Occidente mira a China: por la guerra comercial de Trump
Edición Impresa | 30 de Enero de 2026 | 02:06
Las tensiones comerciales heredadas de la era de Donald Trump están acelerando un giro estratégico en Occidente y empujando a Europa y a algunos de sus aliados tradicionales a recomponer vínculos económicos con China.
La política arancelaria errática de Estados Unidos, marcada por amenazas repentinas y gravámenes punitivos, ha debilitado la percepción de Washington como un socio confiable y obligado a muchos gobiernos a diversificar mercados en un contexto global cada vez más fragmentado.
El primer ministro británico, Keir Starmer, se convirtió esta semana en el último líder occidental en descongelar las relaciones comerciales con Beijing. Su visita a China, destinada a promover una cooperación “pragmática”, se suma a una seguidilla de viajes recientes de dirigentes de Canadá, Irlanda, Francia y Finlandia.
COOPERACIÓN “PRAGMÁTICA”
Para Hosuk Lee-Makiyama, director del Centro Europeo de Economía Política Internacional, existe “una verdadera carrera entre los jefes de Gobierno europeos para reunirse con Xi Jinping”, motivada por la competencia interna para asegurarse inversiones y acceso al mercado chino antes de las próximas cumbres entre China y Estados Unidos previstas para febrero y abril.
Este movimiento refleja una reconfiguración más amplia. Si bien China vuelve a ganar atractivo, no es el único destino buscado. La Unión Europea intenta abrir nuevos frentes comerciales ante la incertidumbre generada por Washington. En ese marco, India y la UE cerraron un acuerdo de libre comercio largamente postergado, que llevaba más de veinte años de negociaciones. A la vez, Bruselas y Hanoi acordaron profundizar la cooperación en comercio, tecnología y seguridad, en un esfuerzo por ampliar su red de socios en Asia.
Sin embargo, estos mercados alternativos no alcanzan para compensar la magnitud de las economías europeas más dependientes de las exportaciones. Según Lee-Makiyama, India y otros actores emergentes, como el Mercosur -que también selló un pacto con la UE aunque ahora enfrenta una revisión judicial-, “son demasiado pequeños para sostener las economías exportadoras del continente”. Por eso, Europa “no tiene más remedio que recurrir a Beijing”, pese a la persistente inquietud por el historial chino en materia de derechos humanos y las acusaciones de coerción económica.
POLÍTICA IMPREVISIBLE
El telón de fondo es la imprevisibilidad de la política comercial estadounidense. Para William Alan Reinsch, del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales de Washington, la avalancha de aranceles impulsada por Trump demuestra que “Estados Unidos ya no es un socio comercial fiable”. Incluso sostiene que, de forma irónica, esas mismas políticas fueron decisivas para empujar el acuerdo entre la UE e India hasta su concreción, dos décadas después de haber sido iniciado.
En el caso británico, el acercamiento a China también responde a necesidades internas. Londres y Beijing atravesaron una “era dorada” hace una década, pero la relación se deterioró a partir de 2020, cuando China impuso una estricta ley de seguridad nacional en Hong Kong, excolonia británica. Aun así, China sigue siendo el tercer socio comercial del Reino Unido, y el gobierno laborista de Starmer apuesta a revitalizar el crecimiento económico fortaleciendo esos lazos. Durante su encuentro con Xi Jinping, el premier subrayó que es “vital” profundizar la relación bilateral, mientras el mandatario chino llamó a reforzar la cooperación ante las turbulencias geopolíticas.
La Unión Europea, por su parte, avanza con cautela. Aunque busca estrechar vínculos con China, observa con inquietud el fuerte desequilibrio comercial, con un déficit que supera los 350.000 millones de dólares en perjuicio del bloque. En paralelo, China e India coordinan estrategias para amortiguar el impacto de los gravámenes estadounidenses diseñados para proteger la industria manufacturera norteamericana.
“El mundo no puede volver a la ley de la selva”, advirtió el viceprimer ministro chino He Lifeng en el Foro Económico Mundial.
Trump, lejos de moderar su postura, respondió en algunos casos con nuevas amenazas, incluida la imposición de un arancel del 100% a los productos canadienses si Ottawa profundiza acuerdos con Beijing. Pese a ello, el primer ministro canadiense Mark Carney defendió en China una “nueva asociación estratégica” y un acuerdo preliminar para reducir aranceles bilaterales. Para analistas, esta apuesta refleja un intento de adaptarse a un orden global más incierto, aun a riesgo de tensiones con Washington.
En conjunto, estos movimientos sugieren que el endurecimiento comercial estadounidense podría terminar aislando a Estados Unidos, mientras sus aliados históricos exploran, con pragmatismo y reservas, un mayor acercamiento a Asia y, especialmente, a China.
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