Horacio Rumbo

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El fallecimiento del doctor Horacio Rumbo, hombre de ciencia y de vocación humanista, provocó pesar en ámbitos médicos de la Región.

Nació el 19 de julio de 1942 en La Plata. Hijo de Justo Osvaldo Rumbo y Elsa Mercedes Wilks, creció en un hogar que cimentó sus valores junto a sus hermanos Osvaldo, Marta y Arturo. Su formación inicial en la Escuela Graduada Joaquín V. González y el Colegio Nacional Rafael Hernández prefiguró una vida dedicada a la excelencia.

Egresado de la Facultad de Ciencias Médicas de la UNLP, encontró su destino en la Escuela Quirúrgica “Dr. Federico E. Christmann” del Hospital San Martín. Allí, se forjó como cirujano general con especialidad en coloproctología. Su ascenso en el escalafón hospitalario, hasta alcanzar la Jefatura de la Sala XXI, fue el resultado natural de una dedicación inquebrantable.

Su labor docente fue uno de sus mayores orgullos. Como Profesor Adjunto de la Cátedra de Cirugía “D” e instructor de residentes por más de dos décadas, formó generaciones de cirujanos. No solo enseñaba técnica; transmitía el valor ético de la relación médico-paciente y el respeto mutuo entre colegas. Su producción intelectual quedó plasmada en trabajos científicos y capítulos esenciales de libros de referencia de Editorial El Ateneo, como “Cirugía: semiología, fisiopatología y clínica quirúrgica” y “Cirugía”.

En el ámbito profesional privado, su nombre estuvo ligado al sanatorio IPENSA. Allí fue Jefe del Departamento Quirúrgico, Director y Vicepresidente. Se convirtió en un férreo defensor de la seguridad del paciente y la calidad institucional, con participación activa en entidades como la CIDCAM y ACLIBA I.

Fue un hombre de afectos sólidos. Padre de Martín, Carolina y Natalia, y abuelo de seis nietos —Lucas, Ignacio, Sofía, Manuel, Florencia y Francisco—, encontró en su familia la continuidad de su historia. Se casó en primeras nupcias con María Adelaida Rodrigo. Años más tarde, celebró su segundo matrimonio con Laura Silvia Davel.

Quienes lo conocieron lo recuerdan como una persona cercana, generosa y amable, que disfrutaba de la vitalidad de los jóvenes y brindaba su experiencia sin reservas. No solo se destacó como profesional en medicina y gestión de salud, también construyó una escuela de rectitud que perdura en cada discípulo y en el recuerdo de la Ciudad.

 

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