“La asistenta”: el arte de no poder soltar el libro

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Hay novelas que nacen para el desvelo. “La asistenta”, de la estadounidense Freida McFadden, pertenece a esa estirpe de thrillers psicológicos que se leen con el pulso acelerado y el celular abandonado en otra habitación. Publicada originalmente en inglés y convertida en un fenómeno global, esta novela inaugura una trilogía que se completa con “El secreto de la asistenta” y “La asistenta te vigila”. Es, además, el primer libro de la autora traducido al español, y todo indica que no será el último.

McFadden, médica especializada en trastornos cerebrales, demuestra un dominio quirúrgico del suspenso. Su escritura es directa, de capítulos breves y ritmo vertiginoso, pensada para avanzar sin respiro. La estructura en tres partes importa poco: lo que manda es la tensión constante, ese estado de alerta que crece página tras página y no afloja hasta el final.

La historia es sencilla y eficaz. Millie, una joven desesperada por conseguir trabajo, acepta un puesto como asistenta doméstica en la lujosa casa de los Winchester. Sueldo, comida y alojamiento incluidos: una oportunidad perfecta. Pero pronto aparecen las grietas. Nina, la dueña de casa, se comporta de manera errática y manipuladora; la niña, Cecelia, suma una inquietud silenciosa; y la casa misma —con su puerta que solo se abre desde afuera— empieza a sentirse como una trampa.

El mayor mérito no está en la trama sino en cómo McFadden administra la información. Narrada en primera persona, la novela limita el punto de vista a lo que Millie ve, piensa y cree entender. Esa restricción es clave: el lector arma teorías, sospecha de todos y, cuando cree haber resuelto el enigma, la autora introduce un giro inesperado que obliga a releer mentalmente lo ya leído. Los famosos “plot twists” aparecen con brusquedad y eficacia, alterando por completo la percepción de los personajes.

La asistenta
FREIDA MCFADDEN
Editorial: Suma de letras
Páginas: 344
Precio: $37.799
La asistenta
Freida McFadden

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