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Policiales |En Etcheverry
La cruda amenaza tras otro ataque a un camionero: “Los quemamos a todos”

Cuatro delincuentes redujeron a dos transportistas que se disponían a viajar para llevar verduras. Encañonaron a la familia de uno de ellos y se llevaron casi un millón de pesos, pertenencias y un auto. Bronca y preocupación

La cruda amenaza tras otro ataque a un camionero: “Los quemamos a todos”

La calle 238, a metros de donde el miércoles asaltaron a Walter Bravo, a su familia y a un vecino / el DIA

25 de Septiembre de 2020 | 03:57
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Apenas unas horas después de haber sido protagonista involuntario de un asalto salvaje, Walter Eduardo Bravo (33) condujo hasta Córdoba todavía con el miedo y la necesidad a cuestas. “Mirá, yo estoy en viaje porque tengo que trabajar ya que me dejaron sin una moneda para comer”, le explicó a EL DIA ayer. En medio de ese trayecto, contó cómo cuatro delincuentes lo sorprendieron -entre la noche del miércoles y el comienzo del jueves- en la puerta de su inmueble, en Ángel Etcheverry.

Su caso forma parte de una serie de hechos delictivos que tienen como objetivo a quinteros y transportistas, y que vienen ocurriendo desde hace un tiempo en el sector oeste de la Ciudad. A pocas cuadras de este episodio tuvo lugar en junio el asesinato de Gerónimo Damián Dilan, de 40 años y camionero. (ver recuadro)

También por esa zona, a mediados de agosto, tres delincuentes fueron detenidos mientras ingresaban a una quinta. Aunque el área de los ataques se extiende por Abasto, Lisandro Olmos y Los Hornos.

UNA PISTOLA PLATEADA, ROPA NEGRA

La casa de Bravo está situada en 238 y 43, en la parte más rural de Etcheverry. Según refirió, al momento del atraco, el joven estaba por ir a trabajar. Se cargó la mochila en los hombros y salió hacia la calle, donde lo esperaba Ricardo, su vecino, arriba del camión.

Antes de subir al rodado se acordó de que no le había dejado plata a su mujer, entonces revisó en el bolso y sacó 7 mil pesos para entregarle. En ese preciso momento vio a un hombre que caminaba en su dirección. Era tarde y la noche oscura; cuando lo tuvo cerca Walter notó el destello plateado de una pistola que el sujeto traía en su mano derecha.

“Me apuntaba y me decía algo que no llegué a entender”, recordó. No hacían falta palabras para entender de qué venía la cosa. No obstante, aquél era uno y ellos dos. El pensamiento de una posible resistencia se vino abajo enseguida, porque se sumaron dos voces más a la del recién llegado, que repetían el mensaje. Con ellos estaba Ricardo, reducido por otra arma.

Un cuarto sujeto apareció en escena y el mundo de Walter se derrumbó: salía desde la propia casa del trabajador, con su esposa María Eugenia y sus hijos. Ella estaba muy nerviosa y mientras los ladrones les indicaban qué hacer, “lo único que yo quería era tratar de calmar a mi señora”, expresó el damnificado.

Entonces le propinaron una patada en la pierna, le ataron las manos con precintos y las piernas con un cinturón de cuero ante la temerosa vista de sus chicos. A Ricardo, en tanto, le anudaron una toalla en los tobillos. “Quédense en el piso o los quemamos a todos”, les ordenaron de forma tajante. Según pudo observar la víctima, vestían ropa oscura, pasamontañas y tendrían “entre 25 y 30 años”.

Les sacaron los 900 mil pesos que uno de los transportistas tenía para comprar verduras en Salta-que era el próximo destino luego de la entrega en Córdoba, para llevarlas a Mar del Plata-y el resto de efectivo que encontraron. Luego entraron a la vivienda y revisaron cada habitación. Del domicilio se llevaron una PlayStation 2, un celular, y otras pertenencias. También le arrebataron las llaves de un Peugeot 207 Compac XR gris, que utilizaron para escapar.

“En mi casa no tengo cámaras ni alarma, pero hay una en 44 y 238, así que espero que los haya filmado”, sostuvo. “Mi mujer está re mal, se quedó con la madre. Está sin dormir todavía por todo lo que pasó”, añadió. Como se dijo, el incidente que vivieron Bravo y su familia se enmarca dentro de una situación generalizada que padecen los trabajadores rurales. Entre los sucesos más graves se ubica el ataque a tiros a un camionero en 229 y 39, ocurrido a mediados de agosto. Al igual que con el crimen de Dilan, al repartidor lo sorprendieron los malvivientes mientras cargaba mercadería de una quinta.

En julio, a Rolando Flores (44) y a su hermano los atracaron en mientras subían cajones de hortalizas que habían comprado recientemente en la caja de un rodado, en 208 y 70, en la periferia de Olmos.

El mes siguiente, en 238 entre 45 y 46 y tras reducir a su propietario, tres intrusos quisieron robarse objetos de valor y darse a la fuga. Formaban parte de una Banda que perpetró reiterados hechos delictivos en Abasto y Olmos, hasta que personal del Comando de Patrullas La Plata los detuvo.

Por último, en mayo, delincuentes le cruzaron el auto a un quintero en 60 y 173 lo golpearon de manera salvaje, le quitaron sus pertenencias y una parte de ellos se subió al vehículo del damnificado para huir por la avenida.

Una zona rural muy golpeada
Desde hace tiempo, el cordón frutihortícola de La Plata es uno de los sectores más golpeados por la delincuencia. Los robos tienen, además, una particularidad que los vuelve más graves: la violencia inusitada con la que son cometidos.

 

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