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Pensar en verde: ecología en la vida cotidiana

La sustentabilidad y el cuidado del medio ambiente son valores cada vez más presentes en proyectos, emprendimientos y acciones de marcas internacionales. ¿Se está gestando un mundo con conciencia ecológica?

Pensar en verde: ecología en la vida cotidiana

La casa de Nadia Cirnigliaro

Cecilia Famá

Por: Cecilia Famá
vivirbien@eldia.com

3 de Julio de 2022 | 10:11
Edición impresa

Composteras, ecopacks, comida vegana, cosmética natural, envases reutilizables, filosofía sustentable. Todos estos términos y prácticas se van metiendo cada vez más en nuestras vidas cotidianas. ¿Qué familia no armó una compostera o comenzó a separar residuos durante la cuarentena? Es que la pandemia nos puso frente a los ojos de una verdad que solemos -o solíamos- obviar: un pequeño acto, en un pequeño lugar del planeta, puede afectar al mundo. Permanecimos meses encerrados en casa, viendo cómo millones de personas morían o eran víctimas de una enfermedad nueva y peligrosísima. Y entonces empezamos a tomar en serio la palabra ‘peligro’, a sopesar de cerca los riesgos y nuestro papel como solistas en el gran (des)concierto global. Cuidar el planeta es cosa seria, y los pequeños actos contribuyen a preservarlo. La conciencia ecológica “post pandémica” es mucho mayor a la previa. Lo demuestran emprendimientos de modesta envergadura, que nacen pensando en verde, y también las acciones de grandes firmas, que generan campañas de marketing con el mismo signo.

“La pandemia nos hizo mucho daño, pero también nos educó: aprendimos que nos tenemos que cuidar, y cuidándonos, contribuimos a cuidar el mundo en el que vivimos. Muchas sociedades evolucionadas ya viven pensando en verde, con una gran conciencia en el cuidado del medio ambiente. En nuestro país es mucho más difícil, porque las políticas de Estado tienen otros objetivos más básicos, y las personas, muchas necesidades. Pero sí se está dando que en algunos niveles y en las generaciones más jóvenes, muchas cosas ya se gestan con una mirada ecologista. Asistimos a un cambio que, de a poco, va a favorecer nuestra calidad de vida”, sostiene la socióloga Mariela Muñoz.

Hace pocas semanas, la cadena Starbucks anunció que dejará de entregar sus icónicos vasos descartables, por ejemplo. Lo hará de manera progresiva en todo el mundo, con el objetivo de usar, en 2025, sólo tazas reutilizables. La primera prueba es el programa “Borrow a Cup” (tomá prestada una taza), que está siendo testeado en ocho mercados: los clientes pueden tomar una taza dejando un depósito, el cual les es devuelto cuando entreguen ese envase en cualquier local.

“Nuestro vaso es omnipresente y eso nos encanta, pero también es un símbolo de una sociedad desechable”, explicó Michael Kobori, director de Sustentabilidad de la marca “cafetera”. En Argentina, los vasos desechables seguirán disponibles por ahora, pero la prioridad está centrada en reforzar el uso de los reutilizables, que están en todas las tiendas.

Este tipo de acciones se va multiplicando en muchas áreas: desde la construcción, la edición de libros, los envases de lo que consumimos, la trazabilidad de los alimentos, la elección de especies autóctonas o productos locales, la opción de no comer huevos o carne, o elegir esa clase de producto ampliando la mirada al tipo de crianza que tienen la gallina y la vaca o el cerdo o el pollo. Todas prácticas que reducen el impacto ambiental. El gran objetivo verde.

TODO COMIENZA EN CASA…

Nadia Cirnigliaro, una porteña radicada en City Bell hace varios años, fue mostrando desde su cuenta de Instagram con miles de seguidores @en_el_campito, la construcción en seco de la planta alta de su casa familiar. No se considera especialista en el tema sustentabilidad, pero eligió este método por la gran eficiencia que tiene en materia de aislación, lo que permite reducir el consumo eléctrico o de gas para calefaccionar o refrigerar los ambientes.

“Con la pandemia aprendimos que nos tenemos que cuidar, y eso contribuye a cuidar el planeta”

 

No se define experta, pero este “pensar en verde” del que hablamos se denota en la elección de vida que implica alejarse de la gran ciudad; en que su casa ha sido bautizada, no casualmente, “El campito” y en varias de las acciones que pone en práctica en su hogar: hacer compost, sembrar y consumir productos de estación, como las aromáticas o calabazas, vivir rodeada de plantas. Es una elección inclaudicable. Una vida en familia -tiene dos pequeños hijos- rodeada por la naturaleza. Su gran plan.

El método de construcción elegido por Nadia y su esposo para la planta alta de su casa es el “steel framing”, con grandes ventajas desde el punto de vista del ahorro energético.

La palabra sustentabilidad es objeto de innumerables definiciones más o menos complejas. Simplificando, podemos decir que una edificación es sustentable cuando se cumplen las siguientes premisas: ha sido diseñada para limitar al máximo el uso de combustibles fósiles (petróleo, gas, carbón) durante todo su ciclo de vida; ha minimizado el uso de energía en los procesos productivos, tanto durante la etapa de construcción como en la de fabricación de los elementos componentes; y los componentes, luego de finalizado el ciclo de vida, son reutilizables o reciclables.

Entonces, ¿el “steel framing” es sustentable? Así como la construcción en seco en general, tiene un menor impacto ambiental que la construcción húmeda, y puede considerarse un sistema constructivo sustentable.

Por su particular forma de resolver los paneles, el steel framing brinda un espacio entre montantes. Dicho espacio naturalmente sirve para alojar aislantes térmicos que ayudan notablemente a reducir el pasaje de calor a través del panel, sin por ello incrementar el espesor del muro.

Esto ayuda a mantener el calor de la calefacción en el interior del edificio en invierno, y a reducir el ingreso del mismo en verano, ahorrando la energía necesaria para calefaccionar y lograr altos estándares de acondicionamiento térmico en una vivienda.

Por otro lado, permite incorporar un sistema de aislación térmica y acabado final exterior (EIFS) mediante la incorporación de un sistema que envuelve el perímetro de la vivienda y logra una grado de aislamiento adicional.

… Y SE EXPANDE

“El universo botánico no es muy diferente a estar en tu casa: hay plantas, un poco de arte, un cafecito, algo rico, una charla”. La que habla es la arquitecta Agustina Fae (37), también paisajista, docente y directora general de Botánica, una tienda y galería de arte que acaba de mudarse a un local más amplio, que es literalmente una casa refaccionada, en donde desplegó también la rama de la cafetería.

“Mi pasión por las plantas viene de toda la vida... creo que nací en conexión con la naturaleza. En el patio de mi abuela fue mi primer ejercicio, trabajaba el jardín y la quinta, con mis dos abuelos, y siempre tuve una conexión muy fuerte con las plantas, que fui desarrollando en mi carrera. Desde la arquitectura traté de incorporar la naturaleza, y luego me especialicé en paisajismo, medioambiente y ciudad, todo en la UNLP, desde la carrera de grado hasta la maestría. El paisajismo fue el punto de conexión”, sintetiza cuando habla de las ramificaciones de su proyecto.

Agustina agrega que “el universo botánico siempre tuvo su rama en el arte: la galería botánica que funcionaba en el espacio anterior (el local estaba en 4 y 53, y esta nueva propuesta en 58 entre 11 y 12), donde había una galería de arte en el subsuelo, estaba mucho más desarrollada porque era toda una sala. Acá el arte sigue estando más a modo de trastienda y también en la curaduría entre las plantas y las macetas de autoría, que me parecen obras de arte, porque son piezas únicas e irrepetibles, a veces de edición limitada... Al cumplir su función, con las plantas, se convierten en arte”.

Para imprimir los libros usamos un producto totalmente sostenible que incluye hojas 100 por ciento a base de caña de azúcar, 0 por ciento de fibra de árbol y 0 por ciento de productos químicos para blanquear”

Marcela Citterio
Miembro de una editorial

Hace pocos días acaba de ver la luz la “cafetería del bien” como la llaman desde sus redes. La arquitecta cuenta que “este nuevo espacio surge de querer tener nuevos proyectos y nuevas actividades y querer sumarle nuevas ramas a Botánica, siempre dentro de entender el buen vivir y este universo botánico que no se quede solamente en una planta y una maceta sino que pueda ser eso y también disfrutar un café, algo rico para comer, trabajar en medio de las plantas…”.

“Nuestro lema es ‘amo mi vida botánica’ y la vida botánica tiene que ver con eso: cuando a veces trabajamos con las plantas en casa, estamos tomando un cafecito, un mate... y esa experiencia cotidiana quisimos llevarla a algo extraordinario. De ahí nace esta idea, que reunamos todo. Que todo lo que uno hace durante el día y le gusta hacer pueda hacerlo acá y también llevarte unas flores, comerte unas medialunas. De ahí nace este amor por querer generarle más cosas a este proyecto: ese ‘estar como en casa’”.

Mi pasión por las plantas viene de toda la vida... creo que nací en conexión con la naturaleza. En el patio de mi abuela fue mi primer ejercicio, trabajaba el jardín y la quinta, con mis dos abuelos, y siempre tuve una conexión muy fuerte con las plantas”

Agustina Fae
Arquitecta

“La cafetería del bien busca resumir todo lo que te hace sentir bien y hace a un consumo consciente, sin etiquetar conceptos (quiero decir, tenemos propuestas orgánicas, veganas, pero también tenemos otras cosas), es todo lo que está bien: lo saludable, lo rico”, dice Agustina, subrayando que “un buen día incluye plantas”.

En la casa-local hay muchos puntos en diferentes partes que cuidan el medioambiente: en la tienda todas las plantas y flores son de productores locales: las macetas tienen esa huella en los materiales de los que están hechas y en la elección de los artesanos, que son locales, para remarcar el concepto de Km 0.

“Todo nuestro jardín, desde el patio de atrás, está hecho con plantas nativas autóctonas argentinas, de la provincia de Buenos Aires, para poder crear un punto de biodiversidad y en la cafetería todo lo que se utiliza es reutilizable, reciclable y ecológico, desde los vasos del take away hasta las servilletas, el papel de las cartas. Todos esos detalles fueron elegidos a conciencia y en el futuro sumaremos un punto ecológico. Creo que la parte ambiental es fundamental. Los canastos y recipientes están hechos en el norte con material reciclado de bambú y los muebles son todos de madera reciclada”, cuenta orgullosa la creadora de este universo botánico platense.

GESTANDO EL CAMBIO

La conciencia ecológica también ha llegado a mundos como los proyectos editoriales, en los que se busca utilizar papel reciclado, para disminuir el impacto ambiental. Un ejemplo de eso es “The Orlando Books”, que se creó en 2020, pero lleva dos años de trabajo silencioso, esperando lanzar los primeros títulos al mercado en julio de 2022. Su catálogo está enfocado en libros con gran potencial audiovisual para todas las edades, pero con especial foco en libros juveniles y adultos.

“Para imprimir los libros usamos Ledesma Nat, que es un producto totalmente sostenible que incluye hojas 100 por ciento a base de caña de azúcar, 0% de fibra de árbol y 0% de productos químicos para blanquear. Buscamos especialmente usar un papel para el interior de nuestros libros que minimice el impacto ambiental gracias a todo su proceso de producción”, detalla Marcela Citterio, miembro del equipo editor.

“Desde el primer momento intentamos gestionar nuestros recursos para tener el menor impacto ambiental posible. Por ejemplo, todo el proceso de corrección de texto lo hacemos en pantalla, para minimizar la impresión de pruebas, y optamos por elegir como papel de interior de nuestros libros esta marca, que es amigable con el medio ambiente. Esta elección no encarece el producto demasiado. Pero en cualquier caso, entendemos que lo vale”, agrega.

“Me parece que cada vez más personas, y en especial más jóvenes, reclaman una mayor responsabilidad por parte de las empresas para cuidar el planeta. Esas personas forman parte del público al que nos dirigimos. ¿Cómo no escucharlas? Es responsabilidad de todos poner atención en nuestras acciones y tratar de aportar a este cambio de conciencia, por el bien del planeta. Incluso las pequeñas acciones, ayudan”, finaliza la editora. Como vemos, cada vez más proyectos piensan en verde. Es una elección. Y también una responsabilidad.

 

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