Groenlandia: tierras raras de sobra, pero poco accesibles
Edición Impresa | 23 de Enero de 2026 | 00:58
La geopolítica del siglo XXI encontró en Groenlandia un nuevo punto de tensión. La administración de Donald Trump volvió a colocar a la isla en el centro de su agenda de seguridad nacional, impulsada por el valor estratégico de sus tierras raras, minerales clave para la fabricación de imanes permanentes, baterías, turbinas eólicas y tecnología militar. Según estimaciones, Groenlandia cuenta con 1,5 millones de toneladas de tierras raras.
Desde 2025, con la presentación de la Make Greenland Great Again Act, Washington elevó la presión diplomática sobre Dinamarca y llegó a plantear, en términos retóricos, escenarios de control directo. Según el Center for Strategic and International Studies (CSIS), la Casa Blanca considera a Groenlandia una pieza central para asegurar el suministro de minerales críticos frente al dominio chino.
Pero más allá del interés político, la realidad física impone límites concretos. Groenlandia, un territorio tres veces más grande que Texas, cuenta con apenas 150 kilómetros de rutas asfaltadas, no tiene ferrocarriles y sus asentamientos no están conectados por tierra.
Sin infraestructura
Especialistas del Servicio Geológico de Dinamarca y Groenlandia advierten que cualquier proyecto de extracción de tierras raras debería construir desde cero carreteras, puertos industriales y sistemas energéticos autónomos. El puerto de Narsaq, por ejemplo, apenas mueve 50.000 toneladas anuales, una cifra insignificante para una operación minera de escala global.
Incluso si se resolviera la infraestructura, la geología presenta un problema adicional. A diferencia de otros países productores, las tierras raras de Groenlandia se encuentran mayoritariamente encapsuladas en eudialita, una roca compleja para la cual aún no existe un método de extracción económicamente viable a gran escala.
A diferencia de las carbonatitas explotadas en China o Australia, la eudialita requiere procesos costosos y no probados industrialmente. Analistas estiman que desarrollar una tecnología rentable demandaría inversiones superiores a los 1.000 millones de dólares, sin garantías de éxito.
El entusiasmo político contrasta con la cautela empresarial. Tras décadas de exploración, ninguna gran minera logró operar con éxito proyectos de tierras raras en la isla. Yacimientos como Kvanefjeld, uno de los más prometedores, están asociados a uranio, lo que generó un fuerte rechazo social y derivó en leyes ambientales que bloquearon su desarrollo.
Para expertos del sector, Groenlandia no es un “paraíso mineral” sino un territorio donde los costos de procesamiento, los riesgos ambientales y la oposición local diluyen cualquier rentabilidad potencial.
China, el actor que ya está adentro
El principal telón de fondo de esta disputa es China, que controla cerca del 90% del suministro global de tierras raras. Pekín logró posicionarse indirectamente en Groenlandia a través de inversiones y litigios.
La empresa Energy Transition Minerals (ETM), con fuerte participación de capital chino, mantiene un arbitraje internacional contra el gobierno groenlandés por 11.500 millones de dólares, tras la prohibición de la minería de uranio en 2021. El reclamo equivale a cuatro veces el PIB de la isla y bloquea de hecho algunos de los yacimientos más ricos.
Hoy, Groenlandia solo tiene dos minas activas: una de anortosita y la de oro de Nalunaq. Esta última produjo 6.600 onzas en 2025, un volumen significativo pero irrelevante para el mercado de tierras raras, que requiere grandes volúmenes y cadenas logísticas complejas.
Mientras tanto, empresas estadounidenses ya producen imanes permanentes en Texas utilizando insumos obtenidos fuera de China, lo que relativiza la urgencia de explotar yacimientos en el Ártico.
El Ártico navegable y la ilusión del acceso
El deshielo acelerado del Ártico abrió nuevas rutas marítimas y reforzó el valor estratégico de Groenlandia como nodo logístico. Sin embargo, esa conectividad marítima no resuelve los problemas en tierra: el clima extremo obliga a paralizar operaciones durante varios meses al año, afectando la productividad y los costos.
Groenlandia concentra tierras raras que podrían ser decisivas en la competencia tecnológica global. Pero en 2026 ese potencial sigue limitado por una combinación de geología hostil, ausencia de infraestructura, restricciones ambientales y disputas legales.
Mientras Washington presenta a la isla como un activo clave de la nueva Guerra Fría tecnológica, la realidad es más austera: el mayor obstáculo para acceder a sus minerales críticos no es la política internacional, sino la imposibilidad material de llegar a ellos.
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