“El imperio de la luz”: un romance bipolar en el cine

Sam Mendes cambia de ritmo y llega hoy a las salas locales con una historia basada en la vida de su madre, una mujer con problemas de salud mental intentando amar en el Reino Unido de Margaret Thatcher

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El director de “Skyfall” se basó en la vida de su madre para su última película

La película llega a los cines locales tras conseguir una nominación a los Premios Oscar

El director británico Sam Mendes, responsable de películas como “Camino a la perdición” y “Belleza americana”, de dos entradas en el universo Bond y la bélica “1917”, da un giro a su carrera con “El imperio de la luz”, su película más íntima y personal, inspirada en la batalla de su madre, la novelista Valerie Mendes, con un trastorno bipolar y ambientada en los años 80.

La película, que se estrena hoy en los cines locales nominada a mejor fotografía en los Premios de la Academia, no es de todos modos, explica Mendes, un trabajo autobiográfico, pero sí engloba temas de su juventud que tenía ganas de contar.

La película narra la historia de Hilary, una mujer con problemas de salud mental que trabaja en un antiguo y majestuoso cine de una población costera en el sur de Inglaterra. En su vida se cruza el joven Stephen (Michael Ward), hijo de una inmigrante caribeña y que afronta sus propias dificultades, con quien entabla una atípica relación amorosa que les sostiene a ambos en momentos de fragilidad.

De trasfondo está el aumento de la intolerancia y el racismo en la época de la ex primera ministra conservadora Margaret Thatcher así como la posibilidad de evasión que para muchos ofrecía el cine -el “Empire” en este caso-, el otro gran puntal del relato.

El germen en la infancia

Mendes, que ganó el Oscar en 1999 por “American Beauty” y suma más de 40 premios, explica que el germen de la película está en su niñez. “Crecí con una madre que tenía problemas de salud mental y Hilary, el personaje de Olivia (Colman), está algo basado en ella. Y el principio de los 80 fueron los años de mi adolescencia, cuando buscaba mi identidad, y la encontré principalmente a través de las películas y la música, y el escape que representaba el cine”, rememora.

“Todo eso está incluido. Supongo que quería encontrar una manera de contar esa historia que estaba en lo más profundo de mi pasado. Habiendo realizado algunas películas muy importantes que no eran tan personales, quería dedicar tiempo a hacer algo más pequeño y un poco más íntimo”, afirma el director.

Colman confiesa que accedió a interpretar a esta heroína inglesa incluso antes de leer el guión. “Cuando Sam me preguntó si lo haría, dije: ‘¡Sí!’ Y luego, al leerlo, me di cuenta de que, interpretando a Hilary, puedes encarnar casi todas las emociones humanas”, relata.

“Desde el punto de vista de la actuación, fue un placer. Estaba escrita tan bellamente, con tanto amor, y se la presenta como una mujer valiente, lo cual me encantó. Y nunca había visto este tipo de personaje bipolar interpretado en la gran pantalla antes”, sigue la actriz de “La favorita”.

La intérprete, que da vida a Isabel II en la serie “The Crown”, reconoce que fue “un regalo” contar con Mendes para guiarla en la compleja representación de un personaje bipolar. “Él lo presenció directamente, se pasó su infancia observando con atención (a su madre) y aprendiendo a conocer las señales. La valiente subida (de la etapa maníaca), cuando era poderosa y elocuente, y luego la caída hacia abajo (con la depresión)”, explica.

Las escenas de sexo

La actriz de 48 años confiesa con humor que no fue fácil abordar las escenas de sexo con la estrella rutilante que es Ward, de solo 25 años. “Fue espantoso. Me dio mucha vergüenza, pero él estuvo genial, mucho más maduro que yo -ríe-. Y tuvimos una maravillosa ‘coordinadora de intimidad’ que trajo Sam, llamado Ita O’Brien, con quien casualmente yo había estudiado teatro”.

Colman revela que, al margen de la edad, las escenas de sexo siempre le dan “vergüenza”. La actriz incluso le pidió a Mendes si no podían eliminar las escenas sexuales de Hilary con Stephen y limitarlo a “un beso y luego salir fumando, como si ya hubiera sucedido”. Pero Mendes la convenció para que las hiciera, al considerar que “no eran gratuitas”.

Pero el cineasta argumenta que estaba interesado en ver “su deseo físico” y “su vulnerabilidad” y señala que a veces el cine te lleva a lugares poco transitados: “Te da la oportunidad de mirar brevemente detrás de la cortina, ver lo que realmente está sucediendo”.

 

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