Terror en Abasto: un disparo, golpes y ataduras en un asalto
Edición Impresa | 1 de Junio de 2023 | 04:59

Fueron alrededor de dos horas de un asalto cargado de violencia y amenazas difíciles de asimilar, las que tuvo que soportar en Abasto un comerciante de 59 años, su esposa de 56 y la madre de la mujer, que tiene casi 90.
Por lo que pudo saber ayer este diario en el lugar de los acontecimientos, el brutal episodio ocurrió el lunes pasado, minutos antes de las 19, en una vivienda ubicada en la calle 516 bis entre 208 y 209, hasta donde llegó -al parecer en una camioneta Renault Kangoo- una banda de entre cinco y seis delincuentes.
Tres de ellos ingresaron por el fondo del domicilio y los demás aguardaron dentro del vehículo.
Sobre el hecho, una de las víctimas le contó a EL DIA que los asaltantes que los atormentaron estaban encapuchados, cubrían sus manos con guantes y portaban un arma de fuego cada uno.
“QUISE ESCAPAR Y ME DISPARARON”
En la vivienda del ataque, dos de los damnificados, José Raúl Vallejos (59) y su suegra, Blanca Fornes (88), atendieron a este diario mientras la otra víctima, Karina Balcarce (54), se encontraba descansando en su habitación.
Vallejos, con rostro que denotaba la traumática experiencia padecida, contó que la odisea para la familia arrancó cuando “tres delincuentes pasaron por un lateral de casa y al llegar al fondo, treparon hasta llegar a una puerta balcón”.
La primera en toparse con el grupo delictivo fue su mujer, porque, explicó Vallejos, “cuando estábamos en nuestra ferretería (al lado de la vivienda), me dijo que venía a casa para ir al baño”.
El hombre citó que, como su esposa se demoraba en volver al local, decidió ir a la vivienda para conocer el motivo: “Hacía más de media hora que se había ido. Apenas entré, estos pibes que no tenían aspecto de ladrones, que estaban bien vestidos, demostraban tener entre 25 y 30 años, me vieron y entonces quise escapar por la escalera”, consignó.
No sólo que no lo consiguió, sino que se estremeció cuando “uno de los delincuentes me apuntó con su arma y disparó al verme correr. Creo que fue para asustarme, porque si me hubiese querido pegar, lo hubiera logrado”, conjeturó.
Segundos después, lo redujeron y vio que a su esposa “la ataron de pies y manos con cintas metalizadas, y la amordazaron de igual modo”.
De inmediato, citó que “me llevaron a otro ambiente de la planta alta. También me ataron de pies y manos, pero con cables que arrancaron de la aspiradora”.
Su relato incluyó, segundos después, una escena que cuesta imaginar y que describe a las claras el grado de insensibilidad, la falta de escrúpulos, que evidenció la banda.
“A mi suegra (que camina apoyada con un bastón) la levantaron y prácticamente la arrastraron por la escalera desde la planta baja hasta el piso de arriba, sin importarle los golpes y el dolor que le provocaban”, expresó indignado el dueño de casa.
Asimismo, señaló que “a los tres nos tuvieron en la planta alta, aunque en diferentes sectores”.
“PENSÉ QUE NOS IBAN A MATAR”
En otro pasaje de la larga charla con este diario, Vallejos reconoció que “las amenazas que sufrimos con mi mujer eran tremendas”.
Consultado al respecto, hizo saber que “a los dos nos decían, por ejemplo, que nos iban a pegar un tiro o que iban a cortarnos dedos”.
Creyéndolos capaces de ejecutar esas advertencias, Vallejos admitió angustiado: “Pensé que nos iban a matar”. Su desánimo se traslució además cuando recordó que “a mi mujer le pegaron con las manos en la cara y en la cabeza”.
La conversación, seguida atentamente por su suegra, que evidenció también estar afectada emocionalmente por los horrorosos momentos sufridos, viró luego hacia el amplio y suculento botín del que se apoderó el trío delictivo.
En tal sentido, el ferretero reveló que “robaron 1.200.000 pesos que tenía preparados para pagar a distintos proveedores, en una cantidad que no es común que tenga en casa, pero por los feriados del fin de semana pasado se fue acumulando”.
“También se apoderaron en el negocio de entre 20.000 y 30.000 pesos de la recaudación, a la vez que encontraron 200 dólares, que con mi señora ni recordábamos tenerlos. Y supusieron que entonces habría un monto mayor y se pusieron insistentes, aunque terminaron dándose cuenta que era el único monto en esa moneda”, reflejó.
Enseguida enumeró otras pertenencias sustraídas por la banda: “una camioneta Renault Koleos 2010, alhajas, un televisor, una notebook, una tablet, dos celulares, ropa, zapatillas y hasta botellas de champán, whisky y vino, algunas de ellas que estaban dentro de la heladera”.
Al mismo tiempo, informó que en su ferretería “también sustrajeron mercadería, como amoladoras, taladros, baterías y muchas herramientas de mano”.
Tanto el comerciante como su suegra, recordaron que el inmueble ya registraba un caso de inseguridad.
Al respecto, mencionó que “fue hace unos 25 años, también fue un asalto, aunque ni de casualidad con la violencia física y psicológica que tuvimos ahora”.
¿LA MISMA BANDA?
Cuando se le preguntó si el asalto en su vivienda se trató de un hecho de inseguridad aislado en el barrio, respondió sin dudar que “no, últimamente hubo otros dos casos”.
Y los expuso: “A un vecino que vive cerca de acá también lo asaltaron en su casa. En cambio, a otro hombre intentaron también meterse a su vivienda a robar, pero al parecer le habrían avisado y activó la alarma, poniendo en fuga a los delincuentes”.
En ese barrio, hubo quienes están convencidos de que esos ladrones son los mismos que los que asaltaron y amedrentaron al ferretero y su familia: “Eran tres, estaban encapuchados y armados. Sus siluetas eran muy similares a los de esta banda, según pudimos ver por cámaras de seguridad que los filmaron”.
Pese a que investigadores de la comisaría séptima están tras los pasos de esos ladrones que tienen en jaque al barrio, permanecen prófugos.
Pero el malestar vecinal es muy grande y ayer un nutrido grupo de frentistas se reunió por la tarde-noche con jefes policiales y representantes del ministerio de Seguridad bonaerense, en el Centro de Fomento El Centinela, ubicado en 171 entre 46 y 47.
“Nos robaron en casa y en la ferretería casi al mismo tiempo. Entraron tres delincuentes y afuera, en un vehículo, esperaron otros dos ó tres más”
“Nos tuvieron casi dos horas y pese a que se llevaron bastante plata, cuando encontraron 200 dólares, pensaban que teníamos un monto mayor”
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