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El Mundo |UNA VIDA FASCINANTE
Olaf II, el vikingo que se convirtió en rey cristiano de Noruega y fue santificado

Ocupó el trono desde 1015 al 29 de julio de 1030, cuando murió luchando contra los nobles rebeldes que no lo aceptaban

Olaf II, el vikingo que se convirtió en rey cristiano de Noruega y fue santificado

El vitral de San Olaf que puede verse en la iglesia de Alesund, en Noruega / Holger Uwe Schmitt

29 de Julio de 2020 | 01:34
Edición impresa

Un día como hoy, pero del año 1030, un valeroso rey de pasado vikingo y que sería luego declarado santo, moría en una batalla contra los rebeldes que no aceptaban su ser cristiano y su afán por desplazar a los nobles, que habían regido Noruega durante largo tiempo.

En esa contienda, en la localidad de Stiklestad, el rey Olaf II – de él se trata- luchó con coraje, pero fue mortalmente herido. Antes de exhalar su último suspiro, cuenta la historia, rezaba “Dios ayúdame”. La batalla de Stiklestad simboliza para los noruegos el fin de la era vikinga precristiana y el paso a la Edad Media cristiana y en su fecha se homenajea a San Olaf.

De hecho, este santo es tan importante en Noruega, que tiene su propio camino de peregrinaje, de nombre homónimo o también conocido como Camino de Nidaros, con una trayectoria de 650 km con el punto de inicio en Oslo, en las ruinas de Mariakirken (Iglesia de Santa María en noruego), Middelalderparken (Parque Medieval), y el final en Trondheim, en la catedral de Nidaros, donde fue enterrado.

PASADO VIKINGO

San Olaf nació en el año 995 y fue hijo del rey Harald Grenske de Noruega. Durante su adolescencia participó, como buen vikingo, en numerosas expediciones de saqueo llevadas a cabo en las costas europeas, llegando a lugares tan lejanos como Santiago de Compostela. Cuentan los libros que aguardando en Galicia vientos favorables para intentar acceder a Santiago por la Ría de Arosa, Olaf tuvo un sueño: una voz imponente le habló: “Vuelve a tu tierra y serás Rey Perpetuo de Noruega”.

Olaf decidió volver y a su paso por Rouen, en Normandía (Francia), pasó el invierno en casa del duque Ricardo II, entre 1013 y 1014. En ese entonces, Normandía estaba poblada por daneses y noruegos, quienes habían recibido el gobierno de la región a cambio de que cesaran sus incursiones en el resto de Francia y protegieran al país.

Fue durante su estadía en Normandía que Olaf se convirtió al cristianismo, fue bautizado con esa fe y escuchó relatos de la vida de santos europeos. Los normandos habían adoptado el cristianismo y el duque era profundamente religioso.

Rumbo a Noruega, Olaf hizo escala en Inglaterra, donde dejó sus barcos de guerra para continuar únicamente con barcos mercantes. Al llegar al país escandinavo, lo encontró dividido, con una sociedad familiar en decadencia y con abundancia de pequeños reinos y caciques locales. Y se propuso cambiar las cosas.

TAREA DE UNIFICACIÓN

Capturó y envió al exilio a Haakon Eiriksson, quien gobernaba Noruega en nombre del rey Svend I de Dinamarca. Tras la derrota de Haakon, Olaf empezó su tarea de unificación. Primero fue nombrado rey por los jefes de las tierras altas del centro del país. Luego se anotó otros triunfos que le permitieron convertirse en rey del centro y sur de Noruega.

Entonces llegó a un acuerdo con el rey Olaf de Suecia. Una parte del acuerdo era que se casaría con su hija, la princesa Ingegerd. Esto no se concretó porque Ingegerd fue dada en matrimonio al príncipe Yaroslav I de Kiev. En resarcimiento, Olaf de Suecia le dio a su hija Astrid como esposa.

Hecha la paz con Suecia, Olaf conquistó la parte más septentrional de Noruega, logrando así unificar a todo el país. Una vez que doblegó a toda la oposición, estableció el cristianismo como religión del reino desde 1024, cuando se instituyó la “ley de Cristo”. Si bien el cristianismo ya llevaba tiempo en el país, no estaba extendido y aún se mantenía en cierto grado la religión nórdica pagana.

Olaf II promovía la igualdad y eso generó rechazo en la aristocracia que se rebeló contra él

Con Olaf, el Estado adoptó como leyes los preceptos eclesiásticos. Se prohibió la poligamia, la violación, el rapto de las mujeres y el abandono de recién nacidos en el campo o el bosque , que ahora tenían que ser bautizados de modo obligatorio. Los muertos tenían que ser enterrados en suelo santo, es decir, en las iglesias, y no en cúmulos de piedras en las colinas, como ocurría en las tradiciones paganas. Se negó la sagrada sepultura a los criminales, los traidores al rey, los asesinos y los suicidas.

También promulgó la ley de igualdad, según la cual la aristocracia tenía que obedecer la ley y ser castigada en igual medida que los campesinos. Esto, junto con la amenaza de la expropiación de sus tierras, provocó que la aristocracia rechazara a Olaf como su monarca y empezaran a conspirar para derrocarlo.

Los clanes se exasperaron, se rebelaron contra Olaf y acudieron al rey Cnut de Dinamarca e Inglaterra por ayuda. De esta manera Olaf fue traicionado, expulsado y Cnut llegó a ser rey de Noruega.

MUERTE Y CANONIZACIÓN

Tras dos años de exilio, Olaf retornó a Noruega con un ejército y se encontró con los rebeldes en Stiklestad, donde se produjo la batalla del 29 de julio de 1030 que acabó con su vida.

Muchos milagros son relatados en relación con su muerte, entre ellos, el de un hombre que recobró la vista tras frotar sus ojos con la sangre de Olaf. Su tumba primitiva, a orillas del río Nij, fue pronto escenario de sucesos milagrosos y solo un año después de su muerte, al encontrar en su cuerpo signos de santidad, Olaf fue rápidamente venerado como santo patrón de Noruega. Su cuerpo se trasladó a la iglesia de San Clemente de Nidaros (actual Trondheim) donde un siglo más tarde se construiría una gran catedral dedicada a su memoria.

La canonización oficial por parte de la Iglesia llegaría en el año 1041, siendo una de las primeras en las que se santifica a un hombre de armas.

San Olaf es tan importante en Noruega, que tiene su propio camino de peregrinaje

 

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