Cuando la sociedad se convierte en rehén de la violencia política
Edición Impresa | 30 de Agosto de 2025 | 01:53

La semana que termina arroja un dato realmente preocupante: la política, la sociedad, las organizaciones intermedias, parecen naturalizar la violencia política que se está viendo en esta campaña. Física y verbal.
Una ristra de episodios repulsivos, reñidos con el espíritu democrático, se ha registrado en la agenda pública que, por obvias razones, está signada por la cuestión electoral. En todas, el presidente Javier Milei y su espacio han quedado involucrados, en rol de víctima o de generadores de la violencia, según la campana que se escuche. A saber:
- Hace unos días en Junín, Cuarta Sección Electoral de la Provincia, en principio esquiva electoralmente para La Libertad Avanza de cara a las elecciones provinciales del 7 de septiembre, hubo problemas en las inmediaciones de un acto en el que estuvo Milei como estrella principal. No pasó a mayores.
- El miércoles, en Lomas de Zamora, corazón peronista del Conurbano, la caravana proselitista en la que iba el Presidente, su hermana Karina y candidatos varios, debió culminar a los 100 metros de arrancar por un ataque a piedrazos de detractores de los libertarios, presuntamente ligados al oficialismo local, que hasta puso en peligro la integridad física del Jefe de Estado.
- El jueves en Corrientes, provincia que mañana irá a elecciones para elegir gobernador, Karina Milei y Martín Menem, el titular de la Cámara de Diputados, tuvieron que recular en su intento de hacer proselitismo en favor del candidato provincial libertario cuando toda la actividad viró a tumulto peligroso. Se aclara: la provincia la maneja el radicalismo.
- Ese mismo día, se vivió una mañana de tensión en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires (UBA) por una serie de enfrentamientos entre agrupaciones estudiantiles vinculadas al peronismo y los libertarios. Piñas, patadas, insultos. El hecho mereció que Milei se expresara al respecto. Meses atrás, algo similar había pasado en la Universidad Nacional de La Plata.
El ejercicio de “cargar las tintas”
Hablamos del preludio de una elección de medio término, si se quiere menor al compararla con las presidenciales. Se llega a este instante con un año y medio previo de un sistemático ejercicio de “cargar las tintas” (Exagerar el alcance o la significación de un dicho o un hecho; darle más importancia de la que realmente tiene. Inflar una situación o una declaración de manera excesiva) propiciado desde los dos polos que dominan hoy la política vernácula: el oficialismo libertario por un lado; el pero-cristinismo, por el otro.
Milei hizo un sello distintivo de la provocación, el insulto, los gritos, la descalificación a los que expresan disidencias. Sean políticos, periodistas o ciudadanos comunes. Quedará como paradigma histórico de esa desmesura su destrato humillante, y a todas luces desigual, con el niño Ian Moche, que padece una enfermedad del espectro autista.
Ese ejercicio de patoterismo verbal le valió al Presidente, entre otras cosas, perder valiosos aliados legislativos iniciales y por eso el oficialismo sufre hoy en el Congreso la imposición de una agenda que escribe la oposición más dura.
La movida de Cristina
Cristina Kirchner, que sigue siendo la líder de una porción considerable del peronismo, hizo de su situación de detención por corrupción un activo político. Con sus ya célebres posteos, que comienzan con el “Che, Milei…”, se sube a la pelea dialéctica con el oficialismo, explora la polarización desde su relato de “proscripción” (que sólo consume la ciega feligresía del llamado núcleo duro) y en forma a veces explicita y a veces elíptica llama a la “resistencia”. Su modelo es lo mejor para el pueblo; el de Milei, casi un usurpador del poder en esa lógica, es injusto, el que hay que “combatir”.
En el contexto antes mencionado, además con un plan de ajuste para estabilizar la macro-economía que ha necesitado del real sacrifico de una gran parte de la población, con un gobierno que enfrenta el cuestionamiento a uno de los activos que explican su razón de ser (venir a terminar con los “curros” de “la casta”) por los audios malditos de Spagnuolo y otros anteriores resbalones éticos, parece asomar algo que se vio en otras oportunidades de la reciente historia nacional: la crispación social general. Increíblemente abonada por la clase política.
Expresiones virulentas
En ámbitos académicos se analiza por estos días que el perfil bélico que le imprime Milei a toda su narrativa claramente fomenta este clima pero que no asomaría como el único culpable. Acaso lo que se vive hoy en el país -campañas violentas, una televisión agresiva, redes sociales en guerra- sea una nueva expresión más física, más visceral, de aquel hartazgo que hace dos años se expresó justamente en el apoyo masivo en el balotaje al propio Milei, un outsider raro de esa época pero que a lo largo de este tiempo transcurrido, por errores propios y porque no tuvo más opción que meterse en la realpolitik, lentamente se va convirtiendo en aquello que dijo que venía a combatir.
Resta saber cómo ese hartazgo, tal vez con una alta cuota de desilusión, se expresará en las urnas, primero en septiembre en la Provincia, después en octubre en las legislativas nacionales. Es que la falta de una oposición creíble y estructurada a nivel nacional genera un alto grado de desesperanza.
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