Jennifer López: “El amor puede sanar cualquier división”
Edición Impresa | 9 de Enero de 2026 | 02:34
Jennifer López protagoniza “El beso de la mujer araña”, la nueva adaptación de Hollywood de la novela del escritor argentino Manuel Puig, que combina el espíritu del musical clásico con la dureza de la represión política en la Argentina de los años 70.
Estrenada el año pasado en el Festival de Sundance, la película propone una arriesgada fusión entre el glamour de los musicales de Hollywood de la década de 1950 y la crudeza de la prisión y la tortura durante la última dictadura militar. La historia se centra en el vínculo que se construye dentro de una celda entre dos hombres que, en apariencia, no tienen nada en común: Valentín, un preso político, y Molina, un detenido homosexual.
“Trata sobre cómo el amor puede sanar cualquier división. Estas dos personas no podían ser más diferentes, presos en una celda juntos, sin importar su sexualidad, sus creencias políticas, nada”, explicó López en diálogo con la agencia AFP durante la alfombra roja del festival en Utah. Y agregó: “Es exactamente el tipo de historia que necesitamos ver en estos tiempos”.
La dirección está a cargo de Bill Condon, quien retoma aquí la versión musical que Broadway hizo del texto de Puig. Con una carrera que alterna grandes producciones y cine de autor, Condon recordó que ya había pasado por Sundance con “Dioses y monstruos”, filme por el que ganó el Oscar en 1998. “La participación de Jennifer ayudó, sin dudas, a conseguir financiamiento”, reconoció el director, aunque subrayó que su elección fue artística: “Ella era la única persona que podía interpretar este papel. Porque ella es una diva. No tenemos muchas divas en nuestros tiempos”.
En la película, Diego Luna interpreta a Valentín, un militante político idealista y resiliente, sometido a torturas por el régimen militar pero decidido a no delatar a sus compañeros. Tonatiuh encarna a Molina, un preso homosexual que, en secreto, fue enviado a la celda para obtener información. Entre ambos se establece una relación íntima y compleja, atravesada por la desconfianza inicial y una creciente humanidad compartida.
El mundo exterior irrumpe en la celda a través de los relatos de Molina, quien le cuenta a Valentín su musical favorito de Hollywood. Esas escenas se materializan en la pantalla como extensas secuencias retrospectivas protagonizadas por López, en el rol de Ingrid Luna, una glamorosa diva del cine clásico. Así, el musical y la realidad carcelaria comienzan a entrelazarse.
UN PAPEL HECHO A MEDIDA
“Cuando lo leí, pensé: ‘Este papel fue hecho para mí, es el papel para el cual nací’. Y tuve que esperar, pero valió la pena”, confesó López. La actriz y cantante también destacó el desafío de la producción: “Era un reto, como las películas independientes son un reto: poco tiempo, poco dinero”.
“Cuando lo leí, pensé: ‘este papel fue hecho para mí, es el papel para el cual nací”, dijo JLo
La nueva versión de “El beso de la mujer araña” dialoga inevitablemente con su historia previa en el cine y el teatro, pero apuesta a una mirada renovada, en la que la música y el espectáculo conviven con una reflexión profunda sobre el amor, la política y la libertad.
De la novela a la pantalla y a los escenarios
Publicada en 1976, “El beso de la mujer araña” es una de las novelas más emblemáticas del escritor argentino Manuel Puig. Ambientada casi íntegramente en una celda de prisión, la obra aborda temas como la identidad sexual, la militancia política, la represión y el poder transformador de la ficción y el afecto.
La novela tuvo una célebre adaptación cinematográfica en 1985, dirigida por Héctor Babenco, con actuaciones de William Hurt —ganador del Oscar por ese papel—, Raúl Juliá y Sonia Braga. Años más tarde, la historia llegó a Broadway convertida en musical, con música de John Kander y letras de Fred Ebb, y obtuvo múltiples premios Tony.
La versión protagonizada por Jennifer López retoma esa tradición musical y la reinterpreta para el cine contemporáneo, combinando el legado de Puig con una puesta en escena que cruza espectáculo y memoria histórica.
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