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Marlon Brando, la leyenda: se cumplen 100 años del nacimiento del actor ¿El mejor de la historia?

Marlon Brando, la leyenda: se cumplen 100 años del nacimiento del actor ¿El mejor de la historia?
3 de Abril de 2024 | 10:21

Marcó el camino. Un siglo atrás nacía, el 3 de abril de 1924, Marlon Brando. El hombre que revolucionó su oficio, el que influyó a todos los que vinieron detrás. Un genio como actor y un hombre tortuoso. Durante las últimas tres décadas de su vida decidió malgastar sus dones, se había cansado de su propio talento. ¿Fue Marlon Brando el mejor actor de la historia?

Sin dudas, llego a ser una de las estrellas más importante del mundo al menos durante un cuarto de siglo. Con su estilo tan particular y sus interpretaciones extraordinarias revolucionó el oficio en cuestión. Mitos inagotables entorno a su imagen.

Si hay algo que el gran Brando detestaba con toda su alma era eso que se conoce como Hollywood. Ahora, el actor que elevó la vara del arte dramático cumpliría 100 años este 3 de abril. Nació en Omaha, Nebraska, en 1924 y falleció en Los Ángeles, California el 1º de julio de 2004. 

Partió delirando frases de poetas aprendidas en la adolescencia, recordando a sus muchos hijos y a sus muchas mujeres y, sobre todo, a su madre, a quien quiso muchísimo, y maldiciendo a su padre golpeador, el culpable de la triste procesión que corría por dentro de su cuerpo enorme, el que alguna vez fue el modelo de jóvenes que querían imitarlo.

Murió como lo que fue, un hombre grandioso pero amargado, con más aflicciones de lo que los periodistas de espectáculos le inventaron. Vale recordar que se le suicidó una hija después de que otro hijo mató al amante de aquella por celos. Sí, fue una tragedia familiar de película.

Jugando con el tiempo, si nos retrotraemos a los inicios, tenemos a un padre que lo fajaba sin motivo, algo que Bud (como le decían de pequeño) nunca pudo superar. También tuvo una madre alcohólica a la que amaba y siempre recordaba con cariño.

En su infancia se la pasaba intentando atrapar pájaros y matando insectos. Años después diría una frase que es para ponerla en un cuadro en la escuela de teatro: “Actuar es sobrevivir”.

Después de esa etapa triste y terrible, pero a la vez levemente feliz, se inscribió en The New School, de Nueva York, para hacer Investigación Social en un centro de coordinación para judíos que habían escapado de Hitler. Y sin querer, se convirtió en actor gracias a una actriz y profesora llamada Stella Adler, quien le dijo que no se actúa con palabras, sino con el alma. A partir de ahí, Bud se convirtió en Marlon Brando y cambió la historia de la actuación para siempre.

Dilapido millones y millones de dólares. Y aún se recuerda una de sus últimas conferencias dónde se pudo ver a un Brando devastado, ya obeso y a la vuelta de todo. Parece una de sus tantas actuaciones brillantes, aunque esa vez sí que la sintió en serio.

Algunos entendidos aseguran que fue el mejor. Pero, lo cierto es que, en 1951, tras representar la obra de Tennessee Williams Un tranvía llamado deseo cientos de veces en las tablas, conoció al director Elia Kazan y llevaron la obra a la gran pantalla. En la película representó a Stanley Kowalski, el papel que lo catapultó a la fama internacional. Y desde ahí, al infinito. 

Vale recordar que, antes había hecho Hombres en 1950, fue su debut en el cine, en la que ya empezaba a usar el Método, que viene del gran maestro ruso Konstantin Stanislavsky y que consiste en la realidad y en la pureza llevadas a cabo por un actor para alcanzar la verdad.

Sin embargo, no le gustó su segunda actuación con Kazan, la de Nido de ratas en 1954, quizá porque hacía de un soplón, un personaje que era como un reflejo del director, quien mandó al frente a colegas en los tiempos del senador McCarthy.

A Brando casi lo incluyen en las listas negras, porque siempre fue sospechado de ser comunista. Si no lo pusieron fue sólo porque ganó el Oscar en 1955 por su rol en La ley del silencio, con lo que se convirtió en el actor más joven en ganarlo.

Ese año fue a recibirlo, algo que no hizo cuando ganó su segundo Oscar con El padrino en 1972 y en la ceremonia una india (que en realidad era una modelo y actriz) lo recibió en su nombre y para tirar una bomba molotov antirracista en la cara de los ricos de la industria.

Grande entre los grandes. Brando fue Emiliano Zapata, Marco Antonio, Napoleón Bonaparte, trabajó con Charles Chaplin (a quien no le pegó por respeto), con Frank Sinatra, con Stanley Kubrick (a quien corrió del set porque el director no entendía la película que estaban haciendo), fue un capitán de barco y dos veces nazi, fue un chofer secuestrador y el terrible sir William Walker en Queimada (1969), de Gillo Pontecorvo.

Hasta que llegó el año 1972 y clavó un programa doble tremendo con El padrino y Último tango en París. En esta última, dirigida por Bernardo Bertolucci, hubo polémica porque la actriz María Schneider, que entonces tenía 19 años, dijo, tiempo después, que se había sentido humillada y, “para ser sincera, un poco violada tanto por Brando como por Bertolucci”.

La declaración la tomaron literal y pensaron que hubo una violación en serio, pero Schneider se refería a que la innecesaria escena de sexo con la mantequilla no estaba en el guion y que ni el director ni Brando pidieron disculpas.

Por último, en los ′80 y en los ′90 se dedicó a hacer papeles chicos, salvo en Don Juan de Marco, con Johnny Depp, en la que sí hace un papel importante.

Así, lo dicho entonces. En 1990 su hijo Christian mató al novio de su hermana Cheyenne de un balazo. El joven fue encontrado culpable y pasó varios años en prisión. Cheyenne, por su parte, se suicidó; todavía no había cumplido los 25 años.

Estos dolores desgarradores, la decadencia física, las penurias económicas debido a su prodigalidad hicieron que sus últimos años fueran muy malos. Ya ni siquiera podía actuar. El fuego sagrado se había extinguido hacía mucho tiempo. Cuando la muerte lo encontró, tenia 80 años. 

 

 

 

 

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