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Inacción gremial

 

Jimena Romero, señala: “En un país golpeado por el ajuste y el deterioro del empleo y los cierres de fábricas, la pasividad de la CGT resulta inadmisible. La reforma laboral no es una modernización: es un ataque directo a derechos históricos. Facilita despidos, achica la protección legal y debilita la negociación colectiva. Es un retroceso que deja a millones de trabajadores/as más vulnerables. “Ante este escenario, la CGT debería estar a la cabeza de la resistencia. Sin embargo, elige mirar para otro lado y evita convocar a un paro general justamente cuando más se lo exige la realidad. Esa inacción no solo la vuelve irrelevante: vacía de sentido su existencia. Una central obrera que no defiende derechos cuando éstos son arrasados renuncia, de hecho, a su razón de ser.”

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