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Temas |EL UNIVERSO SE EXPANDE, PERO TU RELOJ NO

Qué dice la astrofísica sobre el tiempo que sentimos pasar

Estudios de Edwin Hubble demuestran el fenómeno que solo ocurre solo a escalas entre galaxias y no afecta a la Tierra. La sensación de que los años pasan más rápido es psicológica, no causada por cambios físicos del cosmos

Qué dice la astrofísica sobre el tiempo que sentimos pasar

Freepik

15 de Marzo de 2026 | 07:12
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La astrofísica comprobó que el universo se expande —un fenómeno observado desde los trabajos de Edwin Hubble— e incluso que esa expansión se acelera, pero ocurre solo a escalas gigantescas entre galaxias y no afecta a sistemas locales como el sistema solar o la Tierra. Por eso no modifica el ritmo real del tiempo: la sensación de que “los años pasan más rápido” es un efecto psicológico ligado a la memoria y la percepción, no a cambios físicos del cosmos.

UN COSMOS QUE CRECE

Desde hace casi un siglo, la astronomía sabe que el universo no es estático. En 1929, el astrónomo Edwin Hubble observó que las galaxias lejanas se alejan unas de otras y que cuanto más lejos están, más rápido parece ser su movimiento. Esa relación, conocida como ley de Hubble-Lemaître, fue la primera evidencia fuerte de que el universo se está expandiendo.

La explicación moderna es que no son las galaxias las que “viajan” por un espacio vacío, sino que el propio espacio se estira. A medida que se expande, la luz que lo atraviesa también se estira y sus ondas se vuelven más largas, produciendo el fenómeno llamado corrimiento al rojo. Ese efecto es una de las herramientas principales que usan los astrónomos para medir distancias cósmicas.

Otra prueba clave llegó con el descubrimiento del fondo cósmico de microondas, una tenue radiación que llena todo el universo y que es considerada el eco térmico del Big Bang. Con el paso del tiempo, la expansión del espacio fue enfriando esa radiación hasta dejarla hoy en apenas unos 2,7 grados por encima del cero absoluto.

Las mediciones modernas, realizadas con telescopios espaciales y satélites científicos, confirman con enorme precisión ese panorama: el universo tiene unos 13.800 millones de años y continúa expandiéndose en todas las direcciones.

LA EXPANSIÓN ACELERADA DEL UNIVERSO

A fines del siglo XX ocurrió otro descubrimiento inesperado. Dos equipos internacionales de astrónomos que estudiaban explosiones estelares muy lejanas —supernovas tipo Ia— encontraron que el universo no solo se expande: lo hace cada vez más rápido. Ese resultado sorprendió a la comunidad científica y terminó otorgando el Premio Nobel de Física en 2011 a los investigadores que lo demostraron.

Para explicar esa aceleración se propuso la existencia de una forma de energía aún misteriosa conocida como energía oscura. Según los modelos cosmológicos actuales, esa energía constituiría cerca del 70% del contenido total del universo, mientras que la materia común —de la que están hechos los planetas, las estrellas y los seres humanos— representa menos del 5%.

Aunque todavía se desconoce su naturaleza exacta, los datos observacionales coinciden en que la energía oscura actúa como una fuerza repulsiva a gran escala que empuja la expansión del cosmos. En otras palabras, el universo no solo crece: cada vez lo hace con mayor velocidad.

Este fenómeno ocurre a escalas enormes, entre galaxias separadas por millones de años luz. Allí es donde la expansión del espacio domina la dinámica del cosmos.

POR QUÉ LA EXPANSIÓN NO AFECTA A LA TIERRA

A pesar de lo espectacular del fenómeno, la expansión del universo no afecta a los objetos cercanos. Los sistemas que están unidos por fuerzas intensas —como la gravedad o el electromagnetismo— permanecen intactos.

Eso significa que ni los átomos, ni los planetas, ni el sistema solar, ni siquiera las galaxias se “estiran” con el universo. Las fuerzas que mantienen unidas esas estructuras son muchísimo más fuertes que el efecto extremadamente débil de la expansión cósmica a pequeña escala.

Por ejemplo, la gravedad mantiene a la Tierra en órbita alrededor del Sol y a las estrellas agrupadas en la Vía Láctea. En esas escalas, la expansión del universo es tan minúscula que resulta completamente imperceptible.

Solo cuando se observan distancias gigantescas —del orden de decenas de millones de años luz— aparece con claridad el efecto acumulado de la expansión del espacio.

EL TIEMPO EN UN UNIVERSO QUE SE EXPANDE

En cosmología, el paso del tiempo se describe mediante modelos matemáticos de relatividad que relacionan el crecimiento del universo con un parámetro llamado “factor de escala”. Ese modelo, derivado de la relatividad general, explica cómo cambia el tamaño del universo a lo largo de su historia.

Uno de los efectos observables de esa expansión es la llamada dilatación temporal cosmológica. Cuando los astrónomos observan eventos muy lejanos —por ejemplo, supernovas— descubren que sus procesos parecen durar más tiempo que los equivalentes cercanos.

La razón es que la luz de esos fenómenos viaja durante miles de millones de años por un espacio que se estira continuamente. Ese estiramiento hace que los intervalos de tiempo que vemos desde la Tierra aparezcan ampliados por un factor relacionado con el corrimiento al rojo.

Pero ese efecto solo ocurre en la observación de objetos extremadamente lejanos. Para cualquier observador local, el tiempo sigue transcurriendo con normalidad.

POR QUÉ SENTIMOS QUE EL TIEMPO PASA MÁS RÁPIDO

La sensación de que “los años pasan cada vez más rápido” es un fenómeno bien conocido en psicología, pero no tiene ninguna relación con la expansión del universo.

La percepción humana del tiempo depende de procesos neurológicos y cognitivos: la atención, la memoria, la emoción y la novedad de las experiencias influyen en cómo registramos el paso de los días y los años. Cuando las experiencias se vuelven rutinarias o cuando acumulamos más recuerdos, el cerebro tiende a comprimir la sensación del tiempo transcurrido.

Por eso muchas personas sienten que la infancia parecía eterna y que la adultez pasa volando. No se trata de un cambio físico del tiempo, sino de cómo lo registra la mente.

En síntesis, la expansión del universo es un fenómeno real y medido con enorme precisión por la astrofísica. Sin embargo, ocurre a escalas tan gigantescas que no altera ni el funcionamiento de los sistemas locales ni el ritmo al que transcurre el tiempo para los seres humanos. El reloj del cosmos puede estarse acelerando en la inmensidad del espacio, pero aquí, en la Tierra, el tiempo sigue avanzando exactamente al mismo paso de siempre.

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