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Revista Domingo |“LAS HORAS EN LAS QUE EL MUNDO SE DETUVO”
Tendencias: la caída de las redes y las adicciones al mundo digital

El apagón de Facebook, Instagram y WhatsApp dejó en evidencia el comportamiento adictivo de miles y miles de usuarios. El poder de los algoritmos y las secuelas de depender de las pantallas

Tendencias: la caída de las redes y las adicciones al mundo digital

El apagón mundial de Facebook, Instagram y WhatsApp del 4 de octubre pasado pareció paralizar al mundo / Freepik

17 de Octubre de 2021 | 02:44
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La adicción que genera sumergirse en el mundo digital, donde la instantaneidad, el anonimato y la adrenalina que ocasiona la espera de “likes” o seguidores, exacerbado por algoritmos que conducen al consumo de una tendencia, se potenció durante la pandemia, pero se puso en evidencia como casi nunca antes con la reciente caída de las principales redes sociales durante poco más de siete horas, que causó en muchos la sensación de quedarse sin recursos a la hora de comunicarse, lo que evidenció una profunda dependencia hacia las pantallas, pero también la necesidad de volver a “reconectarse” con el mundo real.

“Tenemos que ser conscientes de que esto ocurre – señala la psicóloga y especialista en adicción a las tecnologías Laura Jurkowski – y sería ingenuo pensar que esta dependencia pasa porque sí. Ahora, cuando todo se está liberando, se empiezan a ver los efectos que generó la cuarentena, porque ya hay muchos chicos que no quieren ir a la escuela, y otros tantos jóvenes a los que les cuesta volver a encontrarse cara a cara con sus amigos”.

Natalia Zuazo, consultora en tecnología, refiere que “los usuarios deben saber como funcionan estos algoritmos, esa es su mejor herramienta para no dejarse llevar por ellos”

Según el Informe Global Digital 2021, elaborado por las empresa “Hootsuite”, una plataforma de gestión de redes sociales, en la Argentina hay 36,32 millones de internautas, lo que representa el 80 por ciento de la población. Y de ese valor total, el 79,3 por ciento (36 millones de usuarios) usa redes sociales de modo activo, y entre las más consumidas están Facebook, Tik Tok, Instagram y YouTube.

A su vez, en lo que va de 2021, el porcentaje de internautas subió un 3.5 por ciento (1,2 millones de nuevos usuarios), y en el caso de las redes sociales, su uso creció en un 5,9 por ciento, lo que representa 2 millones de nuevos usuarios.

“Internet te da la sensación de libertad de elegir, pero en realidad se está eligiendo lo que los algoritmos quieren ofrecernos de acuerdo a lo que tengamos ganas de consumir, cuanto mas clicks se dan, más dinero se genera para las empresas tecnológicas, por lo que les es necesario mantenernos conectados la mayor cantidad del tiempo posible”, apunta Jurkowski, quien señala además que “si bien las pantallas son nuestros aliados y nos resuelven la vida en muchas situaciones, es necesario limitar su uso y pensar que no toda la vida pasa por ellas”.

La psicoanalista asegura asimismo que “si se empieza a depender mucho de las pantallas, y si se dejan de usar otros recursos alternativos, nos quedaremos sin estrategias para resolver algunas cuestiones de la vida cotidiana, como por ejemplo que tendremos que enseñarles a las nuevas generaciones como usar un teléfono, como hablar o como leer un libro”.

Es necesario limitar el uso de las pantallas y pensar que no toda la vida pasa por ellas

 

Jurkowski, directora del Centro ReConectarse, destaca que los problemas que generaron la conexión a las pantallas “se elevaron desde marzo del 2020. Y cuanto más se depende de las pantallas, más se las necesitan. Hay consultas en las que el grado de dependencia es tal que no llegan a registrar que existe una adicción. Esto es particularmente peligroso en la adolescencia por la ansiedad que genera la espera de “likes”, seguidores o visualizaciones en las redes sociales, o por los efectos tóxicos que generan el sobreuso de pantallas, como por ejemplo el ciberbullying”.

Desde el exterior, en tanto, Martin Hilbert, investigador alemán de la Universidad de California Davis, aseguró que “las personas ya no saben cómo lidiar con el poder de los algoritmos; los gobiernos no saben cómo usarlos en favor de la población; y las empresas se resisten a adoptar pautas éticas efectivas. Esto debiera preocupar especialmente a América Latina, porque son líderes mundiales en el uso de redes sociales”.

“Durante la pandemia - advirtió Hilbert - las redes sociales provocaron dos efectos simultáneos, nos hizo más sensibles a las secuelas tóxicas de la digitalización, pero aceleró nuestra dependencia de ella. Este segundo efecto es más poderoso que el primero, ya que ser conscientes de que esta adicción nos hace mal no produce ningún cambio en nuestras conductas”.

LAS HORAS FRENTE A LAS PANTALLAS

El estudio internacional Global Digital 2021, evidenció a su vez que entre el 2020 y el 2021, el promedio diario que los usuarios de entre 16 y 64 años le dedicaron a navegar en la web fue de 9 horas y 39 minutos, y en las redes sociales de 3 horas y 22 minutos.

“Internet es el reflejo del comportamiento de una sociedad y viceversa – explica Jurkowski - es un canal que se retroalimenta y se amplifica aún más. Lo importante es la educación, la escuela y las familias, ser conscientes de estos peligros, darse cuenta de que existen y de todos las ventajas y las desventajas que tienen las pantallas. Hay cosas positivas y también negativas que hay que saber detectar y que hacer frente a ellas”.

Por su parte, Natalia Zuazo, consultora en tecnología, refiere que “los usuarios deben saber como funcionan estos algoritmos, esa es su mejor herramienta para no dejarse llevar por ellos. Por ejemplo, antes el algoritmo de Facebook funcionaba en forma cronológica, mostraba minuto a minuto lo que publicaba cada persona, pero hace varios años empezó a priorizar con quienes más interactuamos y estudiar mucho mas el comportamiento de las personas, y a su vez eso los cruza con sus necesidades comerciales de venta de anuncios. En el caso de Instagram, que es una plataforma básicamente de venta de servicios mucho mas directa, sucede lo mismo. Por esto los usuarios deben entender que estamos en ese mundo con esas condiciones, y que las plataformas digitales no son un medio como la televisión”.

No depender tanto de estas grandes empresas es una cuestión de soberanía tecnológica

 

“En la TV -agregó la especialista- todos los que se sientan a ver un programa de noticias ven la misma cosa, a las mismas personas hablando de noticias, y sobre eso crean un diálogo común. Pero en las plataformas la diferencia es que cada uno ve una cosa distinta de acuerdo a su comportamiento previo, que a su vez fue previamente estudiado para venderle productos o servicios”.

“La atracción que producen las redes sociales -señala Zuazo - se basa en el estudio de los comportamientos de los usuarios por parte de las grandes empresas tecnológicas. Se trata de un círculo vicioso: cuanto más tiempo estamos en la plataforma más productos personalizados se nos pueden ofrecer, y cuanto más tiempo estemos interactuando en una red social, más las empresas pueden estudiar nuestros comportamientos y ofrecernos cosas más personalizadas. Esto nos hace sentir cómodos, y cuanto más cómodos estamos en un lugar, menos lo queremos dejar. El promedio diario de permanencia en Facebook, por ejemplo, está fijado en 50 minutos, y eso es mucho tiempo en un día. Si a eso lo multiplicamos por los 2.300 millones de usuarios que tiene Facebook en el mundo, es mucha información para ofrecer sus productos. Pero es una decisión personal estar el tiempo que se quiera en una plataforma, por lo que los Estados no pueden hacer nada frente a ello”.

En ese sentido, la especialista remarcó que “lo que sí pueden hacer los gobiernos es no utilizar plataformas de WhatsApp para informar resultados como los test de coronavirus, como ocurrió, ya que si las plataformas se caen como pasó el 4 de octubre pasado, se les priva a la ciudadanía de una información muy importante. No depender tanto de estas grandes empresas es una cuestión de soberanía tecnológica”.

En este marco, los llamados “algoritmos del odio” denunciados recientemente por una ex empleada de Facebook, llevan a muchos usuarios a buscar posiciones extremas, y también es otro de los peligros del uso excesivo de las pantallas.

Para Zuazo, en cambio, “no hay algoritmos de odio; lo que se hace es estudiar mucho a cada persona y desde allí venderles productos o servicios. A partir de esta premisa, ciertas posiciones extremas que antes no eran tan públicas ahora salen a a luz. Las personas que piensan de esa manera las consumen y las que no piensan así las consumen irónicamente, y todo este consumo las hace aumentar en su alcance ya que cualquier producto o consumo en las redes genera interés y crecimiento”.

“Durante la pandemia las redes sociales provocaron dos efectos simultáneos, nos hizo más sensibles a las secuelas tóxicas de la digitalización, pero aceleró nuestra dependencia de ella”

Martin Hilbert,
Investigador alemán de la Universidad de California Davis

 

EL APAGÓN

El apagón mundial de Facebook, Instagram y WhatsApp del 4 de octubre pasado, en tanto, pareció paralizar al mundo e hizo que los hashtags vinculados con la caída coparan todas las tendencias de Twitter, lo que evidenció la centralidad del asunto.

“Hay un problema cuando un servicio que utilizan montones y montones de personas está en únicas manos; en parte por las decisiones que esas plataformas pueden tomar, en términos de monopolio y concentración de poder, y en parte porque una falla termina afectando a la totalidad”, explica Fernando Schapachnik, director ejecutivo de la Fundación Sadosky.

En medio del revuelo mediático, Mark Zuckerberg rompió el silencio en una carta pública y respondió que “la preocupación más profunda con un apagón como éste no es cuántas personas cambian a servicios competitivos o cuánto dinero perdemos”, tras el incidente que le restó 7.000 millones de dólares en la bolsa y le sumó más de 70 millones de usuarios al servicio de mensajería Telegram.

Para el fundador de Facebook -el gigante que duplicó sus ganancias durante el segundo trimestre de 2021 respecto del 2020- el problema del apagón fue lo que “implicó” para las personas y negocios que dependen de ese servicio, y no tanto cómo golpeó a su compañía; mientras que a la acusación sobre que le “dan prioridad a sus ganancias por encima de la seguridad y el bienestar”, contestó que “eso no es verdad”.

“Puede que lo que pasó con Facebook sea un llamado de atención sobre la precariedad de los servicios, sobre la idea de que ‘La Nube’ (red de servidores interconectados) no es un lugar mágico que siempre va a funcionar, sino la cruda realidad de que la nube no es otra cosa que una computadora ajena sobre la que tenemos nulo control”, indicó por su parte Bea Busaniche, presidenta de la Fundación Vía Libre.

Por su parte, para Martín Becerra, profesor e investigador del Conicet, “lo que sí generó esta crisis es el regreso a la conversación pública y mediática de una posible regulación de este tipo de compañías, que a nivel parlamentario ya tiene su recorrido, como que en el Congreso de EE.UU. y en el Parlamento Europeo hay varios proyectos de ley que apuntan a regular diferentes aspectos del desempeño de Facebook”.

 

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