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El tributo que perdura a la figura de José María Paz

El 17 de diciembre de 1887, la municipalidad de Córdoba inauguró la estatua del ilustre general argentino, José María Paz. Esta es una ilustración homenaje a ese día

Por Redacción

La memoria de José María Paz se sostiene en gestos y homenajes que atravesaron generaciones. Conocido como el “Manco Paz” por la herida que lo marcó de por vida, el general fue protagonista de batallas decisivas y un estratega respetado tanto por sus contemporáneos como por la posteridad. Murió en Buenos Aires en octubre de 1854 y recibió sepultura en la Recoleta con los máximos honores. Pero, su destino final lo vinculó definitivamente a Córdoba, la provincia que lo vio crecer y que lo adoptó como símbolo.

En 1956, un acto cargado de significado reunió a cadetes de la décima promoción del Liceo Militar General Paz, quienes trasladaron sus restos desde Buenos Aires hasta la Catedral de Córdoba. Allí descansan hasta hoy, junto a los de su esposa, cuyos restos fueron repatriados años después desde Brasil. El Liceo mismo, creado en 1944 por iniciativa del diputado cordobés Víctor Martínez, constituye otro tributo vivo a la figura del general, formando a generaciones bajo su nombre y ejemplo.

El recuerdo de Paz también late en el espacio público. Su escultura ecuestre fue el primer monumento conmemorativo erigido en Córdoba. La idea surgió en 1875, cuando el arquitecto José Allio propuso al rector Manuel Lucero erigir una obra en su honor. Dos años más tarde, la Intendencia encomendó la tarea al prestigioso escultor francés Alexandre Falguière. Tras debates sobre su emplazamiento, en 1886 se creó la Plaza General Paz para albergar la estatua, inaugurada finalmente el 18 de diciembre de 1887.

El destino de la obra no estuvo exento de cambios. En 1970, el intendente Hugo Taboada abrió la avenida General Paz y la calle La Tablada, lo que fragmentó la plaza. Al año siguiente, la escultura fue trasladada al Parque Autóctono, en las cercanías del paraje donde Paz había conseguido su triunfo en la batalla de La Tablada el 23 de junio de 1829. El monumento adquirió un nuevo valor simbólico: no solo recordaba a un hombre, sino que se alzaba sobre la geografía misma de sus victorias.

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