Cuento: “Ayer fue domingo”

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Por ANDRÉS SALINERO

Ayer fue domingo.

Pero no cualquier domingo.

Fue domingo de Pascuas.

Esos domingos en que de niño, mi madre me despertaba con la sonrisa de sus ojos claros.

Y su tierno beso en mi mejilla me indicaba que el mundo tenía un sentido.

Ayer domingo salí a caminar solo, sin rumbo fijo.

Por las calles desiertas de una ciudad que ya me es ajena.

Volví a desandar, una vez más, los viejos adoquines de Meridiano quinto; sí.

El país de mi infancia, ése al que cada tanto retorno.

Para recordar quién soy, para olvidarme de mi olvido.

Banderines de colores anunciaban alguna fiesta en la vieja estación de tren.

La misma que vi languidecer y morir en el amanecer de mi vida.

Esa estación que, en las tibias noches de verano,

iIuminaba con el farol de mi bicicleta nueva.

Con su luz blanca, intensa, ancha y profunda, que todo lo revelaban a mis ojos miopes.

Aún hoy, como ayer, sigo transitando esos adoquines y esas vías muertas

Aunque con una diferencia imposible:

Ese niño ha muerto.

Al país de mi infancia, Meridiano quinto.

A mis dos mejores amigos de la infancia, que nunca más vi: Daniel Conter (mi compañero de aventuras nocturnas en bicicleta por la República de Meridiano quinto) Juan Carlos Bruzzoni (que descanses en paz, amigo del alma>

 

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