sabido a lo largo de su carrera controlar su producción y tener discos completos con sus canciones. Y me preguntó si tenía canciones propias, y le dije que sí, muy tímidamente, no quería mostrarlas… La resistencia a exponerse a eso. Pero él, con su experiencia y mucha contención, que es algo clave porque uno es tan vulnerable al exponer cualquier cosa que uno haga desde adentro, me convenció: pensaba que esas canciones no las tenía que cantar yo, pero él supo darle un giro a mis canciones para que hizo que quiera cantar las canciones”.

Salamanca habla así de un disco “consensuado” con su productor, durante dos años en los que “me dejé llevar por él, por el proceso”. Dos años de viajes hacia Unquillo, donde vive Raly, y de regreso, agendando reuniones en los resquicios de tiempo libre en que ambos coincidían. Fue a pulmón, como todo en la vida de Salamanca, que defiende su independencia como artista en ese sentido: “Decidí seguir con mi proyecto de manera independiente, de hecho, inspirada en Raly: he rechazado propuestas de contratos por haberlo escuchado a él. También por haberme escuchado a mi, porque había muchas cosas que me hacían ruido”, explica.

Y tras dos años de remarla de forma independiente para grabar “Milena”, con todo listo… la pandemia. “Al principio cuando llegó la pandemia paramos todo. Pero nos dimos cuenta después que parar no era una opción, así que decidimos seguir adelante con lo que estaba diagramado para el año. Así que aquí estamos, reinventándonos, como todos, como todas”, relata Salamanca.

Su proyecto siguió de forma digital, realizando algunos vivos informales en Instagram mientras se planificaba la presentación del disco. Allí descubrió el silencio atroz del mundo digital, de tocar sin público. “El mayor contraste que se presenta es haber dado todo en una canción, y de repente, silencio. Hay que sostener ese silencio, no estoy acostumbrada a transitar ese silencio”, confiesa.

“Yo nací en una ciudad ruidosa, con autos, gritos, manifestaciones. Y viví en una peña, donde todos los fines de semana había show, la gente se quedaba guitarreando… Viví toda mi vida con quilombo en la oreja. Y de repente, ahora daba un recital y de repente… nadie decía nada. Estamos acostumbrados a ese intercambio con el público, pero era una cuchillada al ego, antes que nada, estamos acostumbrados al aplauso”, se ríe Salamanca.

Pero luego, la sabiduría la invade: “Pero ese silencio, de repente, se convierte en la palabra justa del tiempo, hasta es poético. De chica no me gustaba la hora de la siesta había que hacer silencio, pero ahora, más grande, entiendo más. Y la música tiene esos matices, eso de generar silencios: así que intento transitar de un modo artístico ese contraste, esto de que no hay nada del otro lado, y sostener ese silencio con mi energía, dejando fluir todo lo que me pasa emocionalmente”, analiza la joven folclorista platense.

Pero además, sostiene Salamanca, la mudanza a lo digital, la aceptación de estas nuevas plataformas, es crucial: “La pandemia aceleró el proceso de mudanza a lo digital que viene atravesando el arte: todos tuvimos que ponernos al nivel de saber grabar un video, subirlo, saber de redes, publicarlo, en todas las áreas. Y es indispensable para poder seguir haciendo lo que me gusta, lo que decido que sea mi trabajo a nivel emocional, algo que muchos, por muchas razones, no han podido hacer, y terminan siendo títeres del sistema”.

Ese mismo sistema que, afirma Salamanca, está en crisis, algo que la pandemia ha puesto en evidencia, “ha revelado las hilachas del sistema capitalista. Y en el encierro, en la crisis, lo que nos hizo sentir más vivos, más relajados, fue el arte. Un chico que dibujaba, una nena que se ponía a cantar, papá y mamá agarrando la guitarra, las redes sociales afloró ese costado más artístico que todos tenemos. A nivel humano, muchos han sobrellevado la cuarentena porque se puso a bailar, hacer actividad física, todo lo que sea distinto a lo que hacía en su vida cotidiana, lo que no podían hacer antes”.

Claro que, agrega, “yo estoy del otro lado. Como una trabajadora al servicio del arte, tuve que cambiar el paradigma económico que venía sosteniendo. Vivía de las giras, y tuve que empezar a dar clases: y para eso, tuve que sentir que podía hacerlo, valorarme a mí misma. Siempre había renegado de dar clases, y termino el año con 15 alumnos, alumnos de todo el país”.

 

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