José Anacleto
Edición Impresa | 18 de Enero de 2026 | 02:19
El fallecimiento de José Buenaventura Anacleto, a los 92 años, produjo un hondo pesar en distintos ámbitos de la Ciudad. Había nacido el 8 de marzo de 1933 en El Dique. Sus padres, José Anacleto y Clara Miceli, inmigrantes italianos, desde muy temprano le transmitieron la cultura del trabajo, el esfuerzo y el valor de la familia. Luego nacieron sus hermanos, Juan Carlos y Ángela (“Quela”), con quienes mantuvo un vínculo cercano, entrañable y también laboral.
Desde muy joven comenzó a trabajar como ayudante de su padre en la construcción, iniciando un recorrido laboral que siempre estuvo ligado a ese rubro y a emprendimientos familiares: hacia 1952, José, su padre y sus hermanos fundaron un corralón de materiales de construcción y fábrica de polvo de ladrillos en la avenida 122 entre 52 y 53. Y en 1971 crearon la empresa José Anacleto e Hijos, dedicada a la venta de sanitarios y revestimientos, que continúa hasta hoy. También fue socio fundador de APA Autopartes.
En 1960 se casó con Nélida Saggio, su compañera de toda la vida, con quien formó una familia fundada en el amor, el respeto y la presencia constante. Juntos criaron a sus cuatro hijas, Adriana, Marcela, María Alejandra y Andrea, y las acompañaron en su crecimiento personal y profesional. Además, construyó un vínculo de amor y respeto con sus hijos políticos, al considerarlos parte esencial de la familia. Con el tiempo, su vida se fue poblando de once nietos y cuatro bisnietos, con quienes mantuvo una relación cercana, amorosa y cómplice.
Hombre de pasiones simples y profundas, fue aeromodelista y socio activo del Club de Aeromodelismo de La Plata, donde cosechó fuertes vínculos de amistad. Fue amante de los viajes, la fotografía y la cocina casera. También honraba sus raíces italianas elaborando vinos, conservas y embutidos que compartía con familiares y amigos.
Fue un apasionado de los deportes, especialmente del fútbol, hincha ferviente y socio vitalicio de Gimnasia.
José Buenaventura Anacleto será recordado en la Ciudad como un hombre de trabajo, honesto, de valores firmes, protector de su familia y dueño de un humor particular. Su vida dejó una huella silenciosa y profunda, construida con dignidad, coherencia, amor y respeto.
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