Ringuelet, un barrio en alerta que pide a gritos más seguridad
Edición Impresa | 8 de Enero de 2026 | 04:09
La inseguridad volvió a encender las alarmas en Ringuelet, en la zona comprendida por las calles 516 y 19, donde vecinos denuncian una serie de robos reiterados ocurridos entre septiembre de 2025 y enero de 2026.
Según relatan, se trata de hechos con un patrón claro: ingresos estudiados, utilización de terrenos linderos para escapar, cortes de luz, evasión o robo de cámaras de seguridad y, en algunos casos, la presencia de delincuentes armados.
En ese contexto, pese a las denuncias realizadas y a que la Policía aseguró tener a los responsables identificados, los ataques continúan y ya se extendieron a manzanas vecinas.
De acuerdo con el relevamiento vecinal, en los últimos meses se registraron al menos siete hechos delictivos que afectaron viviendas particulares, talleres y una empresa de la zona.
El primero ocurrió a comienzos de septiembre, cuando delincuentes protagonizaron una entradera durante la madrugada: tras estudiar el lugar, arrancaron un poste de alambrado y movieron macetas para facilitar la huida, llevándose una moto, herramientas y otros objetos, mientras los propietarios dormían dentro de la casa.
Un mes después, en octubre, cuatro personas armadas ingresaron a otra vivienda por un lote lindero, con un quinto cómplice que aguardaba armado en un Audi blanco.
La seguidilla continuó el 26 de noviembre con el robo de herramientas en la empresa Ralitor, y el 18 de diciembre, cuando delincuentes intentaron ingresar a una vivienda durante la madrugada, siendo ahuyentados por la activación de una alarma.
El 29 de diciembre, aprovechando un apagón, se produjo otro robo en una casa de la zona, donde sustrajeron una aspiradora industrial de un taller.
Un día después, en una manzana cercana sobre calle 18, ladrones se llevaron cámaras de seguridad instaladas en el techo, un hecho que incrementó la preocupación por el ataque directo a los sistemas de vigilancia.
La noche del 31 de diciembre y la madrugada del 2 de enero se sumaron nuevos episodios: un robo en una vivienda vecina, donde cortaron la luz y escaparon por la medianera, y el ingreso a un atelier lindero, del que se llevaron herramientas, un horno eléctrico y bebidas.
En este último caso, los vecinos aseguran que los delincuentes evitaron deliberadamente las cámaras del barrio, lo que refuerza la sospecha de que conocen en detalle la zona y sus movimientos.
Tras las reiteradas denuncias, el sábado 6 el comisario de la jurisdicción mantuvo una reunión con los frentistas y aseguró que los responsables estarían identificados.
Si bien los vecinos reconocen la predisposición policial y el diálogo abierto, advierten que los delitos no cesan.
“Dicen que los tienen identificados, pero siguen robando. Esto ya no es un hecho aislado: es una seguidilla con un modo de operar claro y una zona cada vez más grande afectada”, expresaron, al tiempo que reclamaron mayor presencia y medidas concretas para frenar la ola delictiva.
NADA ALCANZA
A este escenario se suma una preocupación creciente entre los vecinos: ninguno de los mecanismos de prevención tradicionales parece resultar eficaz frente al modo de operar de los delincuentes. Alarmas, rejas, cámaras de seguridad e incluso perros ya no representan un obstáculo real para quienes cometen los robos, lo que incrementa la sensación de vulnerabilidad y desprotección en el barrio.
Según relatan los frentistas, las alarmas son neutralizadas o directamente ignoradas. En varios de los hechos denunciados, los delincuentes actuaron con rapidez y precisión, retirándose antes de la llegada policial o aprovechando apagones para reducir su efectividad. En otros casos, las sirenas se activaron, pero no alcanzaron para impedir el robo ni disuadir a los autores.
Las cámaras de seguridad, lejos de ser un elemento disuasivo, también pasaron a convertirse en un blanco directo. En al menos un episodio, los delincuentes sustrajeron los dispositivos instalados en una vivienda vecina, mientras que en otros casos evitaron deliberadamente quedar registrados, lo que evidencia un conocimiento previo del emplazamiento y los ángulos de filmación.
Tampoco las rejas ni los cerramientos perimetrales lograron frenar los ataques. Los ingresos por terrenos linderos, medianeras o fondos de las propiedades se repiten en casi todos los hechos, lo que deja en evidencia la facilidad con la que los delincuentes se mueven entre parcelas contiguas sin ser detectados, incluso en viviendas correctamente cerradas.
Incluso la presencia de perros dejó de ser una garantía de seguridad.
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