Deuda en dólares: una vuelta con US$ 1.000 millones
Edición Impresa | 11 de Diciembre de 2025 | 03:11
Tras casi ocho años sin acceso al crédito voluntario en dólares, Argentina volvió a colocar un bono en moneda extranjera. El Ministerio de Economía adjudicó U$S1.000 millones mediante el Bonar 2029N, un título bajo ley local con cupón de 6,5% anual y amortización íntegra al vencimiento, previsto para el 30 de noviembre de 2029. La emisión se concretó a un rendimiento de 9,26% anual, un costo superior al que había planteado Luis Caputo, quien un día antes afirmó ante inversores que esperaba conseguir financiamiento por debajo o cerca del 9%.
La licitación despertó interés: llegaron ofertas por más de U$S1.400 millones, provenientes de más de 2.500 participantes. La tasa obtenida quedó 550 puntos básicos por encima de los bonos del Tesoro de Estados Unidos de plazo similar y alrededor de 100 puntos básicos por debajo del rendimiento de los títulos argentinos comparables. Según Economía, esto refleja una prima asociada a la estructura bullet del bono, que elimina incertidumbres de flujos intermedios y mejora la lectura de riesgo.
Los fondos recaudados se destinarán a cubrir pagos clave del calendario de deuda. El Tesoro deberá afrontar en enero la amortización de los Bonares 2029 y 2030, por cerca de U$S1.186 millones. El Gobierno busca cumplir esos compromisos sin recurrir a las reservas del Banco Central, que este año se utilizaron en gran parte para cancelar vencimientos ante la imposibilidad de acceder a crédito tradicional. La intención oficial es que el retorno al financiamiento en dólares permita recomponer reservas netas, mejorar la hoja de balance del BCRA y favorecer una reducción sostenida del riesgo país.
El objetivo estratégico es bajar ese indicador por debajo de los 500 puntos básicos, requisito para reabrir los mercados externos. El equipo económico considera que la consolidación del superávit fiscal, la disciplina monetaria y la recapitalización del Banco Central fortalecen la solvencia del país y justifican un costo financiero más bajo. Aun así, operadores internacionales señalan que la tasa del Bonar todavía luce exigente para estándares de Wall Street y representa un primer paso prudente antes de avanzar hacia emisiones a mayor plazo o en legislación extranjera.
Analistas del mercado calificaron la operación como un punto de partida ordenado. Coinciden en que captar U$S1.000 millones sin presión sobre el tipo de cambio demuestra cierta recomposición de confianza, aun cuando el rendimiento final quedó por encima de lo deseado por Economía. También destacaron que los incentivos regulatorios recientes, que habilitaron mayor participación de bancos y aseguradoras, contribuyeron al volumen de órdenes.
El regreso al financiamiento en dólares, limitado a un instrumento doméstico, implica una señal hacia adelante.
Por un lado, permite cubrir vencimientos inmediatos sin deteriorar la posición cambiaria. Por otro, funciona como termómetro para futuras colocaciones, en un escenario donde el Gobierno necesita refinanciar alrededor de U$S3.600 millones adicionales más adelante y aspira a dejar atrás el período de aislamiento financiero.
Con el Bonar 2029N como protagonista, el Tesoro vuelve a mirar a los mercados en busca de un sendero de financiamiento estable, con la expectativa de que una evolución favorable de los indicadores permita abaratar el costo del crédito para empresas y familias.
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